Un día escribiré mi biografía.
No autobiografía:
mi vida escrita por mí mismo
sin ser yo quien la recite ni la dicte.
Un día escribiré mi biografía.
Mientras tanto
espérame en la fuerza de los gestos,
la energía de los signos,
el poder de la palabra.
El día en que mis letras
busquen francamente y sin adornos excesivos
a mis manos,
al impulso primigenio por el cual creemos
ver un movimiento evolutivo;
no será día,
ni noche o madrugada,
ni habrá horizonte
donde colgar los cuadros del deseo,
ni firme tierra que sostenga nuestros miedos.
Ese día, es decir, ese instante,
seremos tríada perfecta
el pensamiento
yo
y el lenguaje.
Un día escribiré mi biografía,
que cantará mis aventuras,
mis hazañas cotidianas,
el loco andar desesperado
en un carruaje de hojalata,
las muy frecuentes desiguales
luchas contra el ocio y la pereza,
el rebuscar en la gaveta o el canasto
un trapo digno de hermosear
o afear mi desnudez,
la explicación que debo darle
al habitante de mi hambre
para que no me tumbe en la blancura del desmayo.
Te digo,
un día escribiré mi biografía
con todas las contradicciones
que ello implique.
Mi nombre encerrará
los pasos de esos otros que estuvieron
antes en los míos,
manará de él toda la esencia
del grito y de la risa,
del llanto y la caricia.
Un día escribiré mi biografía,
mientras,
espérame
y déjame en el Verso.