Las peleas de los niños son a tres rounds de un minuto cada uno. Para los profesionales podría ser una minucia, pero para los pequeños, esos son sus primeros tres minutos de fama sobre el ring. (LA PRENSA/JULIO mOLINA, URIEL MOLINA)

Fiebre por el boxeo

Las victorias de Román “Chocolate” González y José “Quiebra Jícara” Alfaro animan a cientos de niños que llegan a los gimnasios con una idea en la mente: ser campeones mundiales Paf, paf, paf… “Siriwat” salta y tira golpes al aire frente al espejo empañado. Solo, sudando, parece envuelto en una burbuja que lo traslada a […]

  • Las victorias de Román “Chocolate” González y José “Quiebra Jícara” Alfaro animan a cientos de niños que llegan a los gimnasios con una idea en la mente: ser campeones mundiales

Paf, paf, paf… “Siriwat” salta y tira golpes al aire frente al espejo empañado. Solo, sudando, parece envuelto en una burbuja que lo traslada a un ring donde su contrincante luce acabado. ¿Es pura concentración o imaginación?

En la vida real el chavalo está en el gimnasio del Instituto Nicaragüense de Deportes (IND) y han pasado veinte minutos desde que comenzó su rutina. A su alrededor un grupo de niños lo admiran como si estuvieran viendo a un profesional del boxeo, mientras hacen la mueca de calentar.

“Me dicen ‘Siriwat’ porque me parezco a un tailandés que peleó con Rosendo (Álvarez)”, cuenta el deportista.

“Es un futuro campeón, una promesa”, dice su orgulloso entrenador, el famoso Guillermo “Polvorita” Martínez.

Siriwat todavía es un amateur, se llama Arnoldo José Solano y tiene 17 años. Es menudo, achinado, bien flaco, fibroso, diría “Polvorita”. En su andar deportivo suma ya siete años dedicados al mundo de los guantes, el ring y los golpes; pero todavía faltan un par de años más para lo que busca ser: un profesional.

“Con el éxito de Román ‘Chocolatito’ González y José ‘Quiebra Jícara’ Alfaro, los chavalos se han animado un poco más a practicar este deporte rudo. Todos quieren ser campeones”, comenta “Polvorita”.

En la capital se calcula que existen alrededor de quince gimnasios donde se practica el boxeo. En todos hay un semillero de niños que sueñan con llegar algún día al nivel profesional y finalmente ganar buenos premios.

En el IND “Polvorita” tiene a su cargo a más de veinte niños. “Mitad y mitad, también tengo niñas, ahora el boxeo femenino ya le da medallas a Nicaragua. Ya rompimos ese tabú tercermundista de que la mujer sólo vive para el hogar y para parir hijos”, añade este veterano entrenador de entrenadores.

Sarah Alaniz Somarriba (16 años) es un ejemplo de esos. En marzo próximo va a cumplir su primer año de entrenamiento. Aunque al principio su papá no estaba de acuerdo, ahora ella dice que él está orgulloso, “aunque no lo demuestre”.

Todas las mañanas, Sarah y Arnoldo llegan temprano al gimnasio para entrenar un par de horas. Ella, al igual que Siriwat, perdió su primera pelea, pero después vino el triunfo.

Sarah todavía no tiene apodo. Es originaria de Chichigalpa, en el departamento de Chinandega pero actualmente vive en la capital, en la casa de unos tíos que la apoyan en sus estudios.

“La idea de boxear fue de mi tío. Yo quería hacer algo, iba a entrar a una escuela de danza porque mi papa me quería ver bailando, fui a varias escuelas pero nada me gustó. Entones mi tío me dijo que probara aquí, nunca pensé que me iba a gustar”, cuenta la morena de chichigalpa.

“Empecé y como no me salían peleas, mi papa no decía nada. Cuando iba a pelear por primera vez, él me dijo que no, que era peligroso, que podía recibir un mal golpe”, recuerda.

Entonces le pidió que la dejara terminar el año 2007 y que después se iba a retirar. Entonces vino su participación en el Campeonato Futuras Promesas, y todo cambió.

