- Alta Hooker vivió el Huracán Félix en Bilwi y reclama participación de los costeños en la reconstrucción de lo que el viento se llevó
Alta Hooker, 56 años, costeña y originaria de Puerto Cabezas. Tiene voz fuerte y carcajada franca para los temas que considera obvios, como que en la Costa también hay racismo contra los “españoles” del Pacífico.
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Desde la rectoría de la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe de Nicaragua (Uraccan) asegura que los grandes problemas del Atlántico no se resolverán con las decisiones que el Gobierno Central considera mejor para ellos. Es enfática al decir que aún no se comprende que la esencia de la Ley de Autonomía es la participación de los costeños en el desarrollo de sus comunidades.
Ella estaba en Bilwi cuando el huracán Félix azotó la región el 4 de septiembre pasado. Vivió el desastre. Y al evaluar las respuestas, esta intelectual costeña pide al Pacífico que deje de pensar por el Caribe.
¿Cómo evalúa la actuación del Gobierno después del paso del huracán Félix?
Nosotros tenemos Gobierno nuevo que hace una semana habían llegado a compartir la planificación estratégica. Habíamos formado comisiones. Siento de todo corazón que cae este huracán en un momento cuando desde el Gobierno y nosotros mismos no se esperaba que los estragos iban a ser de esta magnitud. Las experiencias de los huracanes han sido diferentes. A lo inmediato siento que ha habido apoyo, ayuda de aviones que han entrado, pero que a pesar de eso no se ha logrado de la mejor manera la articulación. Un grupo de la sociedad civil está tratando de entrar a las comunidades donde el Gobierno no pudo entrar en los primeros momentos, pero sí hemos logrado articularnos.
Usted acaba de decir: “El Gobierno y nosotros nunca nos imaginamos que el desastre iba a ser tan grande”. ¿Eso quiere decir que el Gobierno se confió?
No quisiera ser categórica. Lo planteo de esta manera porque he estado antes en las emergencias. Una de las primeras cosas que se hace es llamar a todos los que han tenido a los territorios y compartimos información de manera fluida y se trata que cada quien aporte con los recursos que tiene. Eso se está abriendo hasta estos momentos.
Le pregunto esto porque ha sido muy cuestionada la actuación del Gobierno en cuanto a la declaración de las alertas. Hasta el lunes se supo de la primera cuando en países vecinos como Honduras ya estaban activadas desde el fin de semana.
Sigo creyendo que a estas alturas, y como le decía, tenemos Gobiernos nuevos en la región, tenemos autoridades nuevas. Realmente el enfoque que estábamos teniendo era cómo avanzar y cómo que la región dejara de tener los 12 municipios más pobres. De lo que sí estoy segura es que me di cuenta de la alerta amarilla hasta el lunes a las 2:00 de la tarde. Recuerdo que a esa hora también se hablaba de que la Naval tenía que ir hacia los Cayos a sacar a la gente y que había gente que no quería salir de los Cayos. Todo comenzó a pasar muy rápido. Mil factores se juntaron y en el peor momento.
¿A su juicio el Gobierno actuó de la manera adecuada e hizo las alertas en el tiempo en que debía?
Preferiría decir que el Gobierno trató de ponerse enfrente de las cosas. Los líderes de la Región estuvieron desde el día antes.
También se comenta lo de la cantidad de muertos. ¿Usted que estuvo allá y vio el desastre cree que realmente hay más de lo que el Gobierno acepta?
Por supuesto. Hay territorios en que hasta el día de ayer (martes) apenas se estaba entrando. En el territorio de Tasba Pri hay 21 comunidades en las que aún no se ha podido entrar y si estamos hablando de árboles caídos, si estamos hablando de pescados envenenados, pueden ir por el río y verlos. Los muertos siguen apareciendo en las aguas costeñas. Podemos ver los que fueron encontrados en los Cayos Miskitos. La gente sigue buscando a los desaparecidos. No quisiera dar cifras, pero es considerable la cantidad de muertos. Los daños son considerables. Hasta hoy no se ha dado informes que puedan decir realmente cuánto ha sido el daño.
¿Por qué cree que el Gobierno no ha querido aceptar más muertos de lo que se maneja en las cifras oficiales? Incluso en los medios internacionales hablan de 115, 130, 200.
