A Beltrán Morales
Esto es una arboleda,
¿No ves cuántos árboles se divisan?
B. M.
¡Es el manicomio
suena de locos..!
La tarde es como una de esas tardes
fabricadas
por un pavimento brillante,
con ganas de burlarse
y de reírse y de orinarse.
Como tarde de Solsticio de Verano,
nunca acaba.
Se mantiene sonriendo
hasta que:
Calavera te pelo los dientes:
A-rruinado.
Te quiero enseñar
todos los mameyes que guindan:
¡A ver si podés cortar,
las frutas más altas!
Subite o bajate, no importa,
pero siempre sonriendo.
Pelá los dientes siempre
siempre
y ni que te babiés,
Babeate todo
y ni que llorés.
Aquí es un invernadero de carne,
toda carne con ojos;
se ven vistas, parábolas,
circuitos, conejos, recetas médicas, hormigas,
pero,
nada de esto existe.
¿Me creíste?
Se dilata toda la tarde inacabable.
Brillan chispas como flores solas de cortés:
¡Encendidos!
Aquí es el incendio.
¿Dónde se habrán perdido los bomberos?
Tal vez no lo saben
¡Pero lo saben!
Aquí estamos, ante el juicio perenne
y sardónico de la malla metálica.
Se abraza obsesiva e insegura de ella misma.
Se sostiene por los tubos, postes, el cemento.
No he oído la vomitada.
¿Será temprano? El tiempo, es el tiempo.
¿Tendrá valor? Es de tarde y yo lo sé.
Tal vez a fuera no lo saben
porque van echándose en sus carros.
Hace calor y frío.
Pueden darse los coyoles y nancites,
¡Caramelos, caramelos! ¿Te dan ganas!
Asomate, pero no por la rendija de tu ojo,
Caminá, tres pasos solamente ¡Ajá!
Pero pasá el portón y la malla,
¡pero estás adentro! ¡A dónde vas a entrar!
Además, ¡ya es tarde y va a oscurecer!
Viernes 9 de febrero, 1979.