Así que la distracción no es de la distancia.
La palidez inmensa
en esta flor transcurre sin novedad
para el aliento mundial de los jardines.
Que si no tengo alas, que si las sombras diurnas
son el lecho de la noche; los labios apetitosos
de la hembra que cruza, al igual que el vino,
saciarán la sed.
El deseo real de las sombras del corazón
oculto en el ejercicio de las fantasías,
es la lucha conmovedora contra la decrepitud.
Una noche de relámpagos es la contrariedad del cielo.
Un día vacío nos hunde al suicidio con su fatal humor.
Lejos han quedado los instintos como reflejos fugaces.
La existencia de barcos náufragos como pasaje que se extiende, lo mismo que la vendedora de estrellas o la repartidora del fruto, será propicio para un cambio lleno de signos.
Malabaristas son los símbolos que nos atan complacidos, es frío la ausencia como todo aquello precipitado al olvido.
Del encuentro de memorias surge la plenitud de la vida.
Hoy el frenesí se ha vestido sin saber dónde ir con su sombrero de sonidos divididos en partículas.
Un destino añejado se pierde en la añoranza,
Señalo las voces que se multiplican en lo desconocido
o leyes abstractas que deambulan en los cuerpos.
No es que trate de remendar virtudes en la encrucijada
del nacimiento, cuna lícita del trance agónico.
Ni la fortaleza del dolor ni locura en su máxima,
ni ángeles invitados podrán remediar el descenso o la ascensión a los huecos negros, donde la vida es una ficción, olfateada por fantasmas.