“ME RETIRO DEL BEISBOL Y NO TENGO UN REPUESTO”

El chinandegano Próspero González ha puesto fin a una sobresaliente carrera de 24 años como bateador de alta peligrosidad, al punto que se retira como el zurdo más jonronero en la historia de nuestro beisbol, sin que nadie le haga sombra en este prestigioso departamento ofensivo PRÓSPERO GONZÁLEZ, EL ZURDO MÁS JONRONERO DEL BEISBOL NACIONAL […]

  • El chinandegano Próspero González ha puesto fin a una sobresaliente carrera de 24 años como bateador de alta peligrosidad, al punto que se retira como el zurdo más jonronero en la historia de nuestro beisbol, sin que nadie le haga sombra en este prestigioso departamento ofensivo

PRÓSPERO GONZÁLEZ, EL ZURDO MÁS JONRONERO DEL BEISBOL NACIONAL

Próspero González se unió a Henry Roa y Bayardo Dávila en una lista de glamorosos peloteros que aún teniendo algunos cartuchos que quemar, decidieron en diferentes momentos de este año colgar los spikes.

Próspero se va demostrando que aún puede tumbar la cerca y los fanáticos chinandeganos lo despidieron en una emotiva ceremonia hace un par de semanas, en la cual el bateador zurdo más poderoso en la historia de nuestro beisbol lucía tan feliz como un niño en su fiesta de cumpleaños.

Para el bateador de 42 años fue uno de los momentos más especiales de su carrera, sobre todo cuando a pesar de su grandeza, quedó la impresión que no siempre obtuvo el reconocimiento que merecía para un atleta de su calibre.

¿Qué significó para vos la despedida que te hizo el Chinandega?

Los homenajes siempre son mejor en vida. Este yo se lo agradezco a la Junta Directiva del Chinandega, no me esperaba algo tan bonito y emotivo, siento que me están dando el lugar que un pelotero se merece.

¿Cómo te sentiste en ese momento del adiós?

En lugar de estar alegre, uno se entristece porque deja el juego, por lo que uno se entregó de lleno, lo que uno jugó con el corazón en la mano. El que no siente cariño por el beisbol, mejor que no lo juegue. Desgraciadamente este momento tenía que llegar algún día y me voy satisfecho porque hice muchos méritos, me gané el cariño de la gente y la relación con el público fue muy buena.

¿Cuándo decidiste lo del retiro?

Enrique Gasteazoro —miembro de la Junta Directiva del Chinandega— habló conmigo, me hizo ver la realidad de las cosas, hay muchos peloteros extranjeros de calidad en el equipo. Yo no me quedo atrás, pero entendí su posición y además me dijo que necesitaba que me fuera preparando para otro ciclo, que es el de dirigir, en un futuro ser mánager.

De hecho ya debuté como mánager en la Juvenil de la Liga Profesional y fui subcampeón con el Chinandega. Casi somos campeones, le estábamos ganando al Bóer American College hasta el sexto inning.

¿Cuánto vas a extrañar el no volver al cajón de bateo?

Sería mentiroso si te dijera que no lo voy a extrañar. Argelio Córdoba me dijo el día de mi retiro: “No me digás como te sentís, que yo lo sentí”. La cabanga va a pasar poco a poco, aunque será difícil porque estoy como coach de primera base, a la orilla de la posición que jugué por más de 20 años y lógicamente que se siente un cosquilleo por jugar y estar en el cajón de bateo.

LA INFLUENCIA DE ARGELIO

¿Fue Argelio una persona importante en tu carrera?

A Argelio Córdova lo admiro y lo quiero como si fuera mi segundo padre. Fue el quien me dio la oportunidad de jugar todos los días en la Primera División. Me dijo que iba a ser bueno si ponía interés y disciplina. Estas palabras me motivaron y las recuerdo hasta hoy en día.

A todos los jugadores nos daba muchos consejos que me ayudaron en mi vida privada. Son cosas que para mí son el mayor agradecimiento que tengo de Argelio. Y ya dentro del beisbol ni digamos, todos sabemos que Argelio es una eminencia y me enseñó mucho.

¿Cómo te metiste al beisbol?

Jugué en los equipos semilleros del León, de donde salieron Ariel Panal Delgado, Julio Medina y gente así. Allí llegué porque mis tíos le dijeron al entrenador del equipo, (Jesús) Chú Quintana, que tenían un sobrino fuerte, grande, chavalo y que además era zurdo. Me probaron como lanzador y les gusté. Luego me dijeron que también me iban a probar como bateador porque duran más tiempo y al siguiente día en un campo que estaba a la orilla de la carretera, saqué varias pelotas a la calle y entonces Chú me dijo que me iba a enseñar a jugar la primera base.

Así comenzó la historia. Soy campeón de bateo de la Juvenil. Chú me recomendó al León de la Primera División y no me quisieron porque tenían a Ricardo Gamboa y Manuel Penado en la primera base. Luego sucedió el pleito de mis padres y nos vamos a Chinandega, en donde me pongo a estudiar y allí voy de refuerzo al Corinto, y fuimos subcampeones frente al COIP de Nemesio Porras, Julio Cárcamo, Brant Alyea, Basilio Marín… Y después el Corinto me hizo el llamado a la Primera División.

