Los peltoeros extranjeros, tales como Manuel Mejía, Juan Figueroa y Clyde Williams, del Bóer, le han dado más atractivo, popularidad y calidad al beisbol nicaragüense en su historia. (LA PRENSA/G. FLORES)

Sucre propició liga

Colaboró en los inicios de la Liga Profesional [doap_box title=»Oficial: Nicaragua entró» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El 31 de julio de 1957, Gilberto Morales Bolaños firmaba con Trautman la entrada oficial de Nicaragua en el beisbol organizado, con inspección y reporte del gerente general de los Cuban Sugar Kings, Paul J. Miller. Nicaragua sería parte del organismo […]

  • Colaboró en los inicios de la Liga Profesional
[doap_box title=»Oficial: Nicaragua entró» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

El 31 de julio de 1957, Gilberto Morales Bolaños firmaba con Trautman la entrada oficial de Nicaragua en el beisbol organizado, con inspección y reporte del gerente general de los Cuban Sugar Kings, Paul J. Miller.

Nicaragua sería parte del organismo hasta 1967, y de nuevo a partir de 2004, en la segunda etapa de la Liga Profesional.

Era el décimo circuito invernal, juntándose a Cuba, Puerto Rico, Panamá, Venezuela, Occidental de Venezuela, República Dominicana, Mexicana del Pacífico y Veracruzana de México.

También había liga profesional en Colombia. Actualmente, sobreviven cinco, y Nicaragua se encuentra entre ellas, gracias, en parte, a la colaboración que en su momento hizo el más grande narrador de nuestro país, Sucre Frech.

Frech nació en la ciudad de Masaya, el 17 de julio de 1925. Sus padres fueron Moisés Frech y Bárbara Frech de Frech.

Comenzó en la locución a los 23 años y mostró en poco tiempo su gran talento, ya que fue nombrado locutor oficial de la XI Serie Mundial de Beisbol Amateur.

[/doap_box]

Aportes más allá de la narración

Especial para LA PRENSA

Sabíamos que el mejor locutor en la historia, Sucre Frech, había propiciado la creación de la Liga Profesional Nicaragüense en su primera etapa, cuando, de acuerdo con el resto de la directiva, prestó su automóvil para que fueran a traer a San Salvador, El Salvador, a cuatro importados que jugaban en el hermano país durante la temporada amateur de 1955.

Los extranjeros, dos cubanos, René Nodarse (lanzador) y Rubén Darío Cabrera (receptor), y dos panameños, Gilberto Santimateo (infielder) y Félix Chamorro (jardinero), no fueron los primeros importados en el beisbol nicaragüense.

Richard Frizell y Charles Coggin, del Titán de Chinandega, de 1915, llegaron antes.

Ni los de más categoría: el ex Grandes Ligas Manuel Cueto, del General Somoza de 1933, lo fue; ni los más decisivos: Márgaro “El Cojo” Gámiz, del San Fernando, en 1942, y Ponciano “El Bachiller” Lombillo, del Roberto Debayle, de León, en 1943, llevaron a sus equipos al campeonato, al igual que los Cueto (también el hijo del “Patato”, Roberto) habían ayudado al Somoza. Pero sí los que más entusiasmo produjeron.

Los orígenes

Tanto que, en 1956, la convicción de que los aficionados querían ver importados llevó directamente a que se fundara la Liga Profesional, en lo que se considera ahora su primera etapa.

Lo malo fue que el nuevo circuito funcionó durante lo que el hemisferio norte del globo terráqueo considera el verano, lo que en 1956 no tuvo consecuencias, pero sí al siguiente año, ya con las luces del Estadio Nacional instaladas.

La liga nicaragüense era independiente, es decir, no pertenecía al beisbol organizado. Y el circuito estaba mejorando su calidad; el siguiente paso fue contratar mejores peloteros. La víctima ideal fue la Liga Mexicana, en ese tiempo categoría doble A.

Fundada en 1925, la Mexicana cobró notoriedad en 1946, cuando los hermanos Pasquel, con Jorge al frente, ofrecieron cantidades fuertes de dinero a peloteros de las Grandes Ligas para que dieran el salto más allá de la frontera sur de Estados Unidos.

Las Mayores ganaron la batalla de los billetes, y también la guerra, cuando, en 1955, la Liga Mexicana entró a ser parte del sistema de ligas menores. Pero eso, no la protegería en 1957, cuando pasó de “pirata” a “pirateada”.

Todo empezó cuando…

Todo empezó desde antes de la temporada, cuando un par de lanzadores que, supuestamente, jugarían en México aparecieron jugando en el León. Eran los cubanos Conrado Marrero (en 1957, en Nicaragua, sería líder en ganados y perdidos y efectividad y colíder en victorias, 12-4 y 1.64) y Manuel Montejo (9-7, 2.62).

