El Último Rey de Escocia

Cuatro perros calientes para Forest Whitaker El encontrarme con Gillian Anderson en El Último Rey de Escocia me produjo un cosquilleo en el estómago como esa sensación de muchos años después ver en una vuelta de esquina a aquella ex novia que no se pudo olvidar. Anderson fue mi primer amor de la gran pantalla, […]

Cuatro perros calientes para Forest Whitaker

El encontrarme con Gillian Anderson en El Último Rey de Escocia me produjo un cosquilleo en el estómago como esa sensación de muchos años después ver en una vuelta de esquina a aquella ex novia que no se pudo olvidar. Anderson fue mi primer amor de la gran pantalla, antes, incluso de mi Nicole. Con Anderson descubrí el azul misterioso de los Expedientes Secretos, los gestos de desconfianza que siempre le hacía al agente Mulder, su enamorado rostro y una figura celosamente guardada en esos trajes oscuros.

Pero ¡Oh Dios mío, qué le han hecho a Anderson!, después de siete años de haberla perdido de vista, de no saber nada, nadita de ella, la descubro en puros huesos y como si hubiera salido de una mazmorra.

¿Cómo fue posible un cambio tan drástico en su cuerpo? En verdad que está bastante delgada, tanto que poco queda de aquella agente Scully con unos cachetes demasiado desinflados y un rostro que parece haber sobrevivido a un atropello.

Aún así, disfruté a Anderson los pocos minutos que le dieron en este filme cuya historia es basada en la vida de Idi Amín, el Presidente de Uganda de los años setenta, donde durante su régimen de nueve años aterrorizó, torturó y asesinó a 300 mil personas.

Amín fue considerado tan cruel y despiadado como José Stalin, Adolfo Hitler, Pol Pot y Ilse Koch, criminales que se encargaron de carnicerías en sus países.

La actuación de Forest Whitaker fue muy buena mostrando al león y el niño malcriado que era Amín, a quien sus rabietas terminaban con no menos de diez muertos y estoy convencido que se acertó en haberle dado el Óscar al Mejor Actor.

Sobre la película, lo más desagradable es la música que fue usada en exceso y con poca estrategia, un elemento desafinado en una historia que no ameritaba tanta presión porque la locura de Amín era suficiente para darnos repulsión y horror.

La producción está basada en la novela de Giles Fonden que lleva el mismo título y en la que se narra la travesía de un doctor que llega a Uganda para ayudar a enfermos y tener algunas buenas aventuras, pero su vida le da vuelta al verse atraído por Amín hacia un infierno de desapariciones, complots y desmoronamiento de su propia moralidad.

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