- El amor verdadero que apuntala los matrimonios sólidos es el de compañeros más algo de pasión
Mucho se ha escrito sobre cuáles son los factores que hacen que un matrimonio resista el paso de los años y mucho sobre cuáles son los aspectos que lo minan y acaban echándolo por la borda.
¿Será haber vivido juntos antes de casarnos? ¿Será que nos abstuvimos? Tal vez es la tolerancia o bien los intereses en común o quizás la clave es ser igual a mi cónyuge o bien diferente pero en el fondo un poquito igual. Depende. Es relativo, como todas las cosas que nos atañen a los seres humanos. Es un asunto de muchos colores.
Una teoría que creo está bastante superada ya es que los conflictos constantes en una relación íntima, como es el matrimonio, llevan a la debacle. Sin embargo, en el caso de la comunicación, ha sido comprobado que el conflicto es inherente a toda relación íntima y que lo realista para una pareja es aceptar que estos existen pero saberlos manejar teniendo un resultado provechoso y no destructivo.
Los investigadores del amor, Ellen Berscheid y Elaine Walster, nos hablan del matrimonio a la luz de descubrimientos que indican que en una relación de este tipo hay dos clase de amores. El primero es el amor apasionado y el segundo, el amor de compañeros.
El primero es similar a una droga (bienestar eufórico, a veces descrito en términos sexuales). Este tiene un punto elevado y lógicamente no puede mantenerse por siempre. El amado cae del pedestal y es cuando súbitamente uno se da cuenta de que él o la que ronca a nuestro lado no es el príncipe ni la princesa soñada. Es decir, la magia concluyó. El amor apasionado no se convierte necesariamente en amor de compañeros.
Los dos afirman las estudiosas corresponden a procesos completamente separados con diferentes tiempos de curso. El amor verdadero que apuntala los matrimonios sólidos es el de compañeros más algo de pasión. Si lo vemos desde el punto de vista de pasión, puede ser que nunca alcance la intensidad del amor apasionado pero sí puede durar toda una vida.
Este último es el caso de las parejas que vemos aún enamoradas pese a estar peinando canas. Es una mezcla de amor y compañerismo. Si pudiésemos graficarlo, el primero se vería como una raya en un punto elevado que poco a poco desciende en la tabla. El amor de compañeros, por el contrario, su raya iniciaría baja y su ascenso seria gradual, más continua pero más permanente.
Se ha querido muchas veces definir al verdadero amor como una pasión eterna, lo que biológicamente, está comprobado que es imposible. Hollywood, por ejemplo, ha alimentado precisamente este mito, aunque creo que también ya está siendo más realista.
En resumen, lo que pareciera tener sentido es que debemos distinguir entre estos dos tipos de vertientes en nuestra relación íntima de pareja teniendo en cuenta que si queremos que dure, debemos movernos rápidamente a ser compañeros, con pasión, pero también con un sólido compromiso.
*La autora es periodista y Magíster en Comunicación de la Universidad Southern Illinois. Escríbanos a [email protected]