- Francisco Umbral falleció esta semana y era una de las figuras literarias más relevantes de la lengua española en las últimas décadas. Tenía numerosos reconocimientos, entre ellos, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1996) y el Premio Cervantes (2000)
A lo largo de su trayectoria profesional, Francisco Umbral demostró ser una de las miradas más incisivas y críticas de la sociedad contemporánea española, lo que nunca ha restado fuerza al sentimiento y al lirismo que impregnan sus libros.
La salud del artista, de 72 años, se resintió a partir del 2003 y en agosto de ese año tuvo que ser hospitalizado por una neumonía derivada de una operación intestinal. El mes anterior se le había sido extirpado una parte del colon.
Paco Umbral, cuyo nombre verdadero era Francisco Pérez Martínez, era un escritor y articulista de formación autodidacta. Nació el 11 de mayo de 1935 en Madrid y pasó su infancia y adolescencia en Valladolid, ciudad castellana donde tuvo su único contacto con un centro de enseñanza, entre los 10 y 11 años, del que le echaron y al que no volvió. Tres años después empezó a trabajar como botones de un banco.
Desde niño la lectura fue el centro de su vida. Según él mismo ha explicado, leía todo cuanto caía en sus manos, lo mismo le daba El Coyote que la Generación del 98. Con el tiempo sintió la vocación de escritor.
Conoció a Miguel Delibes y dio sus primeros pasos periodísticos en El Norte de Castilla (1958). El periodismo sería su profesión hasta dedicarse por entero a la narrativa.
Posteriormente colaboró con la revista Interviú, el diario El País (columnas Diario de un snob y Spleen de Madrid), Diario 16 y, desde 1990, en el rotativo El Mundo .
De sus libros publicados destacan: Tamouré (1965); Larra, Anatomía de Un Dandy (1965); Lorca, Poeta Maldito (1968); Memorias de Un Niño de Derechas (1972); Diario de Un Snob (1974); Crónicas Antiparlamentarias (1974); La Guapa Gente de Derechas (1975); Las Ninfas (1975); Mortal y Rosa (1975); El Hijo de Greta Garbo (1977); Los Ángeles Custodios (1978); La Bestia Rosa (1981); Diccionario Cheli (1983); Trilogía de Madrid (1984); El Socialfelipismo (1991); Tatuaje (1991); Madrid 1940. Memorias de Un Joven Fascista (1993); Las Señoritas de Aviñón (1995); Capital del Dolor (1996); La Derechona (1997); Valle-Inclán: Los Botines Blancos de Piqué (1997); El Socialista Sentimental (1999); Madrid, Tribu Urbana (2000); Un Ser de Lejanías (2001); ¿Y Cómo Eran las Ligas de Madame Bovary? (2003); Los Metales Nocturnos (2003) o Días Felices en Argüelles (2005).
Premio Cervantes
Autor muy querido por el público y la crítica, a lo largo de su dilatada carrera ha conseguido numerosos premios, entre los que destacan el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1996 y el Premio Cervantes de 2000.
Entre otros galardones que poseía se encuentran: el Premio Nacional de Cuentos Gabriel Miró (1964); Premio Nadal (1975) por Las Ninfas; Premio César Ruano de Periodismo (1980); Premio Mariano Cavia de Periodismo (1990); Premio de la Crítica de 1991 en Narrativa Castellana por Leyenda del César Visionario; Premio Juan Valera de Literatura Epistolar (1994); Premio Nacional de Periodismo de la Fundación Institucional Española (1994) o el Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos (1995).
También poseía el Premio Fernando Lara de novela (1997) por La Forja de Un Ladrón; el León Felipe a la Libertad de Expresión (1997); el Nacional de las Letras (1997); el Mesonero Romanos de Periodismo (2003) o la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid (2005).
Mordaz y crítico siempre con la sociedad en la que vivió. Siempre se caracterizó por tener la palabra oportuna en el momento preciso. He aquí algunas de sus declaraciones sobre el mundo literario.
Admirador de José Hierro
La poesía es mi género preferido. La poesía, en especial, la de José Hierro, me interesó siempre mucho. Fue un descubrimiento de juventud, y él y yo nunca dejamos de ser muy buenos amigos. Me decía en ocasiones, haz versos, tú eres poeta. Pero yo le recordaba que vivía de la prosa, que no podía perder el tiempo y las energías en hacer versos.
Sentimientos y pensamientos pueden ir unidos en el trabajo literario. Pero hay que tener cuidado con conceptos como el de intelectual comprometido. Esto se lo inventó Sartre y tuvo mucho éxito, pues los años del compromiso como palabra clave existieron realmente.
El arte, en general, no debe tener objetivos. En una ocasión llevaron al torero Guerra a un concierto de música sinfónica, y después le preguntaron qué le había parecido. Él contestó que le había gustado mucho, pero que no sabía qué se proponían los músicos que interpretaron el concierto. Había sentido el poder del arte, sin necesidad de que éste fuera acompañado de ideas o de objetivos más o menos útiles.
Yo he admirado siempre a Proust y a Valle-Inclán. El primero llevo a cabo una revolución absoluta de la novela. Los volúmenes de A la Búsqueda Del Tiempo Perdido son unas memorias, pero en éstas se anuncia la nueva novela europea. En Valle-Inclán, a su vez, todo se halla bien hecho el lenguaje, la trama, los personajes La diferencia principal entre ambos reside en el pulso. Proust era más lento, lo cual, entre otros, exasperaba a Ortega. Valle-Inclán, en cambio, era relampagueante, de párrafos cortos por eso hizo tanto y tan buen teatro. En cuanto a los autores que no me gustan, le diré solamente que aquellos que no me gustaban de joven, siguen sin gustarme. En general, ahora se escribe mal. Tal vez por influencia de los medios audiovisuales. Sin embargo, entre nuestros escritores hay que distinguir tres niveles: Primero, el del escritor que acierta en la escritura y en la redacción. Segundo, el del escritor que redacta correctamente pero no escribe. Y tercero, el del escritor que escribe mal y redacta mal.