- Se debe creer siempre en uno mismo, no importa lo que digan los demás, eso es clave para el autoconcepto
Recientemente celebrando el cumpleaños de dos buenas amigas nos tocó el turno de decir unas palabras de aprecio.
Mientras escuchaba a las asistentes que me antecedían me llamó intensamente la atención que todas repetían cuanto aprecio sentían por todas y cada una del grupo. Era en un contexto de trabajo, y pensé que hermoso es cuando se trabaja y se pasan hasta 10 horas rodeado de gente que se aprecia entre si. Cosa muchas veces muy difícil de lograr.
Escuchando esto se me vino a la mente un discurso muy famoso, que está catalogado entre los 100 mejores discursos del siglo XX. Son las palabras dadas por Bárbara Bush, esposa del ex Presidente norteamericano Geroge Bush y madre del actual mandatario también norteamericano, ante la clase de graduandas del 90 del Weslley College, uno de los colegios estadounidenses más famosos de solo mujeres por cuyas aulas han pasado una gran cantidad de lideresas políticas, de negocios, y demás de dicho país. (En Nicaragua tenemos -hasta donde sé- a una graduada de esta prestigiosa institución, la licenciada Dania Baltodano, gerente general de Cisa Expo).
El tema es que en su discurso, la señora Bush se enfoca en dos aspectos, que creo son importantes y que muchas veces se soslayan en nuestro diario trajinar: el primero, que una debe creer siempre en uno mismo, y lo segundo, que lo más importante son los vínculos que creamos con nuestros semejantes.
Para tratar el primer tema, refirió una anécdota en la cual un profesor de escuela hablaba con sus pequeños alumnos sobre los duendes, faunos, unicornios, pegasos y demás seres mitológicos o fantásticos concluyendo que estos por supuesto, no existían. En eso una pequeña levantó la mano, y expresó: Pero y las sirenas, esas sí existen, a lo que el profesor contestó, que esas por supuesto tampoco existían. La niña de inmediato le respondió, claro que existen, yo soy una.
El fondo del asunto es que para la niña ella era en realidad una sirena, no le importaba qué pensaban los demás y con la inocencia de sus años lo decía en alto y voz firme. Ella creía en ella misma, convencida de que no importara lo que dijeran, ella era una sirena.
¿Cómo se aplica esto a nuestro diario vivir?. Que uno debe creer siempre en uno mismo, no importa lo que digan los demás. Este creer en uno mismo es el fundamento de nuestro auto concepto, del que depende nuestra autoestima y por ende nuestra auto confianza.
No importa que nos quieran anular o minimizar diciendo que no existimos como nos vemos. Si pensamos que somos sirenas, somos sirenas, si pensamos que somos buenos profesionales, lo somos, si pensamos que somos importantes, lo somos, no importa cuál sea nuestro lugar en la sociedad, en la casa, en la universidad o en el trabajo.
El segundo mensaje de la señora Bush, es que el día de mañana no nos lamentaremos de la serie de tareas que no hicimos y de todo el estrés que estas conllevan. Lo que nos dolerá al pasar los años es no habernos vinculado más como seres humanos, creando los lazos verdaderamente importantes que dan sentido a la vida, que son la base de las relaciones entre las personas, vínculos que crean aprecio, amistad, amor, cariño y solidaridad.
Esta perspectiva que suena tan fácil es difícil de llevarla a cabo en la práctica. De manera inconsciente, casi como autómatas nos lanzamos todas las mañanas a nuestros quehaceres y muchas veces no reparamos en que descuidamos lo que a largo plazo es lo importante.
He pensado reiteradas veces en las palabras de este sencillo, pero impactante discurso. Un mensaje que sin lugar a dudas es atinado no solo para las graduadas de Weslley sino para todos los que vivimos corriendo y para quienes muchas veces nos cuesta ser la persona que creemos que somos porque para el mundo no existimos.
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* La autora es Magíster en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Southern Illinois y catedrática de Comunicación de la Thomas More Universitas.