Cuatro perros calientes para Gong Li
La Emperatriz está enferma. Sin ningún esfuerzo transpira, pierde el equilibrio, se desvanece, sufre dolores de cabeza y además, debe lidiar con el Festival de los Crisantemos y ha pasado varios días bordando flores como si con cada una lograra vencer el malestar que la aqueja.
Su esposo, un hombre muy estricto, se preocupa por ella. Esa anemia que no se le cura, las múltiples decisiones que toma a diario en su dominio y el futuro de sus hijos, la tienen mal y para eso, el Emperador le administra un té que la curará de sus dolencias que amenazan con limitarle su vida.
Todo marcha bien hasta que la Emperatriz se da cuenta que ni el té es para curarla ni su esposo desea que se mejore y en silencio, comienza una venganza para darle una bofetada a quien le ha mentido.
El director Zhang Yimou junto a su musa Gong Li, quien ha participado en varias de sus cintas, nos lleva a un mundo en el que no debemos dejarnos llevar por la tranquilidad de los pasillos del imperio, la sumisión de los súbditos ni la lealtad de los soldados.
Es una película que combina desde las artes marciales hasta las habilidades de lo perverso con una Emperatriz demasiado enojada para ver que su plan no surtirá el efecto deseado y con un Emperador tan arrogante que no le importa cómo terminen sus hijos en esta aventura en la que los crisantemos acabarán derramando la sangre de diez mil flores.
La cinta tiene una atrayente decoración, buena trama y un final que no es el acostumbrado de Hollywood pero cae en presentarnos la violencia como algo tan ardiente, descarnado y expuesto que no se sabe si a uno le caerá una lanza o terminará triturado por la pared de puntas afiladas.
En esta feliz familia se combina desde el envenenamiento hasta el incesto, la rabia y la locura, la prepotencia y sumisión. Y lo mejor es que veremos a Gong Li darnos una cátedra de actuación a como lo ha hecho en la ya clásica Linterna Roja de 1992, en Memorias de una Geisha del 2005 y este año en La Maldición de la Flor Dorada y la que está por venir Aníbal, el Origen del Mal.