Sweeney Todd

Cantando la venganza es más sangrienta Olviden todos los musicales que hayan visto. Olviden Disney, Chicago o Vaselina. Este es el musical más triste, sombrío y sangriento que podrán presenciar, y precisamente por eso, es de los mejores que han sido adaptados para las pantallas de cine. Los cuerpos caen sin misericordia en un hoyo, […]

Cantando la venganza es más sangrienta

Olviden todos los musicales que hayan visto. Olviden Disney, Chicago o Vaselina. Este es el musical más triste, sombrío y sangriento que podrán presenciar, y precisamente por eso, es de los mejores que han sido adaptados para las pantallas de cine.

Los cuerpos caen sin misericordia en un hoyo, desde el sillón de barbería más terrorífico que se haya visto. No hay ninguna seña de remordimiento en la cara del barbero Benjamín Baker/Sweeney Todd (Johnny Deep). Toda la sangre necesaria será derramada hasta que finalmente logre poner su navaja en el cuello de su objetivo, el juez Turpin (Alan Rickman), quien lo condenó a 15 años de prisión sólo para quitarle a su esposa e hija.

El director de este musical es Tim Burton, quien no es de los favoritos de la Academia de Ciencias Cinematográficas, debido al tono lúgubre de sus cintas. El Londres de mediados del siglo XIX es gótico, oscuro, como el alma del barbero sediento de venganza. Pero, los fugaces recuerdos de Todd junto a su familia, antes de su injusta aprehensión, brillan con fuerza, en completo contraste con el resto de la película.

Johnny Deep vuelve a demostrar en esta película ser el actor más versátil en la actualidad. La Academia en su persistente afán de deslegitimar la comedia como un género de actuación digno de reconocer, lo marginó cuando fue nominado por su interpretación del capitán Jack Sparrow en los Piratas del Caribe.

Esta vez, con la misma fuerza con que brota la sangre de las yugulares que rebana, Deep vuelve a la carrera por el Oscar. No hay lugar para las risas, como con el afeminado y pícaro Jack. Esta vez, él es el villano. Su copete blanco viene a ser el toque perfecto para plasmar lo siniestro como rostro. Para complicar más al actor, tiene que cantar. Ya sea canciones tristes, vengativas o con humor negro, todas son entonadas con verdadero profesionalismo, mientras “afeita” a sus infortunados clientes o baila junto a la cómplice perfecta, la pastelera Lovett (Helena Bonham Carter). El dueto cumbre de estos personajes es cuando deciden escoger como sus víctimas a la élite de la sociedad londinense. “Por un momento, los de arriba darán de comer a los de abajo”, cantan, una leve y antagónica referencia a la realidad social del mundo en que vivimos. Y literalmente fue así.

Espectáculo

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí