A Marta Leonor González
Como una visión serena y transparente
regresan a mí los recuerdos.
Fui yo generoso con todo lo mío,
sin preguntar en qué aguas nadar,
cuántas veces caer en brazos desconocidos,
tratando inútilmente de comprender
a los que viven al otro lado de la vida.
Y lloraba, lloraba y lloraba
como si quisiera despertar a los muertos
y me digan qué hay más allá
para abrigarme con la luz de sus alas.
Al llegar la palidez de la tarde,
ahí creí en el sufrimiento universal
y el silencio incurable.
Sentí esa grata necesidad de estar solo
conmigo mismo, buscando, preguntando
por qué mañana será más escaso un vaso
de agua, que un río de sangre,
y ese despertar diferente desde el momento
que amas a un ser humano,
aunque haya sido infiel.