La herida en el sol

En su colección Poemas y Ensayos, la Universidad Nacional Autónoma de México publicó la antología La Herida en el Sol: Poesía Contemporánea Centroamericana, 1957-2007, con selección, prólogo y notas del nicaragüense Edwin Yllescas Salinas. Dicha antología incluye una muestra poética de 54 autores de los cinco países que integran el área (Costa Rica, El Salvador, […]

  • En su colección Poemas y Ensayos, la Universidad Nacional Autónoma de México publicó la antología La Herida en el Sol: Poesía Contemporánea Centroamericana, 1957-2007, con selección, prólogo y notas del nicaragüense Edwin Yllescas Salinas. Dicha antología incluye una muestra poética de 54 autores de los cinco países que integran el área (Costa Rica, El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua)

1. Quiero dar las gracias al poeta Marco Antonio Campos, director de la colección Ensayo y Poesía de la Universidad Nacional Autónoma de México por haberle otorgado a esta eminencia del anonimato, la oportunidad de realizar esta compilación de poesía centroamericana contemporánea, tanto como a Francisco de Asís Fernández, por haberme propuesto para semejante tarea. A nadie debe extrañar la idea de Marco Antonio. México es el hermano mayor de Centroamérica. Nunca se lo he preguntado, pero entiendo que él piensa igual. Tampoco a nadie debe extrañar que la UNAM haya abierto las puertas a la iniciativa. La UNAM es la universidad mayor de Centroamérica. Sí, a todos debe extrañar que Francisco haya propuesto mi nombre. En Centroamérica hay cualquier cantidad de muchachos y muchachas capaces, sin lugar a duda, de realizar un trabajo más profundo, amplio y convincente que el aquí reunido. La idea de esta antología me alucinó durante el tiempo de trabajo. Concluido el encargo, simplemente, me abrumó, me apachurró. Comprendí que me había metido en cosas ajenas a un escribano de poemas y cuenteretes, por demás, flojos a más no poder.

2. Ya se sabe, por definición, una recopilación de poesía para un período determinado siempre es una labor incompleta. Nunca están todos los que deberían estar. Las antologías o compendios ¿palabra menos pretenciosa? se parecen a las biografías. Hay que meter ochenta, noventa años de vida en trescientas páginas. Antólogo y biógrafo deben escoger; y en la escogencia está la perversión del texto. Esta es una idea borgeseana que aquí quiero llevar a sus últimas consecuencias. Siempre me ha parecido extraño e inexplicable que los expertos reduzcan la mónada del cristianismo a los veintisiete libros del Nuevo Testamento. Lo digo porque ello me da una excusa o un símil para explicar por qué la poesía contemporánea centroamericana aparece aquí reducida a 530 páginas. No hay ningún todo comprendido en su parte. Pero esta antología no se propone mostrar un todo sino una parte, más o menos representativa del todo, si eso es posible. Los que vivimos en la jaula de oro de Centroamérica, normalmente, nos tenemos que conformar con la lecturas de antologías de poesía. Muy difícil se logra el acceso a la obra completa de un poeta hispanoamericano, ya no digamos español, italiano, francés o alemán. En esa lectura (de conformarse con algo) siempre me ha llamado la atención los famosos “criterios de esta edición”. Me parecen el epítome de la frase circunspecta, casi funeral. Me llaman la atención y también me dan risa. Se trata de cuatro pregustos, o prejuicios del antólogo o recopilador. En este trabajo los dejé de lado casi por completo, al menos, los más sofisticados y estrambóticos. No quise infectar al lector. Los poetas y los poemas comprendidos en esta recopilación son, respectivamente, algunos de los nacidos entre finales del 1930 y principios de los años 60 con obra publicada entre los 50 y los 90. Es pues, como dice el ciútico, una recopilación de fin de siglo. Queda para otros y otras, la labor de empalmar antológicamente, el fin del Segundo Milenio con el inicio o los primeros cuarenta años del Tercer Milenio. Fuera de esa bisutería, no hay ningún otro criterio editorial, más que el prefijado a la recopilación por sus editores: el número de páginas. Debo decir que me excedí en más de doscientas y que la UNAM, generosamente, aceptó el exceso. Por consiguiente, el lector no encontrará aquí explicaciones sobre las periodizaciones históricas, la multiplicidad de corrientes literarias, o su correlación (hoy muy en boga) con los fenómenos socio-económicos de cada país, o del área en general. De hecho, tal labor está reservada a los manuales sintéticos de la literatura, esos asuntos que en cualquier parte del mundo llaman Panorama Social de la literatura. Además, una recopilación de poemas no es un catalogo de poesías y circunstancias socio-económicas o histórico-políticas adyacentes. Materias que, al fin y al cabo, no explican íntegramente la formación social o histórica de una nación, muchos menos, la poesía, fenómeno adicto a la lectura y opugnador de la explicación según los paradigmas de la interpretación social del desarrollo económico. Situación que en este caso se agrava, ya que la historia de cada unos de los países centroamericanos, aparentemente similar, es profundamente distinta en su desarrollo. 1821 y otras fechas emblemáticas de las Provincias Unidas de Centroamérica, sólo constituyen una metáfora de lo múltiple y multiforme. La inserción de las repúblicas cafetaleras o bananeras o algodoneras en la economía mundial tampoco dicen mucho; no dicen nada ni poco sobre las calidades de la poesía centroamericana.

3. Se ha dicho que la poesía centroamericana es la única literatura hispanoamericana que presenta, al menos, una obra maestra para cada uno de sus épocas históricas: “el Popol-Vuh, Los Cantares de Dzitbalché y el Chilam Balam en la época prehispánica; las Crónicas de Bernal Díaz del Castillo durante la Colonia; la Rusticatio Mexicana, de Rafael Landívar, en la etapa virreinal y el genio de Rubén Darío en la época independiente”. La citada expresión de José Coronel Urtecho, tan recurrida que no amerita una nota al pie, es vaga y humilde en su parte final. Rubén murió en 1916, hace noventa y dos años. Y estos noventa y dos años, en alguna manera y con diferente intensidad, han repetido el “fenómeno dariano”. La poesía centroamericana de estos últimos noventa y dos años, en su conjunto, es tan rica y tan importante como la de Rubén. El efecto esencial de Darío: descubrir una nueva sensibilidad y una nueva expresión, se ve ahora reproducido en lo que llaman la época postdariana. Rubén le cambió el modo de andar a la poesía castellana e hispanoamericana anterior a 1916. La poesía centroamericana posterior a esa época, dejando a salvo los derechos mexicanos, peruanos, chilenos, argentinos y cubanos, en alguna medida le ha cambiado el modo de sonreír a la poesía castellana e hispanoamericana. Luis Cardoza y Aragón, Carlos Yllescas, Salomón de la Selva (el primer poeta vanguardista de Hispanoamérica como reza el más común de los afiches literarios), Pablo Antonio Cuadra, José Coronel Urtecho, Carlos Martínez Rivas, Ernesto Cardenal, Fernando Silva, Guillermo Rothschuh, Luis Alberto Cabrales sólo por mencionar algunos (ruptura y tradición) profundizaron la brecha dariana. Ahora (otra vez, ruptura y tradición) los nuevos aires, el tercer aire de la poesía centroamericana (coincidente con los inicios del Tercer Milenio) está en las manos y en los poemas de los poetas y las poetas que integran esta antología. Esta recopilación en muchas formas es un examen y una perspectiva tanto individual como nacional.

4. Esperanza y convicción (pienso en la poesía hecha con la certidumbre propia al desenfado de quien descubre su propio mundo) creo que algunos de los poetas integrantes de esta antología, o un conjunto de ellos, dirán la palabra que sigue a continuación de Modernismo, Vanguardia, post Vanguardia o Neo Vanguardia (como otros prefieren decir). No es necesario crear una nueva escuela, acuñar un nuevo marbete. Basta con que los nuevos poemas (adoren, o retuerzan los cuellos de los viejos cisnes) den testimonio de los amplios, múltiples y heterogéneos árboles comunes a su origen. Desde el umbral nos otorgarán lo suyo. Nadie está proponiendo un nuevo Darío, un nuevo Cardoza, un nuevo Pablo Antonio. Simplemente, se trata que la máxima calidad en cada poeta, enriquezca la poesía centroamericana, parte fundamental de la poesía en lengua castellana, tanto como lo es la chilena, la peruana, la argentina, o la cubana para ampliar y sostener el cauce de la poesía castellana.