No podría opinar en ese aspecto. Pero es necesario y sumamente urgente sacar los datos reales. Esos muertos necesitan ser encontrados. Así como los lloramos y estamos de duelo, el informe real debe salir. Ese debe ser el gran reto y articularnos mejor para sacar datos que sean reales porque el desastre ha sido grande.
No sé si más dramático que las muertes es el conflicto por el qué hacer con ellos. La alcaldesa de Bilwi dijo que no iban a permitir que se incineraran. El Minsa argumenta que es una cuestión pública. La pregunta es, ¿cómo hacer para conciliar el conflicto entre una cuestión de salud pública y las costumbres de un pueblo?
De eso hablaba. Hablaba de un gran reto. Y es eso. ¿Cómo lograr hacer ahora ese discurso intercultural? ¿Cómo hemos tratado de solucionar eso? Con el diálogo con los pobladores, el Minsa. Sobre los muertos que están apareciendo, la gente necesita saber si son o no los suyos. Es fundamental formar equipos conjuntos con los familiares, con el Ministerio de Salud, con las autoridades para tomar las decisiones mejores para la región.
¿Y cuál sería la decisión más idónea, permitir que se incineren los cadáveres para evitar una epidemia o…?
Soy salubrista, soy de la cultura negra. También creo en velar nuestros cuerpos, en enterrarlos, es una decisión sumamente difícil. Por eso decía que una salida podría ser el diálogo conjunto y enterrar inmediatamente a los muertos. Es una decisión conjunta, sino luego será complicado.
¿Si usted fuera la autoridad que tiene que tomar la decisión qué haría?
(Ríe) Lo que haría de inmediato es llamar a las autoridades, el Ministerio de Salud, los familiares y tomaría la decisión. Nos hemos dado cuenta en la Costa Caribe que cuando tomamos las decisiones de manera unilateral es cuando nos complicamos.
Se dice que en la Costa sólo existe para el resto del país o cuando suceden elecciones o cuando suceden desastres como estos, ¿qué dice usted?
(Calla unos segundos. Asiente) Sí. Así ha sido siempre. Con las drogas, con las inundaciones, desastres, los ratones en el Río Coco, grisi signis y dicho sea de paso, ahora vamos a tener un montón de enfermedades.
Exponía en la reunión del CNU que ahora se está paliando el hambre, la sed; pero mañana estas comunidades cómo van a continuar y quiénes van a seguir acompañando en la reconstrucción, cómo hacer para que la tierra vuelva a producir, cómo construir sistemas de agua potable.
No se trata de ir a hacer todo esto por la gente, sino hacerlo con la gente. Es una manera de sacar a la Costa de ser sólo un desastre y comenzar a hacer las buenas prácticas y comenzar a hacer real la interculturalidad. Cuando un grupo de Gobierno se pone a hacer las cosas, hay un sector que se siente afuera y no está en la toma de decisiones.
¿Este desastre servirá para concretar esas políticas interculturales de las que se habla, pero que en la realidad no se manifiestan?
Debe ser el vehículo que nos ayude a avanzar en eso. En el CNU nos dijeron que tenían los recursos técnicos, pero que harían lo que dijéramos. Y es lo que hemos tratado de lograr. No hagan las cosas por nosotros, no piensen por nosotros. Si lo que se pensaba antes por nosotros fuera tan bueno, no tendríamos los peores indicadores en salud, educación, producción, pero como siempre ha habido otros que han querido pensar por nosotros irrespetando la cultura y la manera de ver el mundo y reaccionar ante los fenómenos, eso ha evitado que avancemos a un desarrollo con identidad.
¿Esos otros han sido el Gobierno Central?
Han sido los gobiernos… (ríe a carcajadas). Siempre hemos estado en los medios tratando de hablar. Denunciando esto.
Usted dijo en una entrevista anterior que ningún Gobierno Central se ha sentando a estudiar la Ley de Autonomía.
¿Quién? Ninguno lo maneja. Pregúnteles.
¿Y el Gobierno actual?
