Don Nelo, montado en “El Divorcio”, el macho que lo acompañó hasta al cementerio. (FOTOS LA PRENSA/REPRODUCCIÓN ORLANDO VALENZUELA)

Don Nelo: Un pícaro chontaleño

Nelo Bravo era un ganadero muy reconocido en Chontales, murió hace más de diez años, pero su recuerdo aún permanece vivo. Con relatos de su esposa e hijo, y de personas que lo conocieron supimos las anécdotas que le dieron fama a Don Nelo y su harén de vaquitas “Hípico, agricultor, banquero, partero, pendenciero, jodedor; […]

  • Nelo Bravo era un ganadero muy reconocido en Chontales, murió hace más de diez años, pero su recuerdo aún permanece vivo. Con relatos de su esposa e hijo, y de personas que lo conocieron supimos las anécdotas que le dieron fama a Don Nelo y su harén de vaquitas

“Hípico, agricultor, banquero, partero, pendenciero, jodedor; perro a las mujeres casadas, divorciadas, viudas, solteras, y niñas viejas”, decía la tarjeta de presentación de Cornelio Bravo González, mejor conocido como Don Nelo.

Sus familiares afirman que estos adjetivos le calzaban a la perfección y quienes lo conocieron lo describen como una persona simpática, humilde y muy bromista, a quien le gustaba hacer reír a la gente y desfilar en los hípicos montado en El Tunante, un caballo de madera que compró en Masaya.

No culminó la secundaria, porque se escapó del Colegio Centro América de Granada, siguiendo sus ambiciones de ser un “finquero”. Llegó a ser uno de los ganaderos más acaudalados de Santo Tomás y tenía tanto ganado que no le cabía en sus haciendas.

Cada vaca tenía su propio nombre, que provenía de una anécdota o situación específica que se viviera en el país. Tenía la capacidad de recordar todos los nombres y reconocer a las vacas por determinadas señas que estas tuvieran.

Cornelio Bravo Miranda, su hijo, afirma que más que los bienes materiales que le dejó su padre, la mejor herencia han sido los amigos, el prestigio y el respeto que inspira el nombre de Nelo Bravo.

LA CANCIÓN

Existe una famosa canción, interpretada por Carlos Mejía Godoy, en la que se recita una retahíla de vacas que tienen nombres particulares.

Según su hijo, eran nombres de vacas que recitaba el padre Azarías H. Pallais, quien era muy amigo de Don Nelo y que siempre pasaba por Chontales a tomarse unos tragos de limonada cimarrona.

Posteriormente, Mejía le puso música y hasta ahora, La Blanca Reyna, La Guitarrona, La Nagua Chinga, La Culo Loco, La Tres Pedos, La Calzón Flojo, La Cachito Izquierdo y La Volveme a Ver de lado, pasaron a formar parte del harén de vacas que constituían una segunda familia para Don Nelo, a la par de machos y caballos que llevan los nombres de Constitución, Divorcio, Borracho y Parlamento.

GRATOS RECUERDOS

En el centro de Managua, en una casa que conserva el estilo de vida de una hacienda, encontramos a Soledad Miranda, la esposa de Don Nelo, conocida cariñosamente como “La Cholita”; una señora que sobrepasa los ochenta años de edad y que se alimenta de recuerdos en los que Nelo Bravo es el principal protagonista.

“Le gustaba enamorar a las mujeres, al principio me ponía celosa, después me acostumbré y le seguía la corriente”, comenta “La Cholita”, quien además cuenta que en los hípicos buscaba a una mujer bonita y la llevaba donde ella, “me presentaba como que yo era su tía”, dice entre risas y dejando escapar uno que otro suspiro, mientras observaba un retrato de su esposo que cuelga en la pared.

RECUERDOS TOMASINOS

Cuando uno llega a Santo Tomás y pregunta por Nelo Bravo, cada quien cuenta una historia en la que se deja entrever el gran sentido del humor del que éste gozaba.

Encontramos a Olga Bravo, una señora que compone y recita coplas a partir de cualquier palabras que le digan. Es prima hermana de Don Nelo y afirma que ella, su primo y toda la familia, de Bravo únicamente tienen el apellido.

“Para los hípicos, Nelo compraba una bacinilla, la llenaba de cerveza y le ponía unos pedazos de salchichas; se lo bebía en el desfile y gozaba viendo las reacciones de la gente”, cuenta doña Olga.

SU MUERTE, UNA GRAN PÉRDIDA

Nelo Bravo González murió en mayo de 1993. En el pueblo se comenta que todo el mundo lo lloró y sintieron que con su muerte se perdía un pedazo de Santo Tomás.

“Cuando murió Nelo, iba el macho que se llamaba Divorcio, llevaba el capote, las botas guindadas en los estribos y el sombrero en medio; era todo lo que él usaba cuando montaba”, concluye Olga con un deje de tristeza, para luego recitar una copla que hacía alusión al funeral, y que dice:

Las bombas de Nelo Bravo,

no se pueden olvidar,

aquí está su prima hermana, que los hará recordar

Nelo Bravo tenía un macho,

que se llamaba Divorcio,

el día que a Nelo sepultan,

el Divorcio lo acompañaba; las botas, el capote y el sombrero,

el Divorcio las llevaba,

y el pueblo estaba triste

y mucha gente lo lloraba.

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