A Margarita Miranda de López Fajardo (q.e.p.d.)
Madre,
vida en flor abriéndose,
creciendo hacia la eternidad.
Cómo te recuerdo en los atardeceres,
la hora de tu canto fino,
con tu alma fresca entre las notas
y el verde claro de tu iris
mirándome con la gracia de una niña.
¡Vida la tuya!
Modelando con manos tejedoras
nuestras seis existencias.
Sonreímos ante la luna de tu espejo,
ante tu imagen antecesora y vital.
Nos hemos multiplicado
en el florecimiento de tus jardines,
mas no basta el sol espléndido
ni la noche iluminada
para igualar la intensidad de tus días.
Seguimos tu canto
y volvemos a temblar con las estrellas,
las del diciembre feliz
en aquel Boaco provinciano.
Y Amapola, lindísima amapola
se nos quiebra de nostalgia en la garganta.
¡Madre!
¡Árbol de madroño florecido!
¡Pasión inextinguible de mi padre!
¡Piel acanelada en corazón diamantino!
¡Cómo me acurruco en tu recuerdo!
¡Cómo duele de amor tu melodía!