- Emilio Zambrana presenta su poemario junto a Barberena De la Rocha, el próximo miércoles, a las 7:30 p.m.
El recién fallecido poeta, escritor, ensayista y crítico de arte, Álvaro Urtecho, en su prólogo sobre el poemario de Emilio Zambrana, Crepúsculo y Precipicio, sostiene que este Bardo Homérico, es un poeta de lento discurrir, obcecado en la persecución de una serie de imágenes que configuran un espacio fundamentalmente elegíaco, marcado como un tatuaje, por la muerte, la soledad y la noche.
Precisamente, Urtecho tituló su prólogo: Emilio Zambrana: La Noche, Siempre La Noche, reafirmando que en el quehacer poético de Zambrana, la noche es un elemento, un fina estampa en cada uno de los poemas que componen su poemario.
Urtecho, quien escribió el prólogo unos meses antes de su muerte en diciembre del 2007, atinó en descifrar los poemas de Zambrana como una revelación en donde se descubre el destino del hombre como un ángel caído, cuyas plumas sucias e impuras aparecen y desaparecen en todos los rincones.
Hago énfasis al prólogo de Urtecho porque no es ninguna casualidad que este poeta mentor y maestro de Zambrana a quien conoció e impartió clases de literatura en la UNAN-Managua y quien se convirtió en uno de sus discípulos más aventajados, haya sido honrado con esos conceptos que nos muestran a un poeta preocupado en el verso, por la interiorización de su mundo, un mundo que no nos es ajeno.
El poeta Zambrana pule y contiene, escribió Urtecho, como una copa, sus palabras, antes que extenderse en fárragos aburridos retóricos e insinceros, como he notado en muchos poetas jóvenes y mayores que se debaten, contradictoriamente, entre la incertidumbre de lo conocido y la duda de los desconocido.
Realmente, la poesía de Zambrana, esencialmente en Crepúsculo y Precipicio, es una poesía llena de autenticidad, magia, misterio cotidiano en donde cada verso es una sentencia acaecida en la noche.