3:10 Misión Peligrosa

Las películas de vaqueros reviven con violencia En esta Managua, a veces ventosa e infernalmente caliente, uno desearía no toparse con un Ben Wade (Russell Crowe), infundiendo temor con esta frase que helaría la sangre del mismo Luca Brasi, el desalmado sicario de El Padrino: “Tommy era débil. Tommy era estúpido. Tommy está muerto”. ¡Bang! […]

Las películas de vaqueros reviven con violencia

En esta Managua, a veces ventosa e infernalmente caliente, uno desearía no toparse con un Ben Wade (Russell Crowe), infundiendo temor con esta frase que helaría la sangre del mismo Luca Brasi, el desalmado sicario de El Padrino: “Tommy era débil. Tommy era estúpido. Tommy está muerto”. ¡Bang!

Esta cita, de boca del bandolero asesino de 3:10 Misión Peligrosa, resume lo mortalmente simple que era la vida en el famoso Oeste estadounidense. Se lo dice a sus compinches, rodeado de los cadáveres de cuatro agentes de seguridad bancarios, mientras un quinto se desangra. Tommy, uno de los asaltantes, acaba de cometer un error y le valió un tiro al pecho. Todo esto luego del violento asalto a una diligencia, que marca el inicio de la película.

Las cintas de vaqueros pueden ser el género más gastado en la historia del cine. Pareciera que no hay actor conocido que en algún momento de su carrera no se haya puesto botas, sombreros y cabalgado por un desierto de zarzas y víboras. En pleno siglo XXI, cuando los efectos especiales permiten filmar cualquier cosa que uno imagine, se podría esperar que este tipo de películas sea sólo entretenimiento para un público viejo, de los que ya usan pantuflas y cotonas para dormir.

Este tipo de percepciones es lo que hace que la mayoría de la gente, cuando observa la cartelera y nota un afiche de vaqueros, prefiera girar sus cabezas y buscar la película fantástica de turno. Es una lástima porque películas como 3:10 Misión Peligrosa son una buena muestra de cómo se pueden hacer buenas películas de acción y violencia real, sin casi nada de efectos especiales, más que el trabajo de unos buenos dobles de riesgo.

La película contiene una violencia inusual para su género, pero bastante probable para una época (1856) en la que el promedio de vida de un hombre alcanzaba lo más 50 años. No es violencia sin sentido. Tampoco gráfica. Es violencia como forma de sobrevivencia.

Eso no quita para nada el hecho que algunos personajes tengan sentimientos nobles. Ben Wade es un hombre con la sensibilidad artística para dibujar un halcón o a un padre angustiado, pero con la frialdad para matar a un hombre dormido, sólo con un tenedor.

Si es fanático de las películas de vaqueros, no deje pasar la oportunidad de verla, antes que la saquen de cartelera, ya que sólo la tienen en las salas de cine pequeñas. Si no lo es, pues también haga la fuerza y vaya a verla, o alquílela en su vídeo favorito. A lo mejor se vuelve un fanático de los vaqueros, en el pleno siglo XXI.

Espectáculo

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