Boceto de poeta

Carlos Perezalonso es uno de los escritores más destacados de Nicaragua, desde muy joven publicó sus versos en conjunto con sus padres, es abogado y Administrador de Empresas, oficios que ha sabido combinar en su intensa carrera de creador Carlos Perezalonso nació un 16 de junio de 1943, en León. Como escritor pertenece a la […]

  • Carlos Perezalonso es uno de los escritores más destacados de Nicaragua, desde muy joven publicó sus versos en conjunto con sus padres, es abogado y Administrador de Empresas, oficios que ha sabido combinar en su intensa carrera de creador

Carlos Perezalonso nació un 16 de junio de 1943, en León. Como escritor pertenece a la Generación de los sesenta, integrada por destacados autores como Sergio Ramírez, Francisco Valle, Edwin Yllescas, Beltrán Morales, Ana Ilce Gómez, David McField, Fanor Téllez, Raúl Orozco, Francisco de Asís Fernández, Carlos Rigby, Luis Rocha, Roberto Cuadra e Iván Uriarte.

Desde muy niño, Carlos jugó con los versos, publicó con sus padres su primer libro de poemas Nosotros Tres, animado por la legendaria María Teresa Sánchez, entre su oficio de abogado y administrador de empresas ha combinado el ser poeta, que según él “es un oficio que uno no interviene con el otro”.

Para el poeta Anastasio Lovo, la obra de Perezalonzo “se caracteriza por ser una asombrosa combinatoria de emoción estética y pasión vital, expresada en textos logrados como obras de orfebrería deslumbrante”, al igual el poeta salvadoreño David Escobar Galindo, opina que “la poesía de Carlos es un doble tributo: a la esencia y a la cotidianidad. A la cotidianidad de la esencia. El poeta está provisto de todos los materiales e instrumentos para desarrollar su arte superior, y de pronto mira hacia los paisajes urbanos y humanos que le rodean”.

Una poesía se ha ido tejiendo a través de su larga carrera de escritor con libros como Nosotros Tres (libro publicado con sus padres), El Otro Rostro (Cardenal, Managua, 1971), Vida y Sol (El Pez y la Serpiente, Managua, 1976), Cegua de la Noche (Dolmen, México D.F., 1990) y Orígenes y Exilios (Lis, San Salvador, 2001), Estancias y Otras Consignaciones (El Salvador, 2006), y pronto va a publicar Ocaso en el Tránsito, (libro de poemas) que será editado por Cal y Arena, en México.

¿De donde nace su interés de ser poeta?

Vengo de un ambiente de intelectuales, de artistas. En la casa de mi abuelo materno en León, su casa era llamada “la casa de piedra” por estar construida de canteras, él hacía reuniones con pintores, poetas. La orquesta sinfónica de León llegaba a ensayar a los corredores de la casa, en ese ambiente y dado que mi madre escribía, mi padre, mis abuelos escribieron y pintaron; era muy difícil zafarse de esa influencia.

¿Cómo fue cultivándose esa relación artística con sus padres?

Fue muy buena; los tres publicamos un libro, yo era muy joven. La idea de publicar un libro con ellos no fue mía sino de María Teresa Sánchez, que era muy amiga de mi papá y que tenía la Editorial Nuevos Horizontes, entonces cuando ellos le enseñaron a María Teresa poemas míos, ella se entusiasmó con mi poesía y como no eran muchos, sugirió publicar un libro compartido con ellos.

¿Cómo es la vida de un poeta y cómo se mira en la sociedad?

En cualquier sociedad, el poeta es un marginado porque la sociedad misma lo margina, aunque después hace gala de sus poetas como si fueran cartas de triunfo pero en la vida, en la práctica, en el devenir diario, el poeta siempre es un marginado y obviamente como la poesía es una labor de solitarios, la marginación tiene que darse porque la poesía tiene dos ingredientes básicos, la soledad y el silencio.

¿Qué tal ha sido su experiencia de poeta ejerciendo como abogado y administrador de empresas?