Lo que más ardió fueron las contrataciones nicas una vez empezada la temporada. Por ejemplo, el cubano inicialista Roberto Fernández Tápanes (.343, 3 jonrones, 25 remolques en 40 juegos con Nuevo Laredo; .320, 3 HR, 18 RBI con San Fernando).

Acusan a Liga Nica

The Sporting News, en su edición del primero de mayo de 1957, anuncia que la Liga Mexicana introduce formal acusación contra la Liga Nicaragüense ante el presidente de las Ligas Menores, George M. Trautman, de parte de los Diablos Rojos del México, por el pirateo del dominicano Diomedes “Guayubín” Olivo (3-1, 2.00 y 8-5, 2.15 con el Bóer) y el cubano Vicente López (2-3, 3.00 con San Fernando, y con Bóer 10-4, 3.08), y de parte de los Tecolotes, por la partida del cubano Eusebio “Silverio” Pérez (10-13, 2.53 con el “Combinado”, Granada-5 Estrellas).

Los peloteros son suspendidos por sus equipos mexicanos, y se dice que podrían serlo por el beisbol organizado. Trautman prefiere tener paciencia, y declara: “No tengo todos los detalles del supuesto pirateo”.

Otro que saltó, pero sin consecuencias, fue tico Danny Hayling, 0-1 con Yucatán y 7-7, 3.54 con el “Combinado”.

La entrada de Sucre

Al San Fernando, de Masaya, no le está yendo bien, y entonces Sucre Frech parte hacia México. Con tan mala suerte, que es cuando más alborotado está el avispero.

El corresponsal de la “Biblia del Beisbol”, The Sporting News, Miguel A. Calzadilla, cita al presidente del Monterrey y vicepresidente de la Liga Mexicana, Anuar Canavati, cuando hace la denuncia de lo que llaman “un verdadero drama de espionaje”. Digamos intriga internacional. Y de película, como diría el ingeniero Bayardo Cuadra, a quien agradecemos su colaboración en este trabajo.

El gerente general de los Diablos Rojos, Carlos Viteri, ha irrumpido en una cita secreta en el momento en que Sucre le está entregando “una suma considerable” al lanzador cubano Wenceslao González (10-9, 4.19), y “ha hecho arrestar y deportar a Frech”.

Chale Pereira cita a Evelio Áreas Mendoza: “Lo capturaron, sí… pero no se lo llevaron a la delegación… porque Sucre se aferró al mostrador del hotel… y lo salvó el embajador Dr. Leandro Marín Abaunza, quien lo protegió y lo logró sacar de ahí furtivamente”.

En la conferencia de prensa, Canavati gritaba “¡miren!”, mientras mostraba un boleto aéreo para volar a Nicaragua a nombre del estelar lanzador Eddie Locke (18-12, 3.20, casi triple corona). “Y se me trataron de llevar al jardinero central Eddie Moore (.284, 22 jonrones, 71 impulsadas)”, tronaba.

Pero, inmediatamente, se apaciguaba y adoptaba un tono conciliador. “Es un malentendido”, opinaba Canavati, pero no quería ir a Nicaragua, pues tenía miedo de ser apresado y deportado.

Yo creo que ya había averiguado quién era Sucre Frech, y que Evelio, de “manera solemne por la radio”, según Chale, “pedía que el Gobierno de Nicaragua declarara la guerra al de México”…

Más importante, había recibido unos cheques de Nicaragua. Quinientos dólares del León por el inicialista cubano René González (.257, pero 19 y 71 con los Tecolotes y el Monterrey en 1956, y .323 y líder jonronero e impulsador, con 16 y 56 en Nicaragua, en 1957) y cuatrocientos dólares del Bóer por el también cubano y jugador de cuadro Jorge López (.300, 4, 36).

Canavati se comunicó con Carlos Espinoza Alvarado, presidente de la Liga Nicaragüense, y el presidente Luis Somoza Debayle intercedió “a favor de los aficionados y el beisbol”, y así viajó a Nicaragua como diplomático y llevando la representación de Trautman a nombre del beisbol organizado.

La entrada de Nicaragua

“Recibí y acepté la entrada de Nicaragua en el beisbol organizado”, anunciaba Canavati. “Devolverán a los jugadores. Y, algo muy importante, será una liga invernal”. Claro, así no chocaba con el calendario de la Mexicana; era una jugada genial que, además, propiciaba la amistad entre los circuitos.

Después, aclaró que los peloteros recibirían permiso para quedarse en Nicaragua hasta que terminara el campeonato pinolero. Así, es fácil devolver…

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí