ex rector de la UniversidaD de São Paulo/brasil
Sobre el Protocolo de Kyoto y la posibilidad de llegar a un régimen en 2012 (para reducir la emisión de gases contaminantes) adelantamos tres escenarios. El peor de todos es que no haya acuerdo global, tal como ahora, sin el compromiso de Estados Unidos y China por reducir las emisiones de CO2.
Otro menos pesimista es llegar a un acuerdo en la hora 25 del último día, con todos los plazos vencidos, e impidiendo las acciones proactivas que se requieren. El tercero es que, mirando el interés de la humanidad, se llegue a un acuerdo con tiempo para introducir medidas estratégicas y reductoras de emisiones.
En todos estos escenarios, la empresa tendrá un papel decisivo, pues será el sujeto principal de transformación en la construcción de un ciclo de desarrollo más limpio.
El sector privado ha pasado a ser uno de los actores principales del ambientalismo del siglo XXI, donde también están los mercados, gobiernos, científicos y ciudadanos. De hecho ya se percibe una era de creciente responsabilidad social por parte de los emprendedores. De hecho el ambientalismo de hoy en día no funcionaría sin el apoyo de los agentes económicos. Además, adoptando tecnologías limpias, desarrollando sociedades en políticas públicas e invirtiendo en proyectos propios, grandes corporaciones que eran parte del problema se hicieron parte de la solución.
Brasil ha desarrollado tecnologías que representan este nuevo ciclo. Es el mayor practicante de la economía verde del planeta. Combustibles limpios atienden el 44 por ciento de las necesidades energéticas (el promedio global es 13 por ciento) y el etanol brasileño es una revolución tecnológica.
Las dos cosas que caracterizan a una empresa moderna son la responsabilidad social y la innovación, algo que descubrimos en un reciente estudio hecho entre empresas en Brasil. Uno de los puntos que más llaman la atención es el incremento de los profesionales dedicados a actividades de reducción de emisión de gases invernadero.