- Un pintoresco y experimentado maestro está dispuesto a limpiar la imagen de la Lotería Nacional. Se llama Orlando Pineda Flores y dice que mantendrá el 18 por ciento de ganancias para los loteros. “Tiene que mantenerse”.
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Dicen que la tercera es la vencida y así fue. Luego de dos intentos, finalmente logramos entrevistar a Orlando Pineda Flores, actual presidente de la nueva junta directiva de la Lotería Nacional.
Pineda, o el “maestro Pineda” como prefiere que le llamen, es un pedagogo que trabaja en pro de la alfabetización desde 1967.
Este personaje que aparece en todas las fotos con sombrero de mimbre, nació en Bonanza, en la Región Autónoma del Atlántico Norte, hace 61 años.
Algunos amigos lo catalogan como un tipo perseverante. Él dice que es un loco enamorado.
Perseverancia, locura, amor, quizás haya demostrado todo eso. Pero, ¿qué hace un maestro dirigiendo una institución estatal que ha generado polémica por su falta de transparencia y anomalías en el proceso de premiación?
La respuesta ni él mismo la sabe, pero está seguro de que su nombramiento, además de ser un reto, es un premio.
Algunos nos preguntamos qué hace un maestro presidiendo la junta directiva de la Lotería Nacional.
Se ríe. Eso también me pregunto yo. Creo que desde que somos maestros de aula, somos dirigentes. Si el Comandante, el Presidente Daniel me dio la tarea de la presidencia de la Lotería, es que sencillamente dirigir educación, salud o una empresa tiene los mismos principios de dirección, planificación, evaluación, seguimiento y control. A mí me gustan las tareas difíciles, y la tarea de la Lotería es una tarea difícil.
¿Este nombramiento es un premio o un castigo?
¡Premio! Porque es un reto. Cuando me mandaron a Río San Juan en tiempos de la guerra (a alfabetizar), en tiempos en que no había nada, me estaban premiando.
¿Su respuesta fue inmediata?
Dije que sí directamente porque es una tarea que me gusta. Hay que comenzar muchas cosas importantes. Hay que levantar la Lotería para volcarla a favor de los viejitos, del centro de los enfermos mentales, que los hospitales tengan sábanas, beneficiar a la población.
¿Eso significa que harán una evaluación de la lista de beneficiarios que tiene actualmente la Lotería Nacional?
No conozco… La Lotería es para beneficio social, y nos han contado que la directiva anterior tenía una dieta de 750 dólares. La nueva junta directiva no tiene un solo dólar para trabajar. Ya nos hemos reunido dos veces, vamos a dejar cada martes tres horas de trabajo a favor de la Lotería, sin ganar un centavo. Vamos a trabajar respetando a los que venden lotería, a los concesionarios y a los que compran. Vamos a garantizar que la Lotería vuelva a tener credibilidad.
¿Qué decisión tiene acerca de la reforma que propone reducir las ganancias de los loteros, del 18 al 10 por ciento?
El 18 por ciento se lo vamos a mantener a los vendedores. Tiene que mantenerse. Creo que esa propuesta va a ser consultada con nosotros en esta semana. Hay mucha gente que está manipulando esa cosa. En qué cabeza cabe que el maestro Pineda o la directiva (de la Lotería Nacional) van maltratar a la señora de 60 años que anda vendiendo lotería o a señores que venden lotería desde que eran jóvenes.Pero la responsabilidad de la Lotería Nacional es nada más un punto en la agenda de Orlando Pineda. Su prioridad ha sido siempre la educación de los campesinos, a través de la Asociación de Educación Popular Carlos Fonseca Amador y el método de alfabetización Yo Sí Puedo, que lleva de la mano con el Ministerio de Educación.
La Cruzada Nacional de Alfabetización fue mpulsada por el gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1980. Desde que terminó el período, usted ha continuado la tarea bajo la línea sandinista. ¿Este proyecto brillará con luz propia algún día?
Es que… Creo que la campaña… Enseñar a leer es de un revolucionario. Siempre estará apegada a la revolución, a la revolución del mundo, del ser humano, al respeto de los derechos humanos. La alfabetización tiene que ser una tarea revolucionaria.
Pero cuando habla de revolución, ¿tiene un color político?
Queda en silencio. Sonríe. Mirá, vamos a ver. Creo que la política no es mala. ¿Estamos? Yo creo que la política es correcta, hablando de democracia en el mundo. Y si un partido impulsa la alfabetización, bienvenido sea. El Frente ha dedicado toda su vida a la alfabetización, con sus hijos militantes. Entonces no puedo decir “esto es aparte”.
¿Usted tiene salario?
¡Cómo no! En un tiempo, en 1990 pasamos sin salario. Nunca hemos tenido salarios, sino que ayudas de amigos nacionales e internacionales. Pero nunca hemos ganado más de 300 dólares. Ahora que el Yo Sí Puedo pasa a ser institucional, entonces el ministro de Educación va tener que darme un salario, no sé cuánto, no estoy interesado en decirle ¿cuánto me va pagar? Yo estoy interesado en que tenga voluntad política de apoyar, y lo está haciendo.
¿Se ha decepcionado alguna vez del Frente Sandinista?
Me decepcioné cuando perdimos las elecciones. Me dio una gran tristeza haber perdido, pero entendí que era lo más correcto y hasta llegué a creer que debíamos agarrar las armas de nuevo, pero entendí que debíamos aprender los juegos de la democracia y aunque quería que toda la vida tuviéramos jóvenes viajando a aprender, sabía perfectamente que la educación popular iba a tener su caída. Fue entonces que se fundó la Asociación, el 26 de febrero de 1990.
Algunas personas que lo conocen, lo describen como una persona perseverante. Ya lleva más de tres décadas educando y nunca se ha echado atrás.
Es que mire, creo que cada ser humano viene a hacer algo por la humanidad. Creo que yo vine al mundo para darme a la humanidad. Así lo he sentido en la vida. He tenido muchas propuestas, inclusive para ser diputado. No estoy diciendo que ser diputado es malo, sé que hay buenos salarios. Han habido otras propuestas de dinero de otra gente para ir a España a dar conferencias de Pedagogía, pero mi vida la he dedicado al mundo de la educación.
Dicen que cuando usted era responsable del Ministerio deEducación en Río San Juan, siempre pedía algo más difícil. ¿Usted busca más de lo que está haciendo?
Sí, yo no me contento con cosas fáciles. El reto de erradicar el analfabetismo de Nicaragua me tiene ilusionado, me tiene enamorado, me tiene loco.
¿Está loco desde 1967?
Bueno, he estado loco muchas veces. Como en la Cruzada. Te imaginás 7,525 muchachos de 13 años para arriba, con profesores y todo. No es fácil. Pero ahorita, ahorita, luchar con el Yo Sí Puedo para lograr que Nicaragua sea libre del analfabetismo me tiene súper enamorado y bien loco. Vine a dar un ejemplo de no trabajar con la gente para vivir de la gente. Hay que vivir para la educación, para la humanidad. Esa es mi ilusión, si me pagan bueno y si no, también. No me interesan grandes cargos, no me interesa el protagonismo o la vanidad. Me interesa sencillamente que el pueblo tenga lo que debe tener. Si educamos al pueblo en un camino donde logre producir, Nicaragua va a salir adelante y también los municipios y las comarcas. La verdadera democracia es esa. La verdadera paz de Nicaragua será esa.
¿Alguna vez imaginó que enseñar sería la tarea de su vida?
No. No lo imaginé. Imaginé que tenía que dedicarme a que Leonardo Suárez leyera, mi amigo, el primer sandinista en Bonanza, campesino. A él y a más de dos mil campesinos yo les enseñaba cómo producir, les enseñaba la matemática de los frijoles y el maíz. Sí sabía que iba a morir como maestro, pero nunca imaginé que iba a agarrar el camino hasta nunca parar. Mi mayor felicidad va a ser cuando logremos izar la bandera de territorio libre de analfabetismo en algún lugar de Nicaragua.
¿Se considera indispensable en esta tarea pedagógica o hay alguien en fila que lo pueda relevar?
No, ya está Adrián, Eveling, Pilarte, Memo… En Nicaragua hay mucha gente. Yo soy ya más o menos un compañero de ellos, pero en la realidad la mayor parte del trabajo la hacen mis compañeros y yo no hago tanto como cree la gente. Yo trabajo y trabajo, pero estoy con ellos por cualquier cosa que necesiten, para alguna asesoría mía. En cualquier momento que a mí me pasara algún accidente, podrían ellos asumir.
¿Cuándo piensa retirarse?
Cuando América Latina tenga otra cara. Pensamos que con el Yo Sí Puedo podríamos servirle mucho a Honduras, El Salvador, Guatemala, y por qué no decir Brasil, que a pesar de que tiene un alto poder económico, también tiene 26 millones de iletrados. Mi sueño es ir al África y luchar con los negritos y poder compartir las ideas que tenemos, lo poquito que sabemos.
“Soy un hombre con sombrero”
La entrevista con Orlando Pineda inició a mediodía en punto. Duró casi dos horas pero en medio de la plática hizo una petición: “Te pediría que la mayor parte de las fotos me las tomés con esto. Es parte de mi vida”.
El maestro Pineda tomó el sombrero de mimbre que había puesto sobre el escritorio y se lo acomodó. El primer sombrero que usó era de un minero, su padre; un leonés llamado Juan Pineda Espinales que llegó a trabajar a las minas de Bonanza durante la fiebre del oro, allá por 1940.
Antes de morir, su padre le dejó el legado de luchar por las reivindicaciones de los mineros. “En aquel tiempo, los padres de uno eran hombres de mucha palabra. Mi papá sin saber leer luchaba porque los mineros tuvieran una mejor vida. Como nunca lo pudo lograr, ese día me dijo que tenía que pelear contra los gringos para que los mineros tuvieran mejores reivindicaciones. Cuando yo le dije que sí, me dijo ‘apeate ese sombrero mío. Ponételo’. Ya te imaginarás un chavalo de 20 años con un sombrero minero”.
Ese sombrero duró un año. Después lo sustituyó por otros cuatro sombreros de mimbre y expandió su objetivo hasta los campesinos. “Y juré que no me iba a quitar ese sombrero porque soy una representación de mi padre, de los campesinos”.
Humildemente, Pineda dice: “soy un hombre con sombrero. No puedo vivir sin mi sombrero”, pero tras ese hombre de rostro fuerte y hablar sencillo, hay toda una historia.
Nació como todo niño pobre. Aprendió a leer a los once años y siguió los consejos de su primera maestra llamada Hilda Maomet. La memoria del maestro Pineda es específica. Recuerda que a los trece años y medio se fue escondido de sus padres a Bluefields para estudiar. Ahí vendió tortillas y pasteles para lograr el sustento lejos de su hogar. Luego llegó hasta Managua donde estudió pedagogía. Y siguió vendiendo pasteles y jugando baloncesto “para recoger y pagar el bus que en ese tiempo valía 30 centavos”.
Ha escrito tres libros. Uno se llama La Montaña me Enseñó a ser Maestro; el otro Y Se Ensuciaron las Manos, y el tercero es La Pedagogía del Amor. “Yo creo que soy perseverante en esto porque como decía Silvio Mayorga, en las revoluciones hay algunos que llegamos hasta el fin y otros que nos quedamos. Yo quiero ser honra de esas palabras y espero por nada del mundo quedarme en el camino”.
Tiene tres hijas y una esposa que dice no lo han dejado de apoyar.
¿Qué le molesta a Orlando Pineda?
Se queda pensativo. ¿Qué me molesta? Te podría decir que nada. ¿Qué no me gusta, si todos donde he hablado me han oído? Si yo digo este quintal de frijoles para ahí, va para ahí. Claro que cuando estás dirigiendo una tarea y alguien no te ha cumplido vos decís ‘¿qué pasa que no has cumplido?’ No es que no me guste sino que hay que hacerlo cumplir por respeto, por moral.
¿Y qué es lo que le gusta?
Me gustan las amistades. Yo soy amigo de “Pollito estrella”, José Dolores Castillo, es empresario. Soy amigo de muchos liberales, conservadores, de muchos pobres de Nicaragua, soy amigo de la gente que vende en los mercados, de todos los campesinos, de los periodistas. Me gusta saludar a la gente. No quiero a nadie de enemigo y si ha habido algún rencor conmigo, perdono a cualquiera.