Lilith o la llamada Venus Verticordia. Rossetti.LA PRENSA /ARCHIVO

Pretexto para una indagación a Póster con Lilith

Acerca de Póster con Lilith, un poema de Carlos Martínez Rivas Desde antes de que escribiera su Paraíso Recobrado (1943), Carlos Martínez Rivas (1924) ya era el niño genio de la poesía que deslumbraba a sus maestros, al Padre Ángel Martínez y a José Coronel Urtecho, y a sus propios compañeros de generación que más […]

  • Acerca de Póster con Lilith, un poema de Carlos Martínez Rivas

Desde antes de que escribiera su Paraíso Recobrado (1943), Carlos Martínez Rivas (1924) ya era el niño genio de la poesía que deslumbraba a sus maestros, al Padre Ángel Martínez y a José Coronel Urtecho, y a sus propios compañeros de generación que más tarde, de ese 1924 que le vio nacer en Guatemala, conformarían las tres grandes vertientes por la que transita la poesía nicaragüense actual, con Ernesto Cardenal y Ernesto Mejía Sánchez. El 14 de octubre, Carlos Martínez cumple un año más de vida y entrega total a la poesía. Su poesía trascendente y su magisterio conforman un todo orgánico y único. Cualquiera de sus poemas, por muy sencillo que parezca, está estructurado con el rigor poético que le caracterizó, y encierra un hermetismo de aparente sencillez, y requiere la lectura de sus poemas encontrar las claves o los símbolos con que trabajaba sus poemas CMR.

El poema Póster con Lilith es una invocación, un conjuro. Las palabras que integran cada uno de sus versos representan signos, símbolos de una precisión del canto o canción religiosa, mística: oración certera que da en el blanco porque cada verso se hace carne y sangre, de piel blanca y demoníaca. Un ejemplo es el primer verso de este hermoso y reivindicativo poema: “Pero que sea mujer, que no se borre el troquel…” Póster con Lilith, de Carlos Martínez Rivas, inicia como una oración: revela la esencia de la poesía martiniana. Por una parte, el verso exacto, la belleza de la frase que imanta, que atrapa, que seduce, pero seduce por su constante desafío al orden establecido. Rompe de entrada con todo lo “creado”, recupera un mundo mítico alterado y propone su restablecimiento o al menos el intento de que un vástago mujer, pueda volver a sus orígenes.

Póster con Lilith rescata toda la especie mítica, que una vez vivida fue ocultada y que sólo aparece en los textos apócrifos, rescatados por los exégetas bíblicos y de los libros del Midrash. En Los Mitos Hebreos, de Robert Graves, dice: “Los caldeos, creadores de la astrología, creían que la Tierra tenía otro satélite además de la Luna: La Luna negra, que ejercía influencia nefasta sobre los hombres. Actualmente, la Luna negra es sólo un punto imaginario ante la Tierra y la Luna real, que representa el lado oculto y sensual de la personalidad”.

Este punto imaginario también es llamado de Lilith, en honor a la primera mujer que acompañó a Adán en el Paraíso. Lilith fue creada por Dios en una fase menguante de la Luna. Según la tradición, Lilith no se sometió al dominio masculino, al haber sido creada del polvo, como el hombre, se consideraba igual a él. Por eso, los dos vivían en permanente conflicto y Lilith acabó abandonando a Adán y el Edén. En contraste, Dios creó a Eva de una costilla de Adán, para que fuera la compañera que Adán reclamaba, en abandono.

Lilith se hizo amante de los demonios y seductora de hombres. Por su figuración del lado femenino de los hombres, comienza a encarar con naturalidad la propia intuición y afectividad. La posición de la Luna negra en el día del nacimiento de una persona revela su tendencia a la magia, su deseo de libertad y poder y su disposición para el placer sexual.

“Pero que sea mujer, que no se borre el troquel… invocación mítica del poema de Carlos Martínez Rivas. El poeta convoca a una Lilith mitológica, enloquecida por un Adán inútil, por débil e incapaz de asumirla, de reducirla, de satisfacerla a ella. Se apasiona por todos los demonios, madre de todos los demonios, el demonio que llevamos dentro y no nos deja, una mujer eterna en sí misma, creadora y creándose y recreándose dentro de sí y dentro de nosotros, los machos.

La Prensa Literaria

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