La semana de trabajo de 40 horas está muerta. Pero los empleados no sólo están trabajando más. Están laborando en empleos extremos, con más de 60 horas por semana y soportando exigencias de los clientes 24 horas al día, siete días por semana, plazos más difíciles de cumplir que nunca y flujos de trabajo impredecibles.
Y sin embargo, de manera extraña, muchos trabajadores no se sienten explotados sino exaltados. Algunos adoran el desafío intelectual y la excitación de conseguir algo grande. Otros disfrutan de los grandes paquetes de compensación y el estatus que obtienen.
Esos trabajos extremos alientan el poder competitivo de muchos países, surgiendo en industrias tan diversas como servicios financieros, consultoría, medicina, leyes y manufacturas.
Aún así, Hewlett y Luce ven que hay peligros futuros, como problemas de salud y aflicciones familiares para esos trabajadores extremos, además de una erosión de la producción corporativa cuando éstos sufren un inevitable agotamiento físico o deciden irse a otros empleos que no les exigen tanto.
Tal vez los trabajos extremos pueden enriquecer a su empresa en el corto plazo. Pero ¿puede soportar los costos en el largo plazo?
¿CUáN EXTREMOSSON LOS TRABAJOS EN SU COMPAÑÍA?
Además de las semanas laborales de más de 60 horas, las demandas de los clientes, 24 horas por día, siete días a la semana, impredecibles flujos de tareas, y plazos muy firmes, muchos trabajos extremos tienen estas características:
— Una exorbitante gama de responsabilidades
— Eventos relacionados con el trabajo fuera de las horas regulares de trabajo
— Responsabilidad por ganancias y pérdidas
— Responsabilidad por el reclutamiento y asesoramiento de empleados
— Buena cantidad de viajes
— Gran cantidad de subordinados
— Presencia física en el sitio de trabajo de más de 10 horas por día
¿POR QUÉ EL AUMENTO DE LOS TRABAJOS EXTREMOS?
Una serie de corrientes ha propulsado la proliferación de trabajos extremos:
—Presiones competitivas. Al disminuir las posiciones en cargos ejecutivos (gracias a la manía de la fusión) y al influjo de talento (como resultado de los esfuerzos de diversificación), se ha intensificado la competencia por trabajos de alto nivel. Muchos sienten una poderosa motivación para trabajar más a fin de obtener los puestos más redituables.
—Los valores del “extremo”. Muchas personas aceptan esos valores “extremos” que se diseminan en la sociedad. Eso se ejemplifica en deportes, donde lo importante es buscar algún tipo de excitación particular, o en los programas de televisión donde se realiza toda clase de proezas. Eso se ha infiltrado en las empresas, haciendo de los trabajos extremos algo glamoroso y deseable.
—Tecnologías de comunicación. La tecnología ha cambiado las expectativas y la conducta de las personas. En lugar de poner límites a sus empleos están constantemente pegadas a sus teléfonos celulares y a sus Blackberries.
— El trabajo como centro social. Cuando los mejores amigos de una persona y los encuentros más estimulantes se hallan en la oficina se sienten felices de trabajar hasta altas horas de la noche. Su familia y sus vidas personales se atrofian. El trabajo, no el hogar, se convierte en el sitio donde las personas consiguen admiración y respeto.
— Más trabajo que se basa en el conocimiento. Las corporaciones están ahora repletas de personas que usan sus cerebros más que su musculatura. Disfrutan intercambiando ideas con sus iguales y descubren que las largas horas de trabajo, lejos de ser dolorosas, son estimulantes.
— Globalización. A medida que las empresas amplían sus operaciones a nivel global, la necesidad de supervisar la tarea en múltiples husos horarios se expande. Y eso aumenta los requisitos de viajes y de horas extras de trabajo por parte de los gerentes.
¿EXISTE UN LADO OSCURO?
Varias estadísticas revelan el lado oscuro de esos trabajos extremos:
— El 36 por ciento de los trabajadores en empleos extremos, entre los 25 y los 34 años de edad, dicen que les gustaría abandonar el trabajo en el lapso de un año.
— El 69 por ciento de los entrevistados en la encuesta de los autores dicen que estarían más sanos si trabajaran menos.
— El 58 por ciento cree que trabajos extremos afectan sus relaciones con sus hijos.
— El 65 por ciento de los entrevistados dijo que rechazarían una promoción si les exigían más de su energía.