Reivindicar el habla es como aludir los territorios, las identidades, los saberes, la multiculturalidad y sabores a propósito de propiciar una idea y por ello edificarla hasta el punto de hacerla una cultura. Nuestras calles y caminos están impregnados de esa habla olvidada en el diario devenir por los puritanos del lenguaje académico u obviada por los usuarios de esos universos inquietantes aleatorios llamados esquinas o las ensenadas, caminos o caños de alguna olvidada toponimia.
Quiero remembrar en mis textos y escritos el uso de otro lenguaje como si de un subversivo se tratara, recordarles que no soy hijo de los ilustrísimos godos ni aprendí en colegios de ricos: la calle fue mi gran libro. Escuchar al otro, corresponder al que dice, oír al que habla, escuchar al desesperado. De igual modo, debo decir que cada expresión, oración o frase extraída de las vivencias cotidianas suelo cernirlas a través de largas horas de trabajo. No pretendo con mi ejemplo sentirme tío del paradigma o sentar las bases para una búsqueda. Sólo hablo de mi experiencia, sui generis, por lo tanto, inusitada.
Mi relación con diversos grupos marginados me ha hecho tejer un trama distinta de lo que se espera de un poeta, de igual forma, no me siento la tela de araña , ni el hilo que despierta el sentido depredador en el arácnido. Me considero un hilo más y mi pequeño orgullo lo comparto con los que menos poseen.
LOS GROSEMAS Y EL GRITO
El uso de la adjetivación poética, llamada también escatología. No es sólo grosería, como suelen calificar los académicos a todo aquel rubro del lenguaje que no les satisfaga, su edulcorada y bella manera de expresarse. Tampoco es pobreza del lenguaje, ya que la recuperación del habla, de sus formas es orbitar y pronunciarse a favor de la pertenencia y el lugar. Por ende, cuando el poeta nacional cubano Nicolás Guillén regresa al origen de su lengua afro-americana, nos brinda en bruñido oro las más diversas maneras de decir y comunicar incluso con ritmos y melodías que proveen de un sentido particular el habla de afinados contornos y de dulces armonías. A esta pléyade de líricos podremos sumar la obra del venezolano Aquiles Nazoa fraguada en el humor y desplante del habla caraqueña junto al desafío surrealista.
Empero, referirse al habla, a ese organismo vivo que denominamos lengua, el cual aborda, desplaza y construye en el día a día, las formas vitales del idioma a ese elemento particular, que proviene de fábula o del relato. Expresar el pensamiento con palabras, según el Larousse. Es también central el lenguaje de la tierra, propiciar los lenguajes regionales y hacerlos unívocos e imperecederos, en este caso, la letra del poeta Ramón Palomares, venezolano, nos lega el voceo y los giros, propios de la lengua heredada de la edad de oro, a través de sus libros Adiós Escuque y Paisano. Apuesta que le hizo merecedor del premio nacional de literatura y de sucesivos homenajes durante las tres primeras ediciones del Festival Internacional de Poesía de Caracas. Nuestro poeta imana desde las esencias lingüísticas de los pobladores de las montañas andinas, el brillo y la dulzura del decir de un territorio que se hace universal, gracias al tejido y la sabia paciencia del bardo al legarnos estas finas joyas provenientes de lenguas y perdidos tiempos trasuntados en la quimera de nuestro idioma. Para muestra un botón:
LENGUAJE Y CIUDADANÍA
A propósito del habla. Sí, la lengua es la fuente de la ciudadanía. Abrirla a todos es un labor de largo plazo. Imposible sin el maestro amante y conocedor, capaz de transmitir a los aprendices la fuerza y el placer que ella procura. (
) La lengua es el lápiz que dibuja desde ya la nación hispanohablante.
Con nuestro idioma podemos juntar pedazos de un conjunto que es nuestra casa grande, nuestra casa fuerte. Desde ella podremos recibir y dar sin temor a la intemperie o a la insignificancia: perpetuaremos nuestros gestos irrenunciables, no nos perderemos nada que valga la pena, aportaremos significativo valor. Nuestra lengua está lista para la más prodigiosa pesca. Lancémosla: nadie lo hará por nosotros (Aristimuño ; 2004., P.1).
LO ORAL Y LA TRADICIÓN
La oralidad es la cualidad permanente del lenguaje. La tradición es la cualidad por la cual heredamos bienes culturales, aceptados, compartidos y mantenidos por una comunidad (Mora; 1997.,P.141)*. La palabra y la memoria van de la mano en la creación de nuestros imaginarios. Se trata de descubrir estas fuentes, de activarlas, vigorizarlas en el sentido de reanimar u alimentar ese organismo en la tradición oral y darles la certificación de lo universal. Según Esteban Emilio Monsonyi, la oralidad es un tesoro universal que, aun perteneciendo en primer lugar a sus creadores natos, trasciende de pronto estos límites y enfila sus pasos hacia la universalidad 4.* (Mosonyi; 1990. Págs. 69-71).
