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En el centenario de Simone de Beauvoir

El mundo conmemora el centenario de Simone de Beauvoir, una mujer que con su pensamiento revolucionó la literatura; sus libros son lectura obligatoria, como El Tercer Sexo, en el que plantea algunos pasos para la liberación de la mujer La escritora Simone de Beauvoir cumplió el 9 de enero, cien años de haber nacido, fecha […]

  • El mundo conmemora el centenario de Simone de Beauvoir, una mujer que con su pensamiento revolucionó la literatura; sus libros son lectura obligatoria, como El Tercer Sexo, en el que plantea algunos pasos para la liberación de la mujer

La escritora Simone de Beauvoir cumplió el 9 de enero, cien años de haber nacido, fecha que se celebra en Francia con un Coloquio Internacional organizado por la psicoanalista Julia Kristeva, con el estreno de varios documentales, la edición de algunos libros sobre ella y numerosos artículos.

Kristeva dijo haber organizado el encuentro porque “es siempre agradable celebrar los aniversarios de las personas que nos han ayudado a vivir”. Participan los escritores Genevive Brisac, Claude Lanzamnn, Philippe Sollers y feministas destacadas.

De su herencia, Kristeva destacó ante todo los avances que supuso su obra para la liberación de la mujer, ya que demostró que era “capaz” de mantener la igualdad con el hombre en todos los niveles de la vida, del pensamiento, la política o la vida social y el placer.

Esto supuso una “verdadera revolución antropológica” más que política y, según Kristeva, gracias a ella la maternidad pasó a ser “una elección posible”, abordable “con mayor lucidez y creatividad”. La psicoanalista mantiene que sin Le Deuxime Sexe “no habría ni aborto ni paridad ni mujeres ministras y presidentas” y recuerda que la escritora “no era una feminista como las otras”, pues daba mucha importancia a las relaciones con el otro sexo.

A modo de prueba citó su relación con el filósofo Jean-Paul Sartre y su apasionado amor estadounidense, Nelson Algren.

De Beauvoir, agregó, no quiso ser “un modelo”, pero “enseñó a pensar libremente”, lo que puede suponer “pensar con ella, pero también eventualmente contra ella”.

SU LEGADO

Cuando Simone de Beauvoir llenó su equipaje de letras y filosóficos pensamientos para iniciar el viaje del que jamás se regresa, nos dejaba uno de los legados más importantes de la literatura francesa. Por eso sigue entre nosotros. Su obra continúa abriendo caminos, prendiendo luces, vitalizando la voz de millones de mujeres que, como ella, exigen que se les oiga y respete. De Beauvoir logró milagros: iluminó túneles dejando correr su pluma que, a borbotones, escribía mensajes que aún van por delante de nuestro tiempo. Inventó un estilo en la escritura. Fue precursora del feminismo, en una época en que la mujer no lo tenía fácil.

Tener entre las manos un libro suyo provoca la sensación de que la tierra se afirma en nosotros, no nosotros en ella. Su obra es sólida, “aristocrática” en ideas y formas.

SU VIDA

Simone de Beauvoir nació en París, el 9 de enero de 1908. Era la hija mayor del matrimonio burgués compuesto por George Bretrand y Françoise de Beauvoir, católicos practicantes. La que se convirtiera en autora de El Tercer Sexo (una de las joyas de la literatura mundial), desde su adolescencia se mostró rebelde e inconformista. Llegó a decir: “Soy la oveja negra de mi familia”.

A los 12 años se consideraba intelectual, mostrándose indiferente ante todo lo que satisfacía a su familia. Toda ella iba más allá de las cosas comunes. A los 5 años se le despertó la pasión por la lectura.

En 1929, a punto de graduarse en Filosofía y Letras en la Universidad de la Sorbona, conoció al escritor y filósofo Jean-Paul Sartre, que se convirtió en su pareja sentimental hasta el fallecimiento de éste. Ambos sostuvieron una relación muy liberada, puesto que solían tener encuentros amorosos con otras personas. Entre los amantes de ella estaba el también escritor estadounidense Nelson Algren, lo que consta en la correspondencia de ambos entre 1947-1964.

De Beauvoir tenía una personalidad envolvente y cuando hablaba, los que la rodeaban enmudecían. En una de las cartas de Algren, éste le dice: “No amarte sería un pecado”.

A partir de 1931 impartió clases de filosofía en Marsella, luego en Rouen, y más tarde en París, donde ejerció de profesora en la Sorbona (194l-43). Fue cuando dejó la docencia para dedicarse a la literatura.

Desde que en 1943 se publicó su primera novela, La Invitada, tanto ella como su obra se decantaron por el feminismo y nadie de su época fue más progresista. Desde que conoció a Sartre su vida transcurrió en un marco existencialista. Encabezó la lista de mujeres intelectuales que abogaban por el seguimiento de la doctrina existencialista.

OBRAS UNIVERSALES

Entres sus obras más universales, porque se han traducido a decenas de idiomas, están La Sangre de los Otros, Todos los Hombres son Mortales y Los Mandarines, que le valió el premio Goncourt, 1954. El Tercer Sexo la consagró y está entre las diez obras más reeditadas en Francia, y sigue siendo referencia de todas las feministas o defensores de la mujer.

Ofreció conferencias y lecturas en los cinco continentes. Era inmensa intelectualmente, lo que no le impedía enjuiciar a otros colegas a través de la correspondencia que sostuvo con Nelson Algren, al que comentó sobre Jean Genet: “Ha conocido a un paracaidista (ahora todos los pederastas se acuestan con paracaidistas, igual que antes se acostaban con marineros), un muchacho ruso que habla con acento de Marsella; estuvo en las SS y fue encarcelado; como a Genet le encantan los chicos malos, está maravillado”.

Y de André Gide, “monstruo sagrado” de la literatura gala, le narró: “Nunca se acostó con su mujer; se acostó una vez con otra y tuvo una hija; tramó una boda entre la madre de su hija y su amante más querido, de modo que la muchacha se acostó nada menos que con dos mariquitas en su vida. Ahora vive con una agradable señora de edad que es la abuela de su hija”.

En defensa siempre de la mujer, afirmó: “La educación recibida de nuestras madres, de la sociedad, sobre todo, de los educadores nos transmite ciertas expectativas e ideas de lo que se espera del “ser mujer”. La mujer debe ser según los antiguos patrones sociales: casadera, sometida, dependiente, pasiva, reservada, delicada, frágil… y ejercer profesiones femeninas como maestra o secretaria. Y contra eso tenemos que luchar”.

Sus memorias se publicaron entre 1958 y 1972, compuestas por varios volúmenes: Memoires d’une Jeune Fille Rangée, La Force de L’âge, La Force des Choses, Tout Compte Fair y Une Mort Très Douce.

En 1980 escribió La Ceremonia del Adiós como homenaje póstumo a Jean-Paul Sartre al que, a pesar de todo, consideró el gran amor de su vida. Además de su extensa obra, escribió centenares de artículos y ensayos para diferentes periódicos y revistas literarias. Compartió por mucho tiempo un programa radial con su compañero.

Simone de Beauvoir falleció en un hospital de París el 14 de abril de 1886. Está enterrada en el cementerio de Montparnasse, el barrio que más amó de todo París.

La Prensa Literaria

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