- HAY CUENTAS PENDIENTES
Los cientos de elogios que le han llovido a Pekín en el año que terminó por la meticulosidad y destreza con que está llevando a cabo los preparativos para los Juegos no han podido ocultar sus dos cuentas pendientes para el año olímpico: los derechos humanos y la polución.
Se trata de dos cuestiones que China aborda de maneras opuestas; mientras que contempla todas las opciones que le permitan ofrecer a los atletas un aire respirable para la alta competición, es menor su inclinación a variar políticas lesivas para con los derechos humanos.
El encarcelamiento de ciberdisidentes y periodistas es moneda corriente, la secta neobudista Falun Gong continúa proscrita, la pena de muerte está muy lejos de ser abolida y la represión de minorías étnicas prosigue.
Diferentes ONG internacionales han denunciado además abusos a los trabajadores empleados en construcciones olímpicas, la obstrucción a organizaciones que previenen y educan sobre el Sida o la expulsión forzosa de miles de ciudadanos de sus hogares de Pekín, así como el cierre de escuelas para los hijos de trabajadores inmigrantes.
Son problemas que difícilmente quedarán resueltos antes de los Juegos, que empiezan en agosto, por su propia compleja naturaleza y por la falta de voluntad, en muchos casos del Gobierno.
No ocurre lo mismo con la calidad del aire, asunto que llevó al presidente del COI, Jaques Rogge, a decir que algunas de las pruebas más duras podrían ser reprogramadas si se entendía que la salud de los atletas corría peligro.
Pekín ha anunciado el pasado fin de semana que ha logrado 246 “días azules”, uno más de la meta que se había fijado a principios del 2007, si bien continúa siendo una incógnita cuáles son los estándares que se utilizan para medir la calidad del aire.