- Nuestros indígenas consideraban la guerra como sagrada. Diriangén y Nicaragua encabezaron la guerra de resistencia contra los invasores españoles. La mayoría de las rebeliones fueron en Sutiaba. El presidente Pedro Joaquín Chamorro Alfaro decretó el primer servicio militar obligatorio. Con el presidente José Santos Zelaya el 10.19 por ciento de la población fue parte del Ejército. Para los norteamericanos Somoza García era garantía de que la Guardia no sería partidaria.
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Sobre las guerras entre niquiranos, chorotegas, chontales y caribisis, hasta los combates del Ejército Popular Sandinista y la Resistencia Nicaragüense, por primera vez se publica en forma profesional la Síntesis de la Historia Militar de Nicaragua escrita con acuciosidad por el teniente coronel Francisco Barbosa Miranda.
Nuestra historia tiene la debilidad de haberse escrito, en un buen porcentaje, en forma tendenciosa según la línea partidaria del historiador. No debe extrañar que el mismo hecho tenga versiones diferentes, así haya sido obra de Jerónimo Pérez, José Dolores Gámez, Tomás Ayón o Francisco Ortega Arancibia.
La tendencia histórica es confrontativa, Diriangén y Nicaragua, Anastasio Somoza García y Augusto C. Sandino. Los períodos de 1979 a 1990, los últimos 16 años, caen bajo la misma concepción, al extremo que nuestros programas escolares están al vaivén de la clase política gobernante que minimiza o exalta hechos y personajes, creando el desconcierto entre los estudiantes.
HISTORIA MILITAR
Antes que el teniente coronel Barbosa Miranda, el doctor Emilio Álvarez Montalván escribió Las Fuerzas Armadas en Nicaragua, Sinopsis Histórica: 1821-1994. La obra recién editada tiene una presentación del General de Ejército, Moisés Omar Halleslevens Acevedo, actual Comandante en Jefe del Ejército de Nicaragua y un prólogo del doctor Jorge Eduardo Arellano, Secretario Ejecutivo de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.
Basado en la obra de Tomás Ayón, el teniente coronel Barbosa Miranda, señala que para las tribus que habitaban Nicaragua antes de la conquista española “la guerra era sagrada, ya que los muertos recibían el premio eterno al lograr la purificación y la ocupación de un lugar al lado de los teotes o dioses”. El cargo del capitán para dirigir la guerra era por elección del Consejo de Ancianos y tenía mucha importancia en la estructura social de los pueblos indígenas.
A partir de 1523 que llega a Nicaragua el conquistador español, Gil González Dávila, cambió el sistema militar, pues de guerras entre los pueblos, se convirtió en una guerra de resistencia. Desde entonces nuestra historia es tergiversada por los cronistas que frecuentemente omitieron los métodos bárbaros de los invasores. La mayor resistencia la opusieron los caciques Diriangén y Nicaragua, quienes no son los dóciles personajes que algunos historiadores pretenden.
El indígena no se sometió al invasor, la diferencia estuvo en las armas, nuestros indígenas tenían arcos de madera y flechas con puntas de huesos, lanzas también con huesos, macanas y especies de espadas de madera con dientes de pedernal y frágiles escudos. Los españoles en cambio trajeron armas de fuego, el arcabuz y la escopeta, la ballesta, lanzas y espadas, armadura y escudos de metal y algo que fue determinante en los combates: el caballo.
Las enfermedades, más que las guerras diezmaron a la población, según la versión de David R. Radell, citado por el doctor Jaime Incer Barquero, en su obra Viajes, Rutas y Encuentro 1502-1538, la población aborigen que al inicio de la conquista era de un millón, en sesenta años disminuyó a 10,000.
REBELIONES EN SUTIABA
La obra del teniente coronel Barbosa Miranda rescata las rebeliones indígenas. La del pueblo de Sutiaba en 1681, la de Sébaco en 1693 y de nuevo Sutiaba en 1725 junto con el pueblo de El Laborío. En esa ocasión la sublevación duró casi dos meses, el 7 de julio llegó el Gobernador de la Provincia, don Antonio Poveda y Rivademeira; por la noche, cuando estaba en la Casa del Ayuntamiento fue asesinado por un grupo de desconocidos.
