¿El divorcio a quién afecta más?

Los hijos simpre son los más afectados durante las tres etapas de la separación de sus padres Los sicólogos reconocen tres etapas importantes que las familias sufren (mamá, papá, hijos e hijas), cuando se toma la decisión de la no continuidad de la pareja, cualquiera sea el motivo o hecho que condujo a tan desagradable […]

Los hijos simpre son los más afectados durante las tres etapas de la separación de sus padres

Los sicólogos reconocen tres etapas importantes que las familias sufren (mamá, papá, hijos e hijas), cuando se toma la decisión de la no continuidad de la pareja, cualquiera sea el motivo o hecho que condujo a tan desagradable momento. ¿Primera etapa? La crisis, durando hasta tres meses; ¿Segunda? La etapa de la reorganización, que dura hasta dos años después del divorcio; y ¿tercera? La etapa del ajuste, de dos a cinco años.

¿Cuándo se ven afectados los hijos, en qué etapa? Los niños en la primera etapa, de crisis, no son generalmente tan emocionalmente reactivos como sus padres que están a una separación o a un divorcio inminente. De ser ellos muy jóvenes, posiblemente no entiendan todo lo que el divorcio pueda repercutir en los mismos, siendo un concepto bastante abstracto, lo cual no significa que sea la conducta de todos, ya que puede ocasionar trastornos emocionales, ¿por qué pelean tanto, por qué no se hablan?

En la etapa de la reorganización (segunda etapa) que comienza generalmente tres meses después de la separación inicial, debe caracterizarse por un período de “vuelta a la normalidad” para niños, adolescentes y padres separados. En este momento los “chigüines” de la casa se ajustan a los cambios explorando sus propias sensaciones y conflictos sobre qué ha sucedido. En este período los padres y madres suelen cometer errores, tales como: confían en sus hijos e hijas los detalles de sus problemas en el trabajo, como si ese niño fuera otro adulto; otro error es cuando los usan como aliados contra el ex esposo o ex esposa, tratando de indagar qué ha sucedido en la casa, tras la separación.

La etapa del ajuste (tercera etapa) se caracteriza por un período de calma, donde la posible hostilidad disminuye, aunque la mayoría de los padres y de los niños divulgan que nunca sienten exactamente igual después de un divorcio, ya que en algunos casos perdura la amargura y el resentimiento. A lo anterior se suma que si el divorcio ha resultado difícil, en el sentido de discusiones abiertas, falta de respeto entre las parejas (en algunos casos llegando a lo incorrecto de la agresión) donde los hijos e hijas aprecian, perciben, sienten que lo que una vez fue ejemplo de amor, cariño y pasión se echa por “la borda”, para ellos el efecto de daño posiblemente sea inolvidable, tal es así que cuando usted conversa con jóvenes de padres divorciados, su respuesta es casi siempre: “… es que soy hijo de padres divorciados…”, evidenciado en su rostro, una mezcla de dolor, posible odio al culpable o causante de la separación, en fin algo difícil de borrar.

Si por el contrario ha existido madurez por parte de la pareja, en analizar las causas de la no continuidad de la relación, que la separación se lleva a cabo con cordura, ecuanimidad, sosiego, buscando espacios donde delimitar las desavenencias (cero pleito, cero gritos, cero agresión) para una relación donde no haya solución definitiva, los más pequeños posiblemente acepten con mayor entendimiento, considerándolo como una posible equivocación entre papá y mamá, y que aunque sea “a distancia” cada vez que se encuentren, se reúnan, seguirán siendo papá y mamá.

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