Arboleda. José Filemón Alanís.LA PRENSA /C. LAGUNA

Prodigios de la Imaginación

Frente aquel deslumbrante estallido de luces, formas y colores, fuiste endulzando mi oído, despertando instintos soterrados, provocándome nuevos antojos. Con una sabiduría prodigiosa dictaste cátedra acerca de ritos amorosos practicados en otras culturas milenarias. Occidente mojigato apenas despierta, con falso rubor tiembla y condena los merecimientos del cuerpo. Su hedonismo es una felonía. En el […]

Frente aquel deslumbrante estallido

de luces, formas y colores,

fuiste endulzando mi oído,

despertando instintos soterrados,

provocándome nuevos antojos.

Con una sabiduría prodigiosa

dictaste cátedra acerca de ritos amorosos

practicados en otras culturas milenarias.

Occidente mojigato apenas despierta,

con falso rubor tiembla

y condena los merecimientos del cuerpo.

Su hedonismo es una felonía.

En el Empalme de Sébaco

mientras tu elogio ascendía a los altares

ante las ristras de frutas y vegetales

mi imaginación prendía en llamas.

Desesperado no encontraba

la hora de regresar a Bello Horizonte,

para que como una nueva vestal

me iniciaras de una vez

en esas otras maneras de hacer el amor

a las que vos, sacerdotisa ungida,

simplemente llamas ¡fantasías!

La Prensa Literaria

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