Otro hecho que se rescata en la obra es la sublevación de la tribu de los boacos en las regiones de Chontales y Matagalpa, jefeados por el cacique Yarrince. Para enfrentar la rebeldía de los indígenas, los españoles crearon una estructura militar conocida como Compañías de Conquista, una especie de EEBI, en la guardia somocista, fueron una fuerza de aniquilamiento de los indígenas, desde entonces habían operaciones limpieza en contra de nuestro pueblo.
En los años 1811 y 1812, hubo varios movimientos populares en contra de los españoles que tenían grandes privilegios. Se dieron luchas en León, Masaya, Granada y Rivas. En Granada, la sublevación terminó cuando el 24 de abril de 1812 se firmó un acuerdo entre el jefe español, Pedro Gutiérrez y el presbítero José González; se garantizaba respeto a la vida de los rebeldes y se daba una amnistía general.
Este acuerdo fue desconocido por el Capitán General de Guatemala, José de Bustamante y Guerra, ordenó capturar a los principales cabecillas que fueron desterrados, la mayoría a Guatemala, algunos hasta España y África, donde muchos murieron. En este proceso judicial fue condenada doña Josefa Chamorro Lacayo, a quien se le confiscaron sus bienes. La historia nacional debe hacer justicia a esta mujer que participó en la lucha preindependentista.
Desde el punto de vista militar la declaración de Independencia del 21 de septiembre de 1821 no tuvo mayor trascendencia. Es a partir del 4 de julio de 1822 que se inició el período conocido como de la anarquía. Se da en 1823 el golpe militar encabezado por Cleto Ordóñez, las guerras civiles de 1824-1825; la de Cerda-Argüello 1827-1829; la guerra que involucra a Nicaragua, Honduras y El Salvador; la Guerra de Malespín en 1844-45; se había dado la toma de San Juan del Norte por tropas inglesas. La obra del teniente coronel Barbosa Miranda señala una serie de hechos donde prevalecieron los llamados “señores de la guerra”, entre ellos Bernabé Somoza y José María “Chelón” Valle.
En la obra del doctor Álvarez Montalván, sobre estas bandas armadas expresa: “Inventaban sus uniformes, charreteras y grados militares. Dependían de una soldadesca descalza y analfabeta reclutada a la fuerza, o atraída por la ilusión de participar en saqueos, pues no había sueldo asegurado. Sólo los oficiales cabalgaban, jinetes en albarda de cuero crudo, con el rifle de chispa y el calabazo, terciados a la espalda. Los morteros de aquel tiempo proyectaban sus bombas tirándolas al cálculo con escasa puntería. La mayor parte de los combates se decidían en luchas cuerpo a cuerpo, donde el machete o la lanza jugaban un importantísimo papel. A esa manera rudimentaria de hacer la guerra le siguieron los esbozos de ejércitos más formales, financiados por los sectores económicos pudientes que buscaban afianzar la paz y el orden en representación de su respectiva ciudad. Eran ejércitos jefeados por caudillos de los estratos sociales económicamente fuertes, procedentes de las ciudades principales y rivales: León y Granada”.
En 1854 se da la guerra civil entre democráticos y legitimistas. En febrero, el general Fruto Chamorro Pérez, Director Supremo del Estado de Nicaragua, se convierte en el primer Presidente, el Estado pasa a ser República. Con la batalla de El Pozo, el 13 de mayo en León, comienzan los combates. En octubre se firma el contrato entre el licenciado Francisco Castellón por los demócratas y Byron Cole que a su vez involucra al filibustero William Walker. En este período hubo destacados militares como el general José Trinidad Muñoz.
Esa situación llevó a la Guerra Nacional contra Walker, en la que destacó el 14 de septiembre de 1856, la batalla de San Jacinto, al mando del entonces coronel José Dolores Estrada Vado. Antes el 12 de septiembre, en León, se había firmado el Pacto Político Nacional Providencial, entre democráticos y legitimistas, encabezados por los generales Máximo Jerez Tellería y Tomás Martínez Guerrero. El 1 de mayo de 1857, irónicamente, Walker se rinde al comandante de la nave militar norteamericana Saint Mary’s. Termina así la Guerra Nacional. En un nuevo intento de invadir Nicaragua, Walker es capturado en Honduras y fusilado en Trujillo, el 12 de septiembre de 1860.
