1408

El género del horror atraviesa una severa etapa de falta de creatividad. El denominado porno-terror para adolescentes, que tiene a Hostal como su símbolo representativo, colma las pantallas de cine y engorda las taquillas de los estudios. Mientras más gráfica es la violencia, mayores las mutilaciones y mejores los cuerpos que se desnudan, hay más […]

El género del horror atraviesa una severa etapa de falta de creatividad. El denominado porno-terror para adolescentes, que tiene a Hostal como su símbolo representativo, colma las pantallas de cine y engorda las taquillas de los estudios. Mientras más gráfica es la violencia, mayores las mutilaciones y mejores los cuerpos que se desnudan, hay más garantía de éxito de la pseudo película de horror de turno.

La película 1408 viene a ser una nota disonante de esta tendencia, que aparentemente ya se está agotando. Basado en un cuento corto de uno de los escritores favoritos del género, Stephen King, la película se centra en Mike Enslin (John Cusack) un desencantado escritor que ha enterrado su talento narrativo para dedicarse a crear productos comerciales que buscan desenmascarar fenómenos paranormales en hoteles y hospedajes.

Pasar la noche en la sangrientamente célebre habitación 1408, del hotel Dolphin, en Nueva York, es rutina para Enslin. El escepticismo y arrogancia con la que asume su trabajo podrán más que las serias advertencias de Gerald Olin (Samuel L. Jackson), gerente del hotel, quien se preocupa por su vida y cordura.

Los 15 minutos de conversación de estos personajes representan el diálogo más entretenido de la película. Ambos actores, de manera ágil y divertida tercian por imponer sus ideas, pese a lo previsible del resultado, el cual es obviamente que Enslin finalmente pasará la noche en la habitación.

Lamentablemente Jackson sale de escena y durante un poco más de 40 minutos Cusack tiene que enfrentar sólo, a suerte de monólogo, las “presiones” psicológicas impuestas por el espectral cuarto del hotel.

Ofreciendo una de sus actuaciones más convincentes, el actor asume con éxito el reto de luchar sólo contra sus demonios internos, la agonía del encierro, visiones fantasmales, la desesperación de no ser escuchado e incluso el duro golpe de ser convencido de que estaba equivocado.

La sólida actuación de Cusack no es compensado por el guión, y más en la segunda hora de la película. En una confusa secuencia de escenas se pierde por momentos el sentido de la película y se rompe la trama y el suspenso, para acomodar las cosas en un final convencional. Es como un “shock narrativo” que no logra encajar bien y que termina dejando el desencantado sabor de un producto que comenzó bien y se desinfló totalmente al final, por criterios comerciales.

Espectáculo

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí