Hace muchísimos años subieron unos piratas al Río Patuca y entraron por un caño secreto a la última laguna a repartirse el botín en ese escondite y se pelearon por el botín y perecieron todos. Todavía ves, o tal vez ves, los mástiles y cordajes confusos, bajo lianas y bejucos y entre troncos podridos, confundidos con los troncos los cascos podridos, confusos, rodeados de nenúfares.
Los indios del Coco nunca llegan a la misteriosa laguna por miedo a la voces que se oyen en los márgenes. Pues los espíritus de los desalmados aún custodian el botín y aún pelean y se oyen gritos (como de tucanes) y disparos y de noche se oye un jalar de cadenas, como levando anclas.
De vez en cuando el remolino de un caimán peleando con otro caimán… Alguna aleta cortando las aguas quietas de la laguna: un tiburón que entró como los piratas por el Patuca o tal vez es pez-espada.
Fragmento