LOS EJÉRCITOS CONSERVADORES
El mérito de la obra del teniente coronel Barbosa Miranda es que esta síntesis de la historia militar de Nicaragua, está ordenada y condensada, se puede, mediante las fuentes consultadas y que están en la página 69, ampliar el conocimiento más allá de lo que la obra comprende. Después del gobierno binario de los generales Máximo Jerez Tellería y Tomás Martínez Guerrero, se inicia la primera estructuración militar; según el Decreto del 22 de noviembre de 1858.
En 1867 se promulgó el primer Código Militar, redactado por el doctor e historiador Tomás Ayón. Durante el gobierno del general Pedro Joaquín Chamorro Alfaro se estableció el servicio militar obligatorio. Con el presidente Joaquín Zavala Solís, el Ejército, según la obra se dividió en tres fuerzas: La de Operaciones, entre las edades de 16 y 35 años, la Reserva con los retirados de Operaciones hasta los 45 años, la Guardia Nacional con licenciados de la Reserva hasta los 55 años. Se dio en esta administración la sublevación indígena de Matagalpa, entre el 30 y 31 de marzo de 1881, provocada por los desmanes en la instalación del tendido telegráfico. Hubo muchos indígenas capturados y fusilados.
En el gobierno del doctor Roberto Sacasa Sarria se construyó el Fortín de Acosasco en León, lugar de la última resistencia del gobierno de su hijo Juan Bautista, cuando el golpe de Estado de Anastasio Somoza García. También se construyeron el Cuartel Militar y el Hospital Militar, en Managua. El 28 de abril de 1893 se dio el levantamiento encabezado por el general Joaquín Zavala. El 11 de julio de 1893 entró la Revolución triunfante a Managua con el general José María Zelaya López.
PRIMERA ACADEMIA MILITAR
El general José Santos Zelaya López realizó reformas constitucionales, el Código y la Ordenanza Militar le permitieron fortalecer el poder como Presidente de la República y Jefe Supremo Militar. Mejoró la preparación de los oficiales del Ejército, trajo instructores chilenos y alemanes. El Ejército se componía de la Fuerza Permanente, Milicia y Marina Nacional. Con excepción de la Milicia, en los otros cuerpos militares estaban obligados a servir los nicaragüenses entre 17 y 50 años.
En 1901, el Ejército de Nicaragua estaba compuesto por 6,797 oficiales y 34,000 soldados, sin tomar en cuenta las Milicias y la Reserva. Había una población de 400,000 habitantes, el Ejército representaba un 10.19 por ciento. Entre los militares que más se destacaron en los gobiernos zelayistas figura el doctor y general Benjamín Francisco Zeledón Rodríguez, participó muy joven en la Batalla de Namasigüe, del 17 al 30 de marzo de 1907, en Honduras.
En su obra, el teniente coronel Barbosa Miranda, le dedica una amplia mención a la personalidad del general Zeledón, a la llamada “Guerra de Mena”, a las batallas de Tisma y Managua, al combate del 4 de octubre de 1912 en el cerro El Coyotepe, en Masaya, la muerte y la pasada del cadáver, en una carreta, por Niquinohomo donde lo vio el joven Augusto C. Sandino, hecho que sería determinante en su vida.
LA CONTABULARIA
En la obra se explica la creación de la Contabularia durante el gobierno del doctor Carlos J. Solórzano, mediante el Decreto del 15 de mayo de 1925. Se inició con 270 miembros. Igual que la Guardia Nacional, la Contabularia se politizó y se enfrentó a las tropas de las fuerzas militares llamadas constitucionalistas que las derrotaron, en mayo de 1927 dejó de existir.
Antes de la Guardia Nacional estaba el Ejército Regular con una Guardia de Honor Presidencial y patrullas en Managua. Estaba compuesta por militantes del Partido Conservador afines al general Chamorro Vargas. Las instalaciones militares estaban en el Campo de Marte y la Explanada de la Loma de Tiscapa. Esta situación determinó el golpe de Estado dado por el general Chamorro al presidente Solórzano, el 25 de octubre de 1925, conocido como “El Lomazo”.
La Guerra Constitucionalista no sólo fue una guerra civil, sino que propició una nueva intervención de las fuerzas militares norteamericanas en Nicaragua, obligando al Pacto conocido como del Espino Negro, el 4 de mayo de 1927 en Tipitapa, entre el general José María Moncada Tapia y Henry L. Stimpson. Se aseguró la Presidencia para el jefe militar liberal y la del futuro Jefe Director de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García. Ese día es conocido como “Día de la Dignidad Nacional”, por haberse iniciado la lucha del general Augusto C. Sandino.