Ahí tuvo dos peleas. “La primera fue fácil, pero ya en la segunda estaba más nerviosa porque era medalla de plata o era oro (lo que estaba en juego). Ay, y me salió zurda la chavala, más difícil todavía. El primero (round) lo perdí, pero después ya todo estaba en la mente”, explica.

Cuando terminó el primer round, sentada en su esquina, Sarah imaginó todos los golpes que iba a dar en el siguiente minuto. Fue así que la pelea terminó dos a seis.

“Recibí golpes, la chavala pegaba duro. Era de Matagalpa y estaba en su tierra y yo creo que por eso me puse nerviosa. Ahora que tengo medalla, mi papá casi no lo demuestra pero está orgulloso. Me pregunta ‘¿vas a seguir?’, después que me había dicho que no. Ya me dio permiso pero dice que le dé prioridad a mis estudios”, explica esta futura bachillera que espera igualar algún día a grandes boxeadoras como Laila Alí, la hija del glorioso Mohamed Alí; o quizás alcanzar el estilo de Oscar de la Hoya.

Pero en el mundo del boxeo no todas las historias son felices, sobre todo, cuando se trata de trabajar con niños.

El entrenador del Gimnasio Alexis Argüello, Winston López, prefiere entrenar niños en vez de personas mayores de veinte años. Pero advierte que se debe tener mucho cuidado con las rutinas que se le exigen a los atletas, ya que las lesiones son muy frecuentes en este deporte.

“A los niños hay que llevarlos al suave, no se les puede exigir demasiado porque están en pleno desarrollo”, asegura.

Las ventajas que López encuentra al entrenar a los niños mayores de diez años es que éstos no tienen vicios, llegan animados, prestan más atención y asimilan más rápido las indicaciones. “Además, ni novia tienen, así que no se distraen”, agrega el entrenador.

“Polvorita” Martínez dice que la edad propicia para que un chavalo empiece a desarrollarse en el boxeo es entre los 10 y 17 años. “A los diez años el niño ya va entrando a la pubertad, a la adolescencia, ya su pensamiento percibe mejor el conocimiento. Sólo se les exige disciplina, no pagan ni un peso. El niño tiene que ser buen estudiante y tiene que ser consecuente con el mandato de sus padres”.

“Aquí (en el IND) se les exigen los ejercicios de acuerdo a la edad. La enseñanza es en tres niveles, el C para el que comienza, el B para el que está avanzado y nivel A para los muchachos de selecciones que representan al país. Desde esa edad el seguimiento es para ir forjando al atleta tanto para el boxeo olímpico como el profesional, pero no sólo somos forjadores de boxeadores si no que integralmente influimos en el estado psíquico y anímico de los atletas”, explica “Polvorita”.

Este entrenador dice que cuando el atleta tiene fija la meta de alcanzar el nivel profesional e inicia su preparación a temprana edad, lo que ocurre es que van quemando etapas en las que van trabajando de manera armónica el desarrollo de su organismo, su estado físiológico y sicológico.

“No es que vamos haciendo un niño hombre, no, él va acorde a su edad. Al niño de diez años no se le exige dieta porque está en desarrollo. Hablamos de dieta cuando ya son muchachos de 15 ó 17, cuando están en una etapa que biológicamente se están consolidando”, añade.

Aunque los infantes están cargados de energía todo el tiempo, el entrenador debe cuidar la carga que le exige, ya que si se exagera, podría provocarle daños en cualquiera de sus órganos vitales.

“Polvorita” Martínez sostiene que “si el entrenador no es muy capaz y no tiene conocimientos sobre el desarrollo biológico, fisiológico del ser humano, lo primero que se puede afectar es el corazoncito, se le puede atrofiar. Al exigirle lo máximo, lo estás llevando a un desarrollo exagerado y quemás al niño. El entrenador debe tomar en cuenta detalles, por ejemplo, la gente de raza negra es de fibra blanca, es más elástica; el indio (mestizo) es de fibra roja, son más aguantadores, pero debés tener ese conocimiento a la hora de entrenar”.

Para esto es muy importante también que el atleta vaya asimilando la técnica necesaria y así saber recibir o esquivar los golpes de su oponente.

Dentro de la técnica está la defensa, y según explica “Polvorita”, ahora los atletas son muy defensivos, “tanto varones como mujeres. Nosotros tenemos mujeres bien lindas en boxeo, usted les ve el rostro y no tienen nada porque se les enseña mucho el arte del boxeo, ya no es aquello que le tiraban diez golpes y los recibía. Los boxeadores de ahora ya no son ñatos ni tienen las orejas de coliflor. Eso quedó en el pasado, los entrenadores hemos estudiado para que los atletas sean más técnicos y sufran menos lesiones”.

El 22 de marzo del año pasado Keneth Potosme llegó por primera vez al Gimnasio Alexis Argüello. Tiene 12 años, pesa 100 libras y en su historial ya anotó su primera pelea.

Keneth vive con su tía y su abuelita, ellas lo han criado y empujado a que siga en lo que le gusta.

“Yo decía en mi casa ‘me gusta el boxeo, quisiera meterme ahí’, pero a mi abuelita le daba miedo y entonces yo le dije a mi tía que me metiera. Yo me alegré cuando vine. Primero me pusieron a tirar golpes, después el entrenador miró que yo podía y fuimos avanzando. Solo he peleado una vez y la gané”, recuerda Potosme.

… En esta esquina Keneth Potosme… El árbitro llamó al pequeño que ya lucía sus músculos definidos. En la otra esquina su contrincante del IND, dos años mayor que él. Keneth dice que no sintió miedo, sólo recuerda que mientras golpeaba lo único en que pensaba era en ganar y así fue.

“Cuando un chavalito no tiene miedo, tira los golpes sin bajar la cabeza y no cierra los ojos. Ahí es cuando uno sabe que está listo para pelear”, explica su entrenador Winston López.

En su casa, Keneth prefiere ver televisión, platicar con su abuela y hacer las tareas de la escuela. Casi no sale y a sus amigos no les cuenta que boxea porque dice que no le gusta presumir.

“Siriwat” hace lo mismo. Vive en el barrio Memorial Sandino y se levanta todos los días a las cuatro de la mañana a correr, regresa a su casa y se prepara para su siguiente cita, el entrenamiento en el IND.

“No me meto con nadie, ni salgo a la calle. Los chavalos del barrio me conocen, pero me respetan. Si me provocan entonces sí. Una vez yo salí en LA PRENSA, y como los chavalos de la escuela ya sabían que boxeo, un maje me dijo ‘dicen que sos boxeador, te la tirás’, me empujó y yo le dije calmate. Seguí caminando y él me tiró una patada y entonces ya no me aguanté y lo reventé. Me expulsaron de la escuela, saqué cero en conducta. Eso fue el año pasado”, comenta Arnoldo José.

La humildad y la disciplina son dos aspectos que los entrenadores tratan de inculcar en sus atletas. “Tienen que seguir los buenos ejemplos”, dicen. Es por eso que por ahora los nombres que resuenan en los gimnasios son “Chocolatito” y “Quiebra Jícara”.

“Los tiempos cambian, hoy son muchachos como Luis Pérez, Román, Alfaro y Mayorga, sea lo que sea. Sin afectar la imagen de nadie, hablamos en sentido general. El buen atleta es el que se esforzó, el que no fuma, no toma. Todo sacrificio tiene su pago. Hay buenos ejemplos, Alexis es un caballero del ring, Adonis Rivas es un buen boxeador. Y si preguntan ¿y como Mayorga? No, ese no es un ejemplo, él vive su vida. Aunque sea nicaragüense, él sólo se representa a él y a su dinero”, sostiene “Polvorita”.

Para estos chavalos los premios están en un segundo plano. En sus peleas a veces el único premio que reciben son los aplausos de sus amigos y familiares luego de que los jueces anuncian sus triunfos. Y en el mejor de los casos, como el de Sarah, las medallas que reciben en los campeonatos. Los premios mayores vendrán después de años de entrenamiento y esfuerzo, cuando el boxeo sea su modo de vida.

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