Esa tarde de todos los tiempos la iglesia estaba solitaria, imperaba un sepulcral silencio, se percibía que merodeaba el espíritu del difunto que esperaba le celebraran su misa. Leonel en la entrada de la puerta principal de la iglesia comentaba a Juan: La variedad deleita el entendimiento. El peso de la verdad hace conocer la virtud, que el estorbo de la parcialidad se disfraza de múltiples defectos, le expresó Juan a Leonel. En ese momento del patio del vecino, un gallo cantó tres veces: Kikiriki, en momentos que los feligreses entraban a la iglesia se sorprendieron por ese canto. El sacerdote celebró la misa y pegada la imaginación más que una garrapata, la irreflexiva disposición de muy alta indignidad un loro llegó al final de la homilía y con un aleteo más que un golpe de puerta superó los límites de la realidad que se confunde con el ideal, le dijo Leonel a Juan. Pero el espíritu del difunto es el mismo, no cambia, ora, preteje en el oír y ver profundo, y ante la hueca voz de la fusca atmósfera miserable, que con espanto y vergüenza del destino sabio y gran maldad huye agonizante como se ha asesinado a sí mismo, finalizó de comentarle Juan a Leonel.
La virgen del lago, del pintor granadino Winston Miranda. (LA PRENSA /U. Molina)
El Espíritu Siempre Es el Mismo
Esa tarde de todos los tiempos la iglesia estaba solitaria, imperaba un sepulcral silencio, se percibía que merodeaba el espíritu del difunto que esperaba le celebraran su misa. Leonel en la entrada de la puerta principal de la iglesia comentaba a Juan: La variedad deleita el entendimiento. El peso de la verdad hace conocer la […]