Yo le preguntaba a Pablo Antonio Cuadra lo contrario, cómo hacia él para poder diferenciar entre su carrera de periodista y su carrera de poeta sin enredarla y él me decía: “no sé cómo vos podes trabajar en ambientes financieros y trabajar con la poesía a la par”; entonces yo le decía que el lenguaje que utilizo para el trabajo financiero no se parece nada al lenguaje poético, entonces no me estorba, no se me enreda, el uno con el otro, le decía que para mí lo que él hacía era más difícil. Y además, conmigo no es el primero de los casos, esta T. S. Eliot, que fue banquero y dentro de los pintores fue Paul Gauguin un banquero, Ernesto Sábato profesor de matemáticas, hay toda esa gama en el arte y poesía.

¿Cómo se valora como poeta?

El oficio y la práctica te van facilitando escribir, te facilitan discriminar como cosas que el sentimiento te hace ser entusiasta y que el buen escribir no te lo permite, aprendés mucho a corregir y te das cuenta que al cabo del tiempo tus temas no son nada más que dos o tres y lo que has hecho a lo largo de ocho libros son temas que están en poemas de otros modos.

¿En poesía cuáles son esos grandes temas que le persiguen?

Vas cambiando el énfasis, en mí está el tema de la mujer, en la actualidad es más por el sentido de la vida, el misterio de la muerte, el tiempo, ese tipo de asuntos y me preocupan más y los vivo.

LOS AÑOS DE JUVENTUD, LOS SESENTA

¿En los años sesenta los poetas cómo vivían la poesía?

La gente se veía con mayor frecuencia porque era una ciudad pequeña y las casas de los poetas quedaban muy cerca las una de las otras, o trabajabas con algún poeta o muy cerca de su trabajo, de ahí venían las tertulias literarias, no había muchos lugares donde ir, la famosa cafetería La India era el punto de reunión de todos los intelectuales de la vieja Managua, porque cerca quedaba la Escuela de Bellas Artes.

Fueron años de compartir tanto lecturas como tertulias que nos ayudaron a conocernos mejor.

¿Con la poesía de qué escritores se siente más conectado?

Mi generación, la de los años sesenta y la posterior tuvo una gran ventaja, tuvimos una gran cantidad de maestros que estaban vivos y que te inducían a cierto tipo de lectura; además de leerlos a ellos, Pablo Antonio Cuadra, Carlos Martínez Rivas, Juan Aburto eran casi obligados para poder hablar de poesía con ellos, el haber leído a los clásicos griegos y latinos, siempre nos recomendaban empezar por ahí, antes de empezar por la poesía moderna. De tal manera que una de las características de la generación nuestra es que fuimos grandes lectores de los clásicos, después estuvo muy de moda por Ernesto Cardenal la poesía norteamericana y conocimos mucho de esta poesía, naturalmente conocimos a los poetas latinoamericanos y a través de Luis Alberto Cabrales, aunque no tuvo toda la influencia que tuvo en Cardenal o en Martínez Rivas, conocimos mucho de la poesía francesa. En lo personal, por vivir en Italia, conocí y me dediqué al estudio de la poesía italiana, conocí muy bien toda la poesía de Montale, Salvatore Quasimodo, Cesare Pavese y Guiseppe Ungaretti y eso me dio cierta tónica y musicalidad que lo encontrás con mucha frecuencia en el verso italiano, eso me lo hacía notar Carlos Martínez Rivas, esa especie de añoranza, de melancolía escondida en los versos, de alguna forma tenía razón.

EL PRÓXIMO LIBRO

¿Cuáles son las referencias de tu próximo libro Ocaso en el Tránsito?

Es un libro dividido en dos partes: la primera, Reencuentros y la segunda que precisamente se llama Ocaso en el Tránsito, pero la realidad es que todo el libro es un proceso de reencuentro con Nicaragua la que llevo dentro. Inicialmente, el libro iba a tener tres partes, una que se llama Tiangue, que es una descripción de frutos y animales nicaragüenses. Ésta la quité porque era muy grande y será un libro independiente.

La Prensa Literaria

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