- EE.UU. y británicos apoyan con bombardeos a tropas de Gobierno iraquí en batallas
El principal líder de las milicias opositoras en Irak, el clérigo radical chiíta Moqtada al-Sadr, rechazó el sábado el ultimátum gubernamental para que entregara las armas, mientras la ofensiva contra su grupo en Basora (sur de Irak) escaló con la participación de las fuerzas estadounidenses y británicas.
Al mismo tiempo, la televisión gubernamental informó que el toque de queda impuesto en la capital, Bagdad, hace dos días fue ampliado hasta nuevo aviso y la Embajada de Estados Unidos intensificó las medidas de seguridad para su personal.
En la noche del sábado se escucharon tiroteos y explosiones en el barrio capitalino de Ciudad Sadr, el bastión del Ejército del Mahdi que es la milicia del clérigo al-Sadr. También se reportaron bombardeos, tiroteos y otros incidentes violentos en Karbala, Hillah, Diwaniyah, Nasiriyah, Kut y otras ciudades del sur.
Cazas de Estados Unidos lanzaron una ofensiva contra posiciones de extremistas chiítas en la ciudad sureña de Basora. Uno de los aviones atacó una casa donde mató a ocho civiles, incluyendo dos mujeres y un niño, dijo la policía iraquí el sábado.
El primer ministro Nouri al-Maliki admitió que su gobierno había cometido un error al no prever la fuerte respuesta que su ofensiva iniciada el martes, provocó en áreas de Bagdad y otras ciudades donde las milicias chiítas tienen poder.
Estos combates se propagaron el sábado a la ciudad santa de Kerbala (centro-sur) y desde su inicio han causado al menos 260 muertos y cientos de heridos, según un cálculo de la AFP.
Pese a la crisis, al-Maliki, que es chiíta, prometió continuar la campaña en Basora hasta que las fuerzas gubernamentales arrebaten el control de la ciudad a las milicias, incluido el Ejército del Mahdi. El primer ministro dijo que los combates en Basora son “una batalla decisiva y final”.
Consideró asimismo que aquéllos que combaten al Ejército son “peores” que los extremistas de Al Qaeda, la nebulosa terrorista que ha echado raíces en Irak desde la invasión estadounidense de marzo de 2003.
Tropas terrestres británicas, que controlaron la ciudad hasta que la entregaron a las autoridades iraquíes en diciembre, se sumaron también a la batalla en Basora, con el disparo de artillería el sábado por primera vez en apoyo a los soldados iraquíes.
Las autoridades iraquíes dieron a los extremistas de Basora hasta el 8 de abril para que entreguen las armas pesadas y medianas, luego que un plazo inicial de 72 horas fue ignorado.
Pero al-Sadr llamó a sus seguidores a desobedecer la orden y dijo que el Ejército del Mahdi entregaría sus armas solamente a un Gobierno que “pueda sacar al ocupante de Irak”, en referencia a las fuerzas estadounidenses.
El exhorto de al-Sadr fue anunciado por Haidar al-Jabiri, miembro de la influyente comisión política del movimiento sadrista.
Un grupo de policías en Ciudad Sadr abandonaron sus puestos y entregaron sus armas a la oficina local de al-Sadr. En la zona existe la noción de que las fuerzas policiales en Bagdad están muy influenciadas e infiltradas por las milicias del Ejército del Mahdi.
Al-Sadr, en una entrevista el sábado con la televisora Al Jazeera, dijo que el Ejército del Mahdi puede “liberar Irak” y que el Gobierno de al-Maliki está tan “alejado” del pueblo iraquí como el régimen de Saddam Hussein.
Sobre las nuevas medidas de seguridad, la televisora gubernamental dijo que el toque de queda impuesto hace dos días en la capital y que debía expirar el domingo fue extendido por tiempo indefinido.
Siguiendo las instrucciones del Departamento de Estado, la embajada estadounidense fortaleció las medidas de seguridad. Ordenó a su personal que utilice vehículos blindados para todos los recorridos dentro de la Zona Verde y que duerma en edificios reforzados hasta nuevo aviso.