5. Octavio Paz que tantas y santísimas cosas sabía ha advertido que no hay poesía mexicana ni colombiana ni venezolana. Sólo existe la poesía hispanoamericana escrita en cada uno de los países de la América Hispana. Con todo y osadía quiero agregar a esa verdad, otra que, según entiendo, no es un dislate: sólo existe la poesía escrita en castellano. La escrita “del lado de allᔠy la escrita “del lado de acá”. Los referentes de los poemas incluidos en esta recopilación trascienden pues (vuelve el ciútico) la marginalia de este lado y de aquel lado. Nos abren a los otros lados; a lo universal. La poesía latinoamericana vive en la suma y multiplicación de ese lado. Los suma, y sólo allí adquiere su verdadero sentido. Cuando todavía algunos críticos “criollazos como el destino” comienzan a parlotear o siguen hablando del proceso de “descolonización” de la poesía latinoamericana, no se advierte que la única descolonización efectiva de Latinoamérica es la poesía. Incluso, la existencia de obras de valor universal o simplemente obras universales mencionadas al principio de estás notas, demuestran que en literatura, nunca hubo Colonia, a no ser en los más espurios escritores del Continente. En mi época de aprendiz de versero, o poemero, o poemista, ni aún ahora, cuando soy el mismo aprendiz con menos dedicación, menos entendimiento poético, pero más viejo, he visto (salvo raros casos de patología literaria) a los miembros de mi generación o de las generaciones anteriores o posteriores, volviendo los ojos hacia las generaciones españolas que arrancan con la del 27, aunque todos o casi todos anden munidos con su Quevedo, su Lope y su Góngora y otras bellezas del Siglo de Oro. Como americanos, decía don Leopoldo Zea (cito de memoria, o con lo que pueda quedarme de memoria), nuestra única fuente es la fuente universal. O, sea la poesía latinoamericana escrita en Centroamérica es parte de la poesía universal y se nutre de la poesía universal. Todo ese proceso es visible en las páginas de esta recopilación. La afirmación revela que la poesía latinoamericana dejó, hace tiempo, de ser surco colonial para convertirse en simiente de vigores universales. Cosa que no se puede decir al revés, salvo en contados casos, cuya suma siempre será menor. Vallejos, Neruda, Huidobro, Paz, Mutis, Sabines, Cardoza, Pablo Antonio, Coronel, Martínez Rivas, Pasos, Cardenal, Silva, Rothschuh, Cabrales, Gerbasi, Parra, Borges, Eliseo Diego, Lezama, Vitier, por sólo mencionar algunos, son galeones de este lado navegando “del lado de más allá”. En el lado de la mar universal de la poesía.

6. Pocas veces los poetas centroamericanos tienen la oportunidad de sentarse de igual a igual junto a un hermano mayor de la poesía mexicana. No todos los días hay charla de acera con Marco Antonio Campos. No todos los días tenemos a nuestro lado un oído que entienda los que el verso dice, y más lo que acalla. En mi condición personal siento la obligación de señalar algunas rutas que ayuden a consolidar lo que la publicación de la antología representa. A la par del comercio bilateral México-Centroamérica, o de la suerte socio-económica que les deparen los famosos TLC, México debe promover en Centroamérica (y en parte ya lo ha hecho en Guatemala con el auspicio del premio Luis Cardoza y Aragón) una labor cultural digna del hermano mayor. Centroamérica desea y debe tener acceso a la pintura mexicana, a escuchar sus grandes orquestas sinfónicas, a las joyas del museo de antropología. Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua necesitan asomarse a sus textos precolombinos en ediciones hechas por verdaderos conocedores de las lenguas náhuatl y maya. No menos, necesitamos jóvenes formados en el estudio serio y profundo de nuestras antiguas lenguas. No sé si en el resto de países centroamericanos existen pero en Nicaragua (que yo sepa) no hay un solo joven formado en el Instituto Mexicano de Lenguas Precolombinas. Necesitamos que nuestros jóvenes poetas, pintores, compositores y escultores vivan la experiencia mexicana. Las puertas del Colegio de México, la UNAM, la Escuela de la Sociedad General de Escritores de México, y demás casas de estudio deben abrirse en condiciones privilegiadas para todos los centroamericanos que, cumpliendo los requisitos de ley, deseen sentarse en sus aulas de sabiduría. Para los centroamericanos, México debe ser algo más que el puente para cruzar el Río Bravo. El Usumacinta debe ser el puente para acceder a los tesoros de la cultura mexicana precolombina, antigua, moderna y contemporánea. Para todas estas cosas necesitamos un hermano mayor, un representante, un plenipontenciario cultural de Centroamérica en México, o de México en Centroamérica. Creo que lo tenemos en el autor de Viernes en Jerusalén.

7. No se me escapa: nuestro poeta, narrador, ensayista, traductor, está al margen de los cargos oficiales de su país, precisamente por ello me atrevo a decir: él es, el emisario de la cultura mexicana en Centroamérica. Sus afanes, diligencias desvelos para que esta antología se imprimiera en tiempo y forma, incluso, para que llegara a Nicaragua antes que concluya este festival, su energía desencadenada para que se celebren los encuentros de Poetas del Mundo Latino, lo acreditan como tal emisario. Espero que su esfuerzo extraoficial para concretar los esbozos aquí apenas nombrados, lo confirmen como tal. Al fin, sólo estaría desplazándose entre el Altiplano y la última frontera de los antiguos mexicanos.

8. Debo advertir que no trabajo para ningún gobierno ni empresa. A duras penas trabajo, pero valgan los comerciales para la cultura mexicana y para su emisario. Es necesario decir estas cosas ahora que el único “boom” de Nicaragua es su poesía. Si la poesía nicaragüense convocando a la poesía mundial no es suficiente prueba de ello, habrá que borrar la palabra prueba en todos los diccionarios del mundo.

La Prensa Literaria

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