- Algunos detalles que muestran cómo era la personalidad y los gustos de Rubén Darío, sus aficiones a la cocina, al dibujo, modos de vestir, comer y beber
Dado a esa incidencia mundial de Darío en la literatura, especialmente en el desarrollo cultural de los pueblos americanos, consideré oportuno escribir este pequeño estudio, para dar a conocer aquellos detalles intrínsecos de la personalidad del genio, creador de una nueva estética literaria, renovador de la prosa y el verso en lengua española; forjador de un lenguaje moderno, no acartonado pero sí atiborrado de una cultura universal.
Personalidad
Darío fue un hombre callado, de poco hablar, sereno, pensante, de mirada profunda, bastante preocupado por el arte de las letras, de voz atractiva, de plática amena, gustaba de la charla en la mesa, de concurrir mucho a los cafés literarios, débil a las adulaciones, buen ciudadano, caritativo con los desposeídos de la fortuna, a quienes proveía de dinero, sin que le solicitasen, se deleitó del lujo exterior e íntimo. Fue un hombre muy elegante, de buena presentación, pulcro y ordenado en el vestir.
Al respecto, su amigo personal, el poeta venezolano Rufino Blanco Fombona (1874-1944) opinó: En el fondo era un niño, un niño sublime. Pocas veces contradecía. Era tolerante, sabía tornear sus argumentos con discreción diplomática, sin cejar en sus ideas ni menospreciar las del oponente; sentía vivo placer por los temas voluptuosos, sin caer jamás en vulgaridades.
Su otro amigo personal Amado Nervo (1870-1919) quien habitase con él en París en el mismo apartamento expresó: La vida para él, llena de eventualidades, no ha reducido sus purezas entrañables. Es humano. Es un niño un niño egoísta o sensitivo, caprichosos o sereno celoso de sus cariños, susceptible como una violeta, capaz por esta misma susceptibilidad de comprender todos los matices de una palabra, de un gesto, de una actitud: un gran niño nervioso.
Dibujante
Desde su niñez tuvo disposición y habilidad artística para el dibujo a grafito, destreza innata en él, demostró actitud sobresaliente. Recordemos que en los Poemas Inéditos hallados en Harvard (1999) se localizó un documento donde diseñó el dibujo de la portada de su futuro libro de poemas, que ensayaba titular El Caracol.
Derrochador
Numerosos lectores de su vida y obra han opinado que el poeta no tuvo dinero porque a pesar de haber sido el Príncipe de las Letras Castellanas, devengó bajos salarios, otros dicen que fue derrochador. En el testimonio que dejó plasmado en su poema Epístola a la Señora de Lugones, se confiesa diciendo: Por esos los astutos, los listos, dicen /que no conozco el valor del dinero. ¡Lo sé. / Yo no ahorro ni en seda, ni en champán ni en flores.
Darío en una plática sostenida en Managua con su amigo Francisco Huezo le expresó que no tenía miedo a la muerte, le importaba que viniese, él en ocasiones había gozado tanto como tal vez no han gozado los millonarios de la tierra, había comido como príncipe, había vestido con mucho lujo, había tenido historias en el mundo de las supremas elegancias, se había relacionados con los más altos personajes del mundo; había sentido con frecuencia el aletazo de la gloria; había derrochado dinero que ganó en abundancia, ¿qué le quedaba por desear?
Gustos
Algunos preguntamos qué gustos tendría Darío que había tenido la dicha de rozarse con personalidades del mundo político, intelectual y social.
El poeta no gozaba de apetito regular, no merendaba mucho, tuvo gustos gastronómicos. Gustó de sopas de tortuga, por la cual tuvo mucha preferencia, sopa de aves y sopa de ajo a la española. Gozó de comer mariscos, centollos (cangrejos), langostas, almejas, mejillones. También degustaba chuletas de cerdo, preparadas, fritas en mantequilla, acompañadas de plátanos fritos, su rico gallo pinto; gustaba comer tortilla dulce, preparada con batido de huevos y canela frita en mantequilla.
Degustó comidas sencillas: puré de patatas, lenguados sin espinas (pez similar a la lengua), todo lo excitante, nuez moscada, mostaza. También degustaba las patitas de aves, de cordero, queso frito con mantequilla, moldes de puré de patata rodeados de carne, la polenta italiana, dulces caseros, las compotas, mermeladas, natillas, arroz con leche, el flan, le fascinaba el Canard a la Pesse, especialidad del restaurante galo La Tour dargent (donde solía comer el famoso pato preparado por Fréderick Delair), le encantaban los chorizos de Navalsaúz (Provincia natal de Francisca). Siempre que trabajaba gustó tener algún alimento cerca, siendo su preferido pajaritos fritos. Fue todo un gourmet que degustó platos nacionales.
