- Es a través de la poesía que Rubén Darío pone de manifiesto su protesta y enfoque del colonialismo
Existe a lo largo de toda la obra poética rubendariana, un hilo conductor que es América, una América que puede ofrecernos tres tendencias: a) La América continental, entendiéndola como la plenitud geográfica de norte a sur; b) La América hispana, toda la América de habla española, vinculada maternalmente a España; c) La América Latina, es decir, la América de los pueblos sometidos y marginados, compleja y diversa culturalmente, enfrentada a los imperios. Esta última es la que exploramos, brevemente, en los tres textos, de los cuales citamos algunos fragmentos.
LOS CISNES
En este texto de cuatro partes, nos enfocaremos en el primer apartado, en tanto, el cisne símbolo consumado de la estética modernista, todo donaire, simetría clásica, figura apolínea, se ve contrastado en su idílico tránsito, por todo aquello que afea el paisaje: estos valores que enarbolan la actitud del ocio fecundo aristocratizante, son la antítesis del capitalismo deshumanizante, de la moral burguesa, sólo concentrada en la acumulación material. El poeta reivindica la lengua, la patria soberana del idioma, la tradición, que no es vana posesión de lo perecedero. Así dice: A vosotros mi lengua no debe ser extraña. /A Garcilaso visteis, acaso, alguna vez
/Soy un hijo de América, soy un nieto de España
/Quevedo pudo hablaros en verso en Aranjuez
/Cisnes, los abanicos de vuestras alas frescas /den a las frentes pálidas sus caricias más puras /y alejen vuestras blancas figuras pintorescas/ de nuestras mentes tristes las ideas obscuras. /Brumas septentrionales nos llenan de tristezas, / se mueren nuestras rosas, se agotan nuestras palmas, /casi no hay ilusiones para nuestras cabezas, / y somos los mendigos de nuestras pobres almas. /Nos predican la guerra con águilas feroces, /gerifaltes de antaño revienen a los puños, /mas no brillan las glorias de las antiguas hoces, /ni hay Rodrigos, ni Jaimes, ni hay Alfonsos ni Nuños. /Faltos de los alientos que dan las grandes cosas, /¿qué haremos los poetas sino buscar tus lagos? /A falta de laureles son muy dulces las rosas, /y a falta de victorias busquemos los halagos. /La América española como la España entera /fija está en el Oriente de su fatal destino; /yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera /con la interrogación de tu cuello divino. /¿Seremos entregados a los bárbaros fieros? /¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés? /¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros? /Callaremos ahora para llorar después? /He lanzado mi grito, Cisnes, entre vosotros /que habéis sido los fieles en la desilusión, /mientras siento una fuga de americanos potros /y el estertor postrero de un caduco león
A COLÓN
En este texto Darío dirige su voz hacia Colón, exponiéndole tristemente cómo las naciones descubiertas viven presas de sus propias ambiciones y mezquindades, negando todo lo noble que de España o de la América aborigen, pudo provenir. Darío se lamenta e indigna hacia 1892, de ese rostro despedazado de América.
¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América, /tu india virgen y hermosa de sangre cálida, /la perla de tus sueños, es una histérica /de convulsivos nervios y frente pálida. /Un desastroso espíritu posee tu tierra: /donde la tribu unida blandió sus mazas, /hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra, /se hieren y destrozan las mismas razas. /Al ídolo de piedra reemplaza ahora /el ídolo de carne que se entroniza, /y cada día alumbra la blanca aurora /en los campos fraternos sangre y ceniza. /Desdeñando a los reyes nos dimos leyes /al son de los cañones y los clarines, /y hoy al favor siniestros de negros Reyes /fraternizan los Judas y los Caínes /Bebiendo la esparcida savia francesa /con nuestra boca indígena semi-española, /día a día cantamos la Marsellesa /para acabar danzando la Carmañola. /Las ambiciones pérfidas no tienen diques, /soñadas libertades yacen deshechas: /¡eso no hicieron nunca nuestros Caciques, /a quienes las montaban daban las flechas!/ Y dice en los últimos cuartetos: Cristo va por las calles flaco y enclenque, /Barrabás tiene esclavos y charreteras, /y las tierras del Chibcha, Cuzco y Palenque / han visto engalonadas a las panteras. / Duelos, espantos, guerras, fiebres constantes /en nuestra senda ha puesto la suerte triste: /¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante, /ruega a Dios por el mundo que descubriste!
A ROOSEVELT
Probablemente este es el texto poético dariano de contenido político más conocido por todos. Sorprende porque su carga poética no reside, como en la mayoría de poemas del autor, en su complejidad estilística connotativa, sino en el tono directo y crudo de su carácter denotativo. Es un Darío enérgico en su dedo acusador hacia el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica. Poema que le valió las presiones diplomáticas no sólo en suelo estadounidense, sino durante su frustrada visita y permanencia en México, hacia 1910.
El contexto histórico del texto está determinado por algunos hechos que ponen de manifiesto el intervencionismo imperialista de la Nación del Norte que arrebata territorios a México; interviene en el Canal de Panamá e invade Puerto Rico, Cuba, Haití y Nicaragua. Este es el antecedente socio-político del poema, que lleva a Darío a externar su preocupación y posición ante Roosevelt, como símbolo visible del poder imperial. Veamos algunos fragmentos: /Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman, /que habría que llegar hasta ti, Cazador! / Primitivo y moderno, sencillo y complicado, /con un algo de Washington y cuatro de Nemrod¡ /Eres los Estados Unidos, /eres el futuro invasor /de la América ingenua que tiene sangre indígena, /que aún reza a Jesucristo y aún habla en español. /Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza; /eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy. /Y domando caballos, o asesinando tigres, /eres un Alejandro-Nabucodonosor. /(Eres un Profesor de Energía /como dicen los locos de hoy). /Crees que la vida es incendio, que el progreso es erupción: /que en donde pones la bala /el porvenir pones. / No./ Los Estados Unidos son potentes y grandes. /Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor/ que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Ofrece, entonces, el rostro de América, en la vertiente española e indígena, cuando exclama: Mas la América nuestra, que tenía poetas /desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl, /que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco, /que el asfalto pánico en un tiempo aprendió; /que consultó los astros, que conoció la Atlántida /cuyo nombre nos llega resonando en Platón, /que desde los remotos momentos de su vida /vive de luz, de fuego, de perfume, de amor, /». Finalizando sentencia: Tened cuidado. ¡Vive la América española! /Hay mil cachorros sueltos del León Español. /Se necesitaría Roosevelt, ser por Dios mismo / el riflero terrible y el fuerte Cazador, /para poder tenernos en vuestras férreas garras. /Y, pues contáis con todo, falta una cosa: Dios! La mención de Dios, simboliza en Darío la significación de todo lo justo, bueno y digno que debe habitar en el corazón humano. Este Dios se plantea en oposición, a la dinámica inhumana y vacía del imperialismo capitalista, que despoja la humanidad en aras de la riqueza material, y que en este proceso se vacía a sí mismo de todo tipo de humanidad.
*Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, El Salvador.