Debemos propiciar el encuentro de estas formas culturales y de sus productos orales, u escritos confiriéndoles categorías y refinamientos elaborados en el cernido diario que realiza la colectividad en el intercambio de valores culturales donde la plusvalía no medre el rubro sino que le socialicemos y pase a ser patrimonio. Es ésta la búsqueda de nuestra letra esencial de la convivencia entre las palabras del entorno la idiosincrasia y el folklore; los advenimientos de los ritmos populares como el blues, la salsa o el bolero.
La sutil redención del idioma desde la voz de Nicolás Guillén cuya obra es una estructura profunda que modifica todos los estratos del idioma desde el nivel fónico hasta el nivel semántico. (Sacha ; 2002.,P. 129)* de Léopold Sédar Senghn u Aimé Cesaire hasta Andrés Eloy Blanco, quizás el extremo significante del Chino Valera Mora en Amanecí de Bala o darán rienda suelta a esa manera personal de asumir la fábula desde la conversación.
EL MITO Y LA DEGLUCIÓN
El carácter antropofágico de nuestra forma de vida está aunada por la sangre y la carne con nuestra habla, o las hablas regionales es decir con nuestra literatura.
La voracidad no es afín, por ello nuestras mixturas, desplazamientos e intercambios, vaciada en la sociabilidad del habla, llana, excluida, del vulgo nos redime e impronta a construir nuevos paradigmas, donde nuestra voz no sólo se halle sin usufructo sino que podamos develar lo intangible de estos universos, procesarlos como hasta ahora desde los bordes no por su marginalidad sino que en ese lugar habitan las esencias, la metáfora se pule en sus adentros en los fúlgidos u oscuros caminos de la calle, la escalera, el monte la orilla la letra radial, la prostitución rockolera, el paskin o la esquina.
Redimo y procuro encontrarme con toda poesía al margen, todo lo inusitado de la valla, el cartel, la pedrada de un graffiti o el clamor de un mendigo. Es esa mi voz, desde allí les canto.
El habla de los sentidos (la música), el léxico de los deportes. El folklore: folk-lore en la que lore significa saber tradicional y folk, pueblo. ( ) El folklore es la tradición oral que el pueblo transmite, recrea y enriquece. Se basa en hechos culturales fundamentados en la memoria colectiva, en la tradición oral y son producidos por el pueblo (Mora; 1997. Págs. 148-150).
Recuperar el habla es nuestro llamado. Combatir todo poder que niegue nuestras esencias sería la misión a edificar. Más allá de los singles de las prótesis baladas de todo el comercio global de las imágenes acústicas, están los sueños redimidos, voraces, redentores de una nueva manera de decir. Un nuevo diálogo, un nuevo hacer cuyo emprendedor camino es el esfuerzo del estado por lograrlo. Fue iniciado misteriosamente por los bardos de la calle, nuestras voces populares, malentendidas, desechadas, subutilizadas, las bellas voces del habla, los pregoneros de una nueva redención. De aquí al área caribe.
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
Larousse. El Larousse Enciclopédico. Larousse Coedición Internacional. Venezuela, C .A. P.508.
Aristimuño, Leáñez. Carlos. La Lengua: Clave de Inclusión y Soberanía. En Papel Literario de El Nacional (Venezuela), sábado 16 de octubre, 2004. Caracas; P. 1.
De Mora, Robles. Lolita. Tradición Oral: Folklore, Mitos y Leyendas.
En ACTUAL, revista de la Dirección de Cultura de Los Andes, Nº 34
Septiembre-Diciembre 1996, Mérida, Venezuela; P. 141.
Mosonyi, Esteban. Emilio. Raíces de la Oralidad Indígena y Criolla.
Anuario Fundef, Caracas, 1990; Pp. 69-71.
Sacha, Francisco. Mora. De Motivos de Son a Concierto Barroco: La Integración del Negro en la Cultura Americana. En revista Casa de Las Américas Nº 226, enero-marzo/ 2002, La Habana, Cuba . P. 129.
De Mora, Robles. Lolita. Págs. 148-150, el folklore.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
Aristimuño, Carlos Leáñez. La Lengua: Clave de Inclusión y Soberanía. Papel Dietario de El Nacional, sábado 16 de octubre Caracas, Venezuela, 2004
Coloquio de Literatura Caribeña (La Otredad en la Mirada). Varios ponentes.
Ediciones RR PP, FHE; UCV. Mayo del 2000
De Mora, Robles. Lolita. Tradición Oral: Folklore Mitos y Leyendas; Revista ACTUAL
Septiembre-Diciembre , Nº 34, Mérida Venezuela, 1996.
Esteban, Emilio Mosonyi. Raíces de la Oralidad Indígena y Criolla. Anuario Fundef, Caracas, 1990.
Herrera, Roger. Barrio: Metáfora de la Identidad; A Plena Voz. Ministerio de Estado para la cultura y el poder popular, Nº 6, Caracas, Venezuela, julio de 2004
Larousse. Diccionario Enciclopédico. Coedición Internacional. Venezuela, C. A. 2003. Trapos y Helechos. Alcaldía del Municipio de Los Salias. San Antonio de Los Altos. Nº 21. Noviembre 2004.