Cocinero
Darío sabía cocinar, preparaba guisos especiales, condimentados unos a la manera del trópico, otros a la francesa o la española. Indicaba a Francisca sobre la manera de preparar algunos alimentos, como centollos pequeños o cangrejos y frijoles traídos de su país. En su crónica Articles de París. La Literatura y La Cocina dio ha conocer datos excelentes sobre grandes personajes que hablaban de cosas de comida, de predilección por el arte culinario, mencionó entre otros a: Shakespeare, Cervantes, Dumas, Montesquiou, Cánovas del Castillo, Castelar, Marqués de Peralta, Julio Piquet, Bartolomé Mitre, Dumas hijo, Gustave Geoffroy, Charles Vapereau.
Vinos
Aquí se tienen expresiones atinadas, algunos expresan que era un beodo, otros rechazan esa conjetura. En fin no es esto lo que se quiere dilucidar, sino más bien es dar a conocer la variedad de vinillos que saboreó.
En cuanto a cerveza para la mesa gustó de tomar cerveza negra inglesa en sus comidas igual que su progenitor, aficionadísimo a las libaciones. Acostumbró tomar en caso de desgaste o cansancio por los efectos del trabajo diario su botellas de vino Mariani, como también de coñac Martell 3 estrellas puro entre horas; gustó de whisky Black and White, preferiblemente whisky con soda al cual llamaba su W.S.; su champaña de preferencia Piper Heidsick.
El teatro
Rubén amaba el teatro con pasión, desde chavalo tuvo preferencia, según lo relató don Alfonso Valle en Rectificaciones, donde narra: Un día de tantos Rubén ordenó a la pandilla que construyésemos un escenario en el patio de su casa, porque iba a darnos una representación teatral. En Chile frecuentaba visitar el teatro. En el diario La Época, de Santiago, publicó diez crónicas teatrales, entre el 10 de octubre y el 9 de noviembre de 1886. No gustaba ir al cine ni a los toros. Poseía un hermoso tintero de cristal con su pluma de oro, con sus iniciales grabadas, con tinta fresca que utilizaba para su labor literaria.
Música
La música fue algo congénito en él, desde tierna edad aprendió a tocar acordeón diestramente, a la misma vez que tocaba aprovechaba para leer un libro que tenía en el suelo. Por la sonoridad de sus poemas algunos escritores han señalado que poseía un oído de músico. Sus piezas musicales preferidas fueron: El Barbero de Sevilla y La Marsellesa, ¡dos joyas inmortales!
Darío disfrutó la música, en París solía tocar su piano personal sin maestro, de manera auditiva. En su crónica Pianos y Pianistas dijo: Aquellos hombres veían en el piano una orquesta en miniatura. Con semejante manera de apreciar los encantos de esa preciosa mesa de armonía. Ha habido, pues un error de la acústica que ha hecho relegar al olvido los encantos del más hermoso y rico de todos los instrumentos musicales. El piano es una orquesta en miniatura. Porque el piano sólo, concentra, él, si se quiere, la síntesis, la condensación de todo el arte musical. Sobre el pianista expresó: El pianista es un elemento de sociabilidad, penetra en la sociedad y en la familia. El verdadero artista del piano nos es el que toca en uno u otro lugar, sino el que sólo con su arte domina a su auditorio durante dos ó tres horas sin cansarlo. Darío poseyó otras habilidades artísticas, aparte del acordeón y piano, también tocó flauta y guitarra.
Ropa y colonias
Los trajes que usaba para actividades sociales y culturales eran: la levita clara, chaqué, smoking y americana cruzada. Usó diferentes tipos de sombreros para cada ocasión, de acuerdo al traje que vestía. Entre ellos tenemos: sombrero de copa, de hongo, flexible o panamá. Tuvo preferencias, gustaba de zapatos con partes de charol o gamuza, que nunca dio a reparar, descartados apenas los usaba. Como embajador cultural tuvo varios sastres encargados de la confección de su ropa. Uno de ellos fue el mejor de la corte, vivió en la calle de la Cruz. Otro fue el sastre de París, M. Vancoppenolle, quien le fabricó su traje de diplomático.
En este aspecto tan llamativo en los hombres, tuvo preferencia por la colonia añeja, gustó de usar colonias, siendo las de su predilección la colonia Lavande o Lavanda y el perfume aristocrático de la Paix. Su jabón preferido fue el Heno de Pravia.
Religiosidad
Rubén desde pequeño profesó la religión católica, asistía a misa muy temprano, iba a la Iglesia de San Francisco, a una cuadra de su casa, concurría a misa a Catedral en días de ceremonia, acompañando a su tía abuela doña Bernarda Sarmiento. Por las noches a diario rezaba el Padrenuestro y el Avemaría. En su poesía dejó bellos poemas de corte religioso.
En París iba con toda su familia a la iglesia de Notre Dame, Saint Sulpicio, templo cercano a su hogar. Asistía con Amado Nervo a orar a las iglesias de Nuestra Señora de París, a la Santa Capilla, a la Magdalena, entre otras. Hubo quienes le juzgaron de anti-católico porque en sus primeros años escribió poemas fuertes en los que se denotaba su anti-clericalismo: ¿Quién vencerá? A la Razón, Al Papa, Al Progreso y El Jesuita.
*Bibliotecario e investigador dariano.