- A través de una respetable carrera, que incluyó constantes incursiones en la Selección Nacional, Apolinar Cruz fue un jugador con nombre propio en el beisbol nicaragüense, pero también impactó por la sencillez con que cubrió su paso por los engramados pinoleros
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El primer juguete de Apolinar Cruz fue el beisbol. Después de ir a la escuelita del valle por la mañana, recoger leña o ayudar en las labores agrícolas a su padre por la tarde, ir a jugar con una bola de hule y un improvisado bate de madera, le bastaba para sentirse feliz.
“En esa época no había juguetes, mi hermano. El beisbol era lo único que teníamos para entretenernos, pero la pasábamos bien”, dice “Polín”, con una leve sonrisa en su rostro, surcado por algunas arrugas y enrojecido por el ardiente sol que ha recibido desde sus días de niño.
Cruz es ahora entrenador del equipo de beisbol Mayor “A” de Condega, pero justo como cuando acaparaba titulares en los periódicos, espacios en las radios y minutos en la televisión debido a su notable rendimiento, también ahora trata de pasar inadvertido.
“A mí me criaron de una forma sencilla. No soy de los que anda por cada esquina diciendo que yo hice esto o aquello. Y quienes me conocen saben que no he cambiado, que sigo siendo el mismo ‘Polín’ de siempre”, agrega, mientras sus pupilos condeganos escuchan con atención.
Y es cierto. Desde su tímido inicio en la Primera División con el Estelí en los setenta, a su arrollador paso por el Cinco Estrellas a finales de esa década, y su gran impacto con los Industriales, y luego el Bóer en los ochenta, vimos siempre al mismo “Polín”.
“Quizá mi manera de ser es lo que hace que la gente me tenga afecto. Por donde vaya en estos pueblitos la gente me demuestra su cariño, y lo mismo pasa en Managua o donde vaya. Eso es algo que yo se lo agradezco a Dios”, señala Cruz con mucho orgullo.
Para muchos, el día que la humildad se personifique, “Polín” podría encarnarla. Siempre fue responsable como jugador, amable con el periodismo y muy querido por los aficionados. Los únicos que llegaron a “odiarlo” fueron los lanzadores contrarios.
A través de una carrera que se prolongó por más de 20 años, Cruz se hizo de un nombre propio en el beisbol nacional. Disparó más de mil hits, más de 150 jonrones, atrapó lideratos de liga en remolques y cuadrangulares, y hasta se destacó en la Selección Nacional por diversos países del mundo.
EL ORGULLO DE PALACAGÜINA
¿Qué recordás de tu infancia?
El beisbol. Ese era mi juguete. Recuerdo que después de la jornada de trabajo o de ir a la escuela, nos íbamos a jugar con una bola de hule y un garrote como bate. Jugábamos en cualquier patio ahí en el valle El Riíto, Palacagüina, donde nací. En aquella época no había juguetes para los niños ni en Navidad. Ahora es distinto todo ese asunto.
¿Trabajabas desde muy niño?
Vos sabés que cuando uno viene de una familia pobre, tiene que tratar de ayudar desde muy chavalo a la economía familiar. Después de la escuela, íbamos a buscar la leña o nos tocaba llamar los bueyes en los arados con mi papá, quien se dedicaba a la agricultura.
¿Y siempre quisiste ser pelotero?
Al principio pensé que iba a ser un profesional, pero la insistencia de mi tío Balbino Cruz hizo que me decidiera por el beisbol. Vos sabés que mi tío tiene 86 años y todavía anda con chavalos ahí en el beisbol. Y yo le agradezco, porque disfruté ser jugador de beisbol. Esa fue la gracia que Dios me dio.
Además de don Balbino, ¿quiénes otros te ayudaron en el beisbol?
Después de estudiar la primaria en Palacagüina, pasé a estudiar la secundaria al Instituto de Condega, y antes de bachillerarme me becaron en Estelí. Estando en Estelí, me llevaron al equipo de beisbol, pero era banca, no me pusieron a jugar.
Y al Cinco Estrellas, ¿cómo llegás?
Al no jugar en Estelí, me vine a Somoto y ahí me vio un coronel de la Guardia Nacional que se llamaba Lee Wong, quien me llevó al Cinco Estrellas y comencé a rendir. Ahí me quedé hasta 1979, cuando la guerra acabó con la temporada.
¿Ese estaba siendo tu gran año?
Sí, al momento que paran la liga, yo llevaba 19 jonrones y había empujado más de 60 carreras (66) con el Cinco Estrellas. Después de la guerra, pasé a los Industriales y ahí tuve también un desempeño bueno.
¿Cuál época disfrutaste más?
Creo que todas fueron importantes en mi carrera, aunque jugar con el Bóer fue algo bonito por su gran fanaticada, pero la gente siempre me tenía mucho cariño sin importar dónde jugara.
¿Y cuál definís como tu mejor momento en el beisbol?
El haber estado en la Selección Nacional cuando se ganó la medalla de plata en los Panamericanos de Caracas, Venezuela, en 1983. Eso lo recuerdo con mucho cariño. Hice varias veces la Selección, pero ese viaje a Caracas fue algo especial.