En los primeros años no jugué mucho, sino hasta que llegó Argelio Córdova como mánager del Chinandega y me dio la oportunidad en 1985.

ENTRE LOS MEJORES DE LA HISTORIA

¿Hay algo que quedó pendiente en una carreta tan buena y consistente como la tuya?

En primer lugar, le agradezco a nuestro Señor y el beisbol todo lo que me ha dado, creo que lo único que me hizo falta fue llegar al liderato de jonrones de Ernesto López o a los hits de Panal Delgado, pero estoy contento porque estoy metido entre los tres mejores en ambas categorías.

¿Como jonronero, cuáles fueron tus batazos más especiales?

El primero y el último, que fueron a dos grandes pítcheres. El primero se lo di a Elvin Jarquín y el último a Julio Raudez. El primer jonrón me inspira, anima a la gente, Pablo Juárez —compañero de equipo— me empieza a instruir, comienzo a ver los frutos de mi sacrificio en los entrenamientos.

¿Le tuviste mucho respeto a Pablo Juárez?

Era mi ídolo. Yo tenía guardado un recorte de periódico que decía: “Yo quiero ser como Pablo”.

¿Y crees que lo lograste?

Lo hice, porque él se fue satisfecho. Dijo: “Me retiro y dejo mi repuesto”. Desgraciadamente mi repuesto todavía no ha salido. Hay potencial, pero falta mucho que se esfuercen, que tengan disciplina y que se entreguen de lleno al beisbol. Me voy y no tengo un repuesto.

¿Cuál fue el mejor momento de tu carrera?

Jugué cerca de 20 años con el Chinandega y solamente ganábamos el subcampeonato. La mayor felicidad de mi vida fue cuando fui campeón con mi equipo, el equipo que siempre he amado.

Tantos años y nunca campeón, yo había dicho que no me retiraba hasta que no fuera campeón con el Chinandega y se dio en la Final de la segunda Liga Profesional (2005-2006) y la mayor felicidad fue que nos coronamos aquí, y la gracia de Dios fui quien empató el juego en el noveno inning. Sentí que puse mi granito de arena. No hay mayor satisfacción que esa, es inolvidable.

¿Ese momento es el mejor incluyendo el plano personal?

Los nacimientos de mis seis hijos (tres varones y tres mujeres) ha sido lo más importante y emotivo para mí. Con los hijos siempre está la esperanza que salgan como uno. A ellos les gusta el beisbol. Vamos a ver qué es lo que sucede en un futuro cercano.

¿Cómo quisieras que te recuerden los fanáticos?

Como un chinandegano orgullo para Chinandega, que entregó todo su corazón y su alma en el terreno de juego, que se sientan orgullosos que un chinandegano está metido entre los mejores de la historia del beisbol de Nicaragua.

“Me llamo Próspero y nací en Chinandega”

¿Qué confusión en tu nombre porque en algunos torneos te llamaban Erasmo Baca?

Cuando la guerra se quemó el Palacio Nacional y Erasmo Arturo era mi nombre de la fe de bautismo. Cuando buscan mi partida de nacimiento porque iba a comenzar a jugar en la Primera División, mi susto fue cuando leo Próspero Arturo González Baca. Entonces, yo pego el brinco porque hasta los 19 años de edad había sido conocido como Erasmo.

Mi abuelo se llamaba Próspero Molieri, entonces mi padre me puso como él. Esa es la verdad, no hay nada de partida falsa, mi nombre real es Próspero Arturo González Baca y el de la fe de bautismo es Erasmo Arturo Baca González.

¿Pero a nivel internacional fuiste conocido como Erasmo Baca?

Es porque mi pasaporte lo sacaron con la fe de bautismo.

¿En qué departamento naciste?

Nací en Chinandega. La familia se trasladó a León desde que era muy chico y luego volví a Chinandega cuando mis padres se separaron.

GRAN AMISTAD CON NEMESIO

¿Y qué hay de una supuesta rivalidad con Nemesio Porras?

No sé por qué mal interpretan las cosas. Nemesio y yo nunca tuvimos pelea, incluso en la Selección Nacional éramos compañeros de cuarto. Nemesio y yo nos queremos como hermanos, porque la relación que hemos tenido dentro y fuera del terreno es excelente. Lo bonito es que ambos fuimos buenos jugadores y si hubo una rivalidad fue fraternal por ver quién hacía mejor las cosas, quién se ganaba la titularidad de la primera base en la Selección, y cosas así. Nunca ha habido diferencias entre nosotros.

¿Hay algo más que te gustaría aclarar en cuanto a tu carrera?

Quiero dejar claro que nunca me hubiera ido a jugar a ninguna otra parte, pero cuando el Chinandega no entró a un campeonato, no tuve más remedio que buscar otro equipo y el San Fernando me contrató por varios años. Demi parte, toda mi vida me hubiera gustado jugar aquí.

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