Hasta su muerte, Luciano Pavarotti continuó cantando, pese al deterioro de su voz.

Cuando la voz envejece

Cristiana, cantante popular nicaragüense recientemente ha declarado (La Prensa del 7 de octubre): “Cantaré hasta que esté anciana”. Es un proyecto que no puede pasar de un deseo, ya que debido a la naturaleza fisiológica del instrumento vocal y el paso del tiempo, salvo contadas excepciones, la voz se deteriora gradualmente y no se puede […]

Cristiana, cantante popular nicaragüense recientemente ha declarado (La Prensa del 7 de octubre): “Cantaré hasta que esté anciana”. Es un proyecto que no puede pasar de un deseo, ya que debido a la naturaleza fisiológica del instrumento vocal y el paso del tiempo, salvo contadas excepciones, la voz se deteriora gradualmente y no se puede preservar, por lo que un anciano cantando es para verse y no para escucharse. Como han expresado las profesoras cubanas de canto Paula Sánchez y Digna Guerra, al referirse a la voz, que esta trae consigo una capacidad innata y determinada por cualidades anatomo-fisiológicas, como premisas naturales que condicionan el desarrollo de las capacidades; pero esas capacidades no son nada sin una educación apropiada para su buen uso. Las pruebas más palpables de ese aserto son los casos de deterioro de la voz, a una edad relativamente temprana y aún con la educación vocal necesaria de grandes cantantes de ópera.

Los tenores italianos Mario del Mónaco (1915-1982) y Franco Corelli (1923-2003), cuando sintieron su voz fatigada, se retiraron honrosamente en lugar de dar el mal espectáculo que han dado otros grandes cantantes como María Callas (1923-1977), Giuseppe di Stefano (1921-), Luciano Pavarotti (1935-2007) y José Carreras (1946-), quienes ya entrados en una etapa por debajo de los límites de su capacidad vocal, se empecinaron en continuar cantando. El legendario tenor español Miguel Fleta (1897-1938), quien falleció bien joven a sus 40 años, sufrió el deterioro de su voz a partir de sus 30 años. Plácido Domingo insiste en seguir cantando, pero a sus 66 años su voz ya no es lo que fue hace diez años: ha perdido elasticidad y brillo, y suena con un vibrato tembloroso, lo que no tiene importancia para el público que asiste a verlo y a aplaudirlo más que a escucharlo cantar.

Por fortuna, el acelerado desarrollo de la tecnología que ha contribuido a la difusión masiva de la música, nos permite hoy por hoy escuchar y conocer cantantes de todo género y calidad, tanto de la época actual como de los inicios del siglo XX, de hace unos 100 años. Un cantante puede estar dotado de una magnífica voz en cuanto a su impostación, afinación, técnica de emisión, dicción y expresión, pero tener un sonido feo; asimismo, un cantante puede tener una voz bella, pero con defectos en su preparación técnica, como la afinación, el fraseo, la respiración y el vibrato.

En el canto operístico, el tenor checo Kurt Baum (1908-1989), dotado de una gran voz de tintes heroicos, logró conservarla a edad muy avanzada y antes que Luciano Pavarotti, en la década de los cincuenta del siglo recién pasado, fue llamado “El Rey del do de Pecho”; pero su voz era fea, como la de otros tenores que le precedieron, entre ellos el estadounidense Jan Peerce y los italianos Aureliano Pertile y Achille Braschi.

En el canto popular, las voces de las mexicanas Laura León, Alejandra Guzmán y Gloria Trevi, se cuentan entre las más feas. Cantantes con voces calificadas como bellas, por su parte, pueden adolecer de deficiencias. Tres ejemplos bien marcados son los casos del bajo-barítono alemán Hans Hotter (1909-2003), del barítono estadounidense Cornell MacNeil (1925-) y del tenor alemán René Kollo (1937-), cuya belleza vocal es incuestionable pero seriamente afectados por el llamado “trémolo”, que en canto es la oscilación irregular del vibrato, y que popularmente se les denomina “voces flojas”. Pero otro defecto opuesto al trémolo es el vibrato excesivamente rápido de la voz, que suena parecido al balido de un cabro y por eso se les conoce como “voces caprinas”.

En el canto operístico, ejemplos notorios de voces caprinas lo son las de la soprano italiana Magda Olivero (1910-) y de los tenores, también italianos, Achille Braschi (1909-1983) y Franco Corelli en el inicio de su carrera. En el llamado canto popular, los casos de voces caprinas son más frecuentes que en el canto operístico. El mexicano Armando Manzanero es un ejemplo de voz caprina, lo mismo que los españoles Julio Iglesias y José Luis Perales; el argentino Sandro; los franceses Edith Piaff y Charles Aznavour; el griego, nacido en Egipto, Demis Roussos; y Robin Gibb, vocalista del conjunto Los Bee Gees. Pero todavía son más frecuentes que las voces caprinas, las ya citadas “voces flojas”.

Se tienen por voces flojas aquellas incapaces de sostener un vibrato uniforme en toda su extensión, defecto que siempre tuvo la soprano María Callas en su zona aguda, y lo son las voces de los mexicanos Laura León —quizás la más floja de las voces—, Luis Miguel, Vicente Fernández, Lucha Villa y Marisela; las de los argentinos Alberto Cortez, Amanda Miguel y Leo Dan —que se cuentan entre las voces más flojas—; las de los vocalistas de La Sonora Matancera, Bienvenido Granda y Celio González —las más flojas de esa orquesta popular—; las de los españoles Camilo Sesto, Rocío Dúrcal e Isabel Pantoja; la del italiano Nicola di Bari; la del salvadoreño Álvaro Torres; y la del nicaragüense Hernaldo Zúñiga.

Ante esas voces defectuosas se contraponen las voces con un vibrato firme y uniforme, entre las cuales podemos citar las de los mexicanos Pedro Infante, Jorge Negrete, Nicolás Urcelay, Lola Beltrán, Lucha Moreno, Rosa de Castilla, Rocío Banquells, Marco Antonio Muñiz, Alberto Vásquez, Carlos Lico, José José, Juan Gabriel cuando joven y muchos otros; las de los españoles Gloria Lasso, Raphael, Braulio y Dyango; las de los argentinos Estela Raval, vocalista de Los Cinco Latinos, Juan Ramón, Violeta Rivas y Valeria Lynch; y las de los nicaragüenses Luis Méndez y Mauricio Peña.

En el canto popular existen voces de gran belleza tímbrica, como las de los venezolanos Mayra Martí, José Luis Rodríguez y Ricardo Montaner; las de los puertorriqueños Virginia López y Gilberto Santa Rosa; la del brasileño Nelson Ned; las de los españoles Rocío Jurado, Paloma San Basilio, Nino Bravo, Raphael y Camilo Sesto; las de los argentinos Estela Raval, Violeta Rivas y Roberto Yanés; las de los chilenos Monna Bell, Lucho Gatica y Antonio Prieto; las de los colombianos Carlos Ramírez (cantante de ópera) y Rodolfo; la de los puertorriqueños Danny Rivera y Chucho Avellanet; la del cubano Pablo Milanés; y las de los mexicanos Rocío Banquells, Emmanuel y Juan Gabriel.

También existen voces “llanas”, sin ningún vibrato, cuyos poseedores no llegan a ser verdaderos cantantes, ya que más que cantar recitan las canciones, como lo son las voces del argentino Palito Ortega, del guatemalteco Ricardo Arjona, del cubano Silvio Rodríguez, de Eduardo Franco, vocalista del conjunto uruguayo Los Iracundos, y del puertorriqueño Jerry Rivera.

Por último, en el canto popular también existen voces afeminadas, porque poseyéndolas hombres suenan como si fueran propias de una mujer, como las del español Chiquetete (José Antonio Cortés Pantoja), del venezolano Rudy La Scala o del puertorriqueño Chayanne, sin que por ello se vea menguada su popularidad.

De la misma forma que los catadores se adiestran degustando los distintos vinos y licores para poderlos conocer y valorarlos en su calidad, en el arte del canto es recomendable que los aficionados escuchen la mayor cantidad posible de cantantes, sea cualquiera el género de canto de que se trate, para formarse una mejor idea de cómo son las distintas voces y poder así calificarlas con más objetividad, considerando que el principal factor de la simpatía por un cantante, sobre todo en el canto popular, es la fama que se le hubiere creado, aunque carezca de una buena voz, no sea bella y tenga muchos defectos vocales. Así, Paulina Rubio, Shakira, Juanes, Enrique Iglesias y muchos otros que aunque no tienen voces de alta calidad, gozan de mucha fama porque tienen a su servicio un marketing efectivo.

*El autor escribe comentarios para la revista internacional Web La Opera.

La Prensa Literaria

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí