El maestro Saravia y su obra tiene un significado constructivo para todos en el quehacer artístico. Su producción y sus motivaciones como profesor de escultura en la Escuela de Bellas Artes son un aporte que trasciende en el desarrollo de la plástica nicaragüense. Sus concepciones eran muy importantes en las clases de modelado que impartió a sus alumnos, fructificando en el logro y en los deseos de superación de sus jóvenes estudiantes e hicieron posible el renacer de la escultura en Nicaragua.
En la pintura, sus enseñanzas también redundan en provecho estético. Conversaciones y sugerencias nos motivaron a mayores investigaciones en el abstraccionismo y el paisaje; experimentaciones texturales y búsqueda en el color conformaron una estructura propia en cada uno de los jóvenes estudiantes.
Saravia pintando el paisaje ha logrado dominar con maestría su forma y contenido, mostrando su habilidad al interpretar sus colores y texturas espatuleadas. Sus paisajes con motivos arbóreos acacias rosadas, malinches, corteces, etc. son la expresión clara de la brillantez de su obra. Saravia ha fortalecido las bases para el avance de la pintura y escultura nacionales.
El paisaje fue su punto de partida. En los cauces de los ríos y quebradas se dejan ver grandes paredes pétreas, rodeadas de vegetación con una diversidad de tonos y textual; árboles retorcidos que asemejan esculturas; inmensos peñascos estratégicamente ubicados por la naturaleza; árboles quemados; tonos terrenos; piedras agujeadas de colores blancos, rojos y negros; la montaña con sus diferentes tonos verdes y su fauna: loras, lapas, monos, etc. Este conjunto con su profundo cielo azul y blanco da testimonio del bellísimo paisaje nicaragüense.