Mire. La diferencia con este Gobierno es que en este momento hay compañeros y compañeras en las altas estructuras y ese ha sido el principal riesgo. Si nosotros no logramos en este período el cambio al que hemos aspirado, estaremos en problemas.
¿A qué se refiere?
A que siempre hemos tenido nuestros propios planteamientos y propuestas y ahora tenemos compañeros costeños en cargos altos para poder escuchar nuestras voces. Pero el reto nuestro es cómo tirar la pelota en nuestra cancha, cómo estos compañeros no repitan lo que han visto hacer a los Gobiernos, cómo no tomar decisiones sin nosotros, cómo no incluir a los estudiantes que están siendo preparados en las universidades para el desarrollo desde nuestra propia perspectiva. Ese reto es muy fuerte para estos compañeros.
¿Eso significa para ustedes un primer paso para que no solamente la Costa conozca las políticas del Gobierno Central sino el Gobierno conozca las del Atlántico?
Así debe ser.
¿Lo consideran como un primer paso hacia eso?
Es un primer paso cuando y sólo cuando logramos la articulación de estos compañeros y compañeras con las autoridades regionales, municipales y territoriales, y con las instancias que funcionan en las regiones autónomas. Hasta ahora el Pacífico ha estado allí y la Costa qué. Y en muchos aspectos nos hemos visto como enemigos y hoy hay compañeros al otro lado del cerco y nosotros seguimos aquí. Como lograr que esos compañeros realmente lleven nuestras inquietudes y perspectivas, y nos ayuden a que nuestras propuestas se conviertan en realidad. Las políticas de los gobiernos tienen que incluir esa manera diferente de la población.
¿Y ha visto que ha habido voluntad hacia ello?
Con lo de la planificación estratégica estaba emocionada. Era como un documento con el que comenzábamos a discutir y a tratar. Tuvimos problemas con esto del huracán, pero el mismo proceso de reconstrucción de las comunidades debe servir para eso.
Quiere decir que con este Gobierno ustedes tienen la esperanza que un Gobierno Central se siente a conocer la Ley de Autonomía.
Sí. En 1987 en el período del Frente se logró aprobar la Ley de Autonomía. Entonces sí se logró aprobar y no se pudo implementar como quisimos, entonces deberíamos hacer realidad ese sueño ahora.
Si en el 87 se aprobó la Ley de Autonomía, 15 años después fue la reglamentación. ¿Qué ha cambiado en la Costa desde entonces?
(Calla y piensa) Tiene que ver con el discurso de la interculturalidad. Queremos una Nicaragua que se equilibre. Una balanza que sea igual para la Costa y el Pacífico, pero no de planes iguales porque los conceptos son otros, la manera de entender la vida comunitaria es otra. Tenemos que construir el reconocimiento y el respeto del otro. No es fácil.
El problema es que muchas veces los gobiernos repiten lo que ven. Estamos peleando para que no sea así. Por ejemplo, una universidad comunitaria con la Uraccan va a tomar mil años para que la vean a la par de una universidad nacional porque tenemos infraestructuras diferentes, hablamos diferente. Lograr que la balanza se incline va a tomar mucho tiempo.
Y hablando de las diferencias, se dice que en el Pacífico hay racismo con la gente del Atlántico, porque son negros, porque hablan distinto, tienen otras tradiciones. ¿Y no será lo mismo cuando alguien del Pacífico visita el Atlántico?
Nos desquitamos. (Ríe a carcajadas) Claro. Es lógico. Estamos en nuestro territorio y por mucho tiempo eso es lo que hemos recibido. Esa es la reacción. Además, nuestra historia es esa. La Costa y el Pacífico han peleado toda la vida. Dentro de la Costa Caribe hay racismo y tiene que ver con nuestra historia. Entre los indígenas miskitos y mayangnas hay un pleito fuerte. Sabés lo que nos junta a nosotros es cuando tenemos que pelearnos con el Pacífico, inmediatamente se nos olvidan nuestras diferencias. (Ríe) Es cierto. Por qué tenemos una oficina de la Uraccan acá, porque si no desaparecemos y las decisiones se toman desde aquí.
¿Es tratar de enfrentar al Pacífico desde aquí?
Sí, desde aquí.
Es unirse al enemigo.
(Ríe) No es tan categórico.