¿Y cómo queda tu jonrón en el Dodgers Stadium?
Ese jonrón lo mencionan bastante, pero si te fijás bien ese fue un batazo que no nos ayudó mucho como equipo, además, ahí (en Los Ángeles 1984) andábamos jugando en un torneo de exhibición, mientras que en Caracas era un evento oficial. Pero claro, también me llena de orgullo ese batazo.
Ir a la Selección, ¿era algo especial?
Al menos para mí fue lo mejor que me pasó. Era lo máximo. No sólo porque conocés muchos países, sino porque andás representando al país. Ese es un honor. Yo veo que eso ha cambiado un poco ahora, pero cada quien tiene su forma de ser. Pero en el caso mío, la Selección fue lo mejor que me pasó.
¿Ha cambiado mucho el beisbol?
Yo lo veo lo mismo, es decir, el mismo trajín, sobre todo con los jugadores del campo, que trabajan toda la semana y juegan el fin de semana, entonces, cuesta que salgan valores porque les falta entrenamiento, pero talento hay.
Vos así surgiste también, ¿no?
Asimismo. Después de trabajar, a jugar “perreras”, y luego, a la Mayor “A” en los fines de semana.
¿Desde chavalo eras buen jugador?
Yo destaqué por las condiciones que tenía, pero uno sale del campo bruto, es decir, sin técnica. Pero como me gustaba mucho el beisbol traté de aprender y logré mantenerme mis años jugando.
Además de vos, ¿qué otros jugadores salieron de la cantera de tu tío Balbino?
Hay varios, pero ahorita recuerdo a Bayardo Ramírez y a Aquilino Pérez, quienes jugaron con el Estelí en los años ochenta. Mi tío Balbino ha sacado a muchísimos jugadores y ahí sigue. Nosotros le decimos que descanse, pero él es terco. Creo que seguirá ayudando a los niños hasta su último día.
A tus alumnos, ¿no les comentás lo que hiciste como jugador?
No. Eso no lo hago con nadie. Si alguien me recuerda lo que hice y me reconoce, se lo agradezco, pero que yo lo haga sería jactarme y no fue así como me educaron en la casa. Me gusta hablar lo necesario.
Además de entrenar en Condega, ¿qué otras actividades tenés?
Entreno chavalos de mi pueblo y en el circuito que estamos del beisbol juvenil, vamos bien. Tenemos la meta de representar nuestra región en el Nacional. Vamos a ver si lo podemos lograr. También juego softbol en Estelí, Ocotal y Managua. Por cierto, estamos en la final con el equipo Minsa en Ocotal.
¿Te gustó ser jugador de beisbol?
Claro que sí, como te dije, jugar fue la gracia que Dios me dio. Y si volviera a nacer, volvería a jugar. Fue muy bonito, pero no vivo de los recuerdos. Más bien uno tiene que tratar de ver hacia adelante, ver qué se hace por la vida, y eso es lo que trato de hacer yo ahora mismo.
Apolinar nació un 8 de enero de 1953. Sus padres Carmen Cruz y Carmela Matute ya están fallecidos, pero sin duda deben haber sentido mucho orgullo por el hijo, que además de tener la habilidad para batear pelotas, también se comportó con humildad y llenó de orgullo a toda la región norte del país.
A sus 55 años, Apolinar Cruz tiene muchas razones para sentirse orgulloso. Una de ellas es haber culminado una notable carrera como pelotero, en cuyo historial hay 1,297 juegos, 1,202 hits, incluyendo 156 jonrones en 4,223 turnos para .283 de promedio.
En 1979 conectó 19 jonrones y fue el primer bateador de 20 cuadrangulares en los Pomares, en 1988. Lideró la liga en remolques en 1979 con 66, y en 1983, con 63. El 18 de marzo de 1979, le metió tres jonrones a los Búfalos en el mismo juego.
Sin embargo lo que hace que sus ojos se le iluminen es hablar de su familia, especialmente de sus 12 hijos, 8 de los cuales ya son profesionales.
“Cuando uno está joven, no mide, y se le va la mano (con los hijos), pero antes era más sano eso de las mujeres”, explica Apolinar.
“Polín” tiene una forma muy peculiar para explicar el asunto de las compañeras que ha tenido en su vida y cómo el total de sus hijos se incrementó. “La primera compañera que tuve se me fue. A la segunda no le gustó venirse a vivir a mi pueblo (Palacagüina), así que me busqué una de aquí para no tener más problemas, pero cada una ya tenía sus varios hijos”, indica Cruz.
Quizá lo más importante es que entre esos 12 hijos hay médicos, odontólogas, contadores públicos, ingenieros en sistemas, una becada en Alemania, lo mismo un bachiller, un estudiante de cuarto año y el menor en tercer grado. “También tengo un hijo que es policía de los antimotines (Brigada Especial) y una hija que trabaja en la Aduana. Siento orgullo porque aunque con un granito de arena contribuí para que hoy tengan sus carreras y sepan defenderse”, afirma.