Hace poco menos de dos meses que el Gobierno que preside el comandante Daniel Ortega tomó las riendas de la política económica del país.
Durante este corto tiempo, los nicaragüenses hemos sido testigos de algunas medidas que pueden darnos una idea de hacia dónde desea dirigir el comandante Ortega la economía. Aunque el Gobierno no ha decretado lineamientos oficiales de política económica (cosa que en sí es muy criticada), sus hechos nos revelan claras intenciones izquierdistas.
Estas medidas han sido blanco de todo tipo de críticas de nuestros criollos analistas económicos. Algunas han sido buenas, otras malas, pero todas con una posición clara de lo que debería hacer y lo que no debería hacer el Gobierno. Todos aquellos que comentan sobre las políticas económicas del Gobierno parecen estar muy convencidos de lo que es correcto e incorrecto de hacer en esta materia.
El lector ávido de las noticias económicas y que se enorgullezca de ser imparcial y objetivo en su juicio, usualmente se siente frustrado al oír por un lado a economistas que se dicen de izquierda elogiando e incentivando las políticas del Gobierno y a los economistas que se dicen de derecha criticando hasta más no poder estas mismas políticas. Surge entonces la pregunta… ¿Quién tiene razón y quién está equivocado? Ambos grupos de analistas presentan fuertes y convincentes argumentos. De nuevo, y al igual que las críticas, algunos malos y otros buenos, pero todos lógicos desde sus respectivos puntos de vista.
Si intentamos hacer una simple comparación entre la forma de pensar de los economistas de un grupo con la del otro, para tratar de comprender la base de sus diferencias, veríamos que las raíces de tales diferencias son más ideológicas que científicas o técnicas. Aún cuando ambos grupos de economistas afirman tener las teorías económicas respaldando sus argumentos, realmente se refieren a teorías muy diferentes, cuya validez es más subjetiva que objetiva.
Empecemos con la derecha. Las ideas de los economistas de derecha, las cuales son tildadas de neoliberales por los economistas de izquierda, se basan en los planteamientos de Milton Friedman, recientemente fallecido, quien recibiera el Premio Nobel en Economía en 1976. Estas ideas plantean la privatización de las empresas estatales, las reducciones de trabas a la inversión privada, y en resumen la no intervención del Estado en la economía.
Para los economistas de derecha, las variables importantes son el crecimiento económico, la inflación, el desempleo y otras más que pueden ser medidas cuantitativamente. Por tanto, es a estas variables que los economistas de derecha le prestan atención a la hora de recomendar políticas económicas. Para un economista de derecha lo importante es que exista el crecimiento económico, no importa cómo se distribuya este crecimiento. De la misma manera, lo que le importa es que se reduzca el desempleo, no importa si es a través de zonas francas que paguen salarios miserables y mantengan altos los niveles de pobreza.
En cuanto a política económica se refiere, estas ideas de derecha han sido refinadas por los trabajos de Robert Lucas (1976), Finn Kydland y Edgard Prescott (1977) y Robert Solow (1956). Las conclusiones de los trabajos de estos teóricos son las formulaciones de política económica que recomiendan los economistas de derecha. Estas formulaciones a su vez, pueden resumirse en cuatro: 1) La política monetaria debe orientarse a mantener las tasas de interés bajas para favorecer la inversión privada. 2) Las tasas de impuestos deben ser constantes a través del tiempo. 3) Los impuestos a los ingresos de capital (léase a los dueños del capital) deben ser nulos y 4) Las retribuciones en deudas e impuestos deben de fluctuar para proveer seguridad contra choques adversos. Cualquier recomendación contraria a estos cuatro puntos es inmediatamente condenada por un economista de derecha.
Estas ideas son representadas en nuestra vida nacional por aquellos economistas educados en Estados Unidos o en Chile. Para ellos estas ideas son “leyes” rígidas que representan una verdad absoluta tan certera como la ley de la gravedad. Encuentran inaudito e increíble que alguien pueda recomendar hacer o hacer algo que vaya en contra de eso. No es de extrañar que tilden de incapaces o incluso de ignorante a alguien que intente hacer lo contrario. Justamente así piensan los economistas del FMI con los cuales las autoridades de este Gobierno deberán de negociar, y sin duda así piensan nuestros analistas criollos de derecha que habrán de juzgar tales negociaciones.
Los economistas de izquierda por el contrario, fueron educados en su mayoría, en el bloque socialista o en Cuba. Sus ideas, el cristal con el que miran e interpretan la realidad, se basan en los aportes de Karl Marx y Vladimir Ilich Lennin. Estas ideas fueron reafinadas por los académicos soviéticos que pertenecían a la Academia de la Ciencia de la URSS, y a alguna que otra universidad de Europa del este. Por ejemplo, Nikolay Tsagolov (1973), quien fuera uno de los mayores difusores del análisis económico marxista. Para estos economistas las variables clave son la centralización y concentración del capital. Para ellos lo importante es la distribución del excedente social más que su producción la cual está, de todas formas, fijada y determinada por un organismo central de planificación.
Estos economistas proponen políticas que mejoren la desigualdad en la distribución de la riqueza. Para ellos si se garantiza una correcta distribución, entonces el desarrollo se presentará por igual al tener todos iguales oportunidades de trabajar y producir más. Así, la producción aumentará y tarde o temprano se alcanzará la industrialización y el desarrollo. Estos economistas condenan cualquier política que signifique aumentar o mantener la centralización y concentración del capital en unas pocas manos. Para ellos es irrelevante que exista crecimiento económico si no existe distribución justa de este crecimiento. Y es irrelevante para ellos que exista baja inflación si los trabajadores no tienen dinero para comprar bienes del todo. O que exista bajo desempleo cuando los empleos que existen son esclavizantes.
El hecho es que ninguno de los teóricos de la ciencia económica, y cuando digo esto me refiero a los dos extremos, tenía en cuenta la realidad particular de América Latina en general y de Nicaragua en particular cuando diseñaron sus respectivas teorías. El mayor error que podríamos cometer por tanto es el de impulsar políticas económicas basadas directamente en estas teorías sin tomar en cuenta nuestra realidad nacional. Cuando nos vamos a los extremos y aceptamos como cierta alguna teoría económica y recomendamos imperativamente sus conclusiones de política es cuando dejamos la ciencia y tomamos la ideología.
Debemos de comprender que nuestra realidad es única y muy diferente a aquella que existe en Chile, Estados Unidos, Cuba o Venezuela. Por tanto, debe de existir mucha prudencia en las recomendaciones de política económica. Sería muy irresponsable idolatrar o condenar alguna política cuya base no sea un análisis de nuestra realidad sino en algún modelo abstracto creado y sostenido, más con fines ideológicos que científicos. Los economistas debemos de ser lo más imparciales y objetivos posible cuando recomendemos o no alguna medida. Y mucho más a la hora de atacarla o defenderla.
Fue inclusive uno de los padres de la teoría económica ortodoxa, John Maynard Keynes, quien se daría cuenta del peligro de aceptar ciega y fanáticamente una teoría y convertirla en una doctrina rígida e inalterable. Las palabras con las cuales Keynes advertía de este mal a sus colegas economistas me parecen dignas de ser reproducidas acá. “La teoría económica no comprende un set de conclusiones inmediatamente aplicables a la política. Es un método y no una doctrina, un aparato de la mente, una técnica de pensar, la cual ayuda a su poseedor a sacar conclusiones correctas”. Fabuloso sería que cada economista nicaragüense reflexionara sobre estas palabras antes de recomendar o condenar alguna política económica.
El autor es estudiante de Economía, UNAN-Managua