- Una novela que revela las interioridades de personajes del Mercado Oriental de Nicaragua
Fritongo Morongo, nombre que titula la nueva novela del escritor nicaragüense Henry Petrie, publicada bajo el sello editorial 400 Elefantes, podría ser el renacimiento de un eje temático hasta ahora inexplorado a profundidad en la narrativa nacional, como es la novela del Oriental; antes, Carlos Alemán Ocampo hizo el intento de apropiarse del vasto mundo del Mercado pero es en Fritongo Morongo donde sobresalen con mayor abundancia los matices que nos ubican en uno de los centros más palpitante de la ciudad, basta con poner los ojos sobre las primeras páginas del texto para gozar de las aventuras de un personaje místico y mítico: Así era Fritongo, despistado como ingenuo, con la paciencia de las cayusas. Nadie sabía si como lo llamaban era en realidad la gracia puesta por sus padres o por algún encargado, porque Morongo siempre anduvo junto al primer nombre. No creo, como afirma recientemente un artículo publicado, que sea necesario acudir al diccionario de nicaraguanismos para poder sumergirnos en el ambiente caótico y mítico de esta novela que, si bien es cierto utiliza giros lingüísticos propios del habla común de los nicaragüenses, no cae en el fácil folclor de las ya gastadas narraciones de escritores que se esfuerzan por contar una historia pero fracasan en la estructuración de la trama y el desarrollo del texto. En Fritongo Morongo, me atrevo asegurar, es el lenguaje quien en verdad goza del mayor protagonismo, es a partir de él que el narrador nos va introduciendo en los laberintos de este desconocido monstruo de la industria informal que, como bien afirma Sobalvarro, es capaz de fundar sus propios mitos.
Y es a partir de esa particularidad que hay que leer esta novela. En su ensayo sobre la novela latinoamericana, Carlos Fuentes nos dice la novela es mito, lenguaje y estructura, aquí, en el texto ahora tratado, tentáculo de un lenguaje que se va incrustando entre los ojos de un lector poseído por la palabra, el mito se verbaliza tomando nombre y figura: Fritongo Morongo, personaje en pugna con un mundo donde la realidad ha absorbido, con su oferta y demanda, la magia que se entraña entre un enjambre de personas que murmuran, pasan y se alejan sin ser vistos, apenas rostros que se desvanecen terminada la transacción. Fritongo, vivaracho, con características físicas y morales denotadas al inicio del texto, renace al morir. A los días, su rostro es visto merodeando en los pasillos desordenados del populoso mercado. Primero es sombra, fantasma errabundo, cuerpo sin sepultura; luego, mito alojado en el corazón de la muchedumbre, muchedumbre sin fe que creó milagros y hasta videntes capaz de generar tornados y fantasmas caminando día y noche, rumoreando y calentando cabezas hasta el fanatismo y el delirio. El Oriental se aferra a la imagen del hombre nacido en el panal hirviente del mercado, muerto entre los meandros laberínticos y ascendido a santo, redención, porque Fritongo era espíritu de aquel mundo proliferando de generación en generación
El realismo de Fritongo Morongo no es el realismo hueco de una novela costumbrista, muy en boga en Nicaragua, sino el realismo mágico de la tradición viva de la narrativa hispanoamericana. Es el Mercado con toda sus características, imposible no reconocerse en el centro de este cíclope que se extiende vertiginoso en las arterias de una ciudad; pero hay algo latente en la estructura del texto: la magia o eso que Luis Leal caracteriza como un mundo donde el escritor se enfrenta a la realidad y trata de desentrañarla, de descubrir lo que hay de misterioso en las cosas, en la vida, en las acciones humanas. El realismo en la obra de Henry Petrie nos hace ver la realidad desde otro ángulo: el del mito. Espacio mítico que hace trascender esta novela más allá de la frontera nacional: la muerte del padre, el incesto llevado a cabo entre Fritongo y Zulema, hija de Nayo Cleonte; el tiempo también se hace mito, un ciclo se cumple, Fritongo es el eje, el retorno al inicio. El personaje regresa a su origen en busca del tiempo perdido, tiempo que lo reclama para cerrar una puerta y abrir otra. El tiempo es círculo: Frijol o Fritongo, fin y principio.
Henry Petrie es autor también de las siguientes obras: Alma Navegante (poesía 1995), Penacho de Ilusiones (poesía 1997), Guanaca (cuentos 1998), Inevitablemente Humano (novela 2001) y Tómame y Te Contaré (cuentos, 2005).