Hay una poesía previa a la poesía. Cuando Rosalía de Castro recuerda: Campanas de Bastabales, /cuando vos oyo sonar / muérome de saudades o cuando el muy uruguayo Liber Falco ganó su popularidad con aquello de: Qué barrio, Jacinto Vera, /ranchos de lata por fuera / y por dentro de madera, ambos tienden un puente de plata (o de latón) sobre realidades añoradas por seres que se vuelven representativos de grupos más amplios: los que tienen nostalgia de una Galicia premoderna, tranquila, de lejanías a las que remedia el llamado de las campanas; los que tienen nostalgia de un Montevideo vecinal, humilde, que ya fue, como dicen hoy los jóvenes y los que gustan de parecerlo, desde un presente que para muchos ha retornado a ese pasado, cuyo encanto, sin duda, nadie, forzado a él, ha de ver.
En ambos casos, la nostalgia pide vehículo o puente. Si el acercamiento se produce, si se cumple la función reminiscente, ya alcanza. Quien se sirve de él, ya no pide más: le basta una rima, un ritmo, serviciales, que lo impulsan hacia esa fantasmal estructura del recuerdo. Aquí la poesía se ha vuelto del todo ancilar; menos poesía que nunca. Pero eso es lo que la memoria estimulada, al dar con su objeto magnificado, gusta pagar.
Es difícil convencer al sentimental, una vez satisfecho, de que eso, tan fácil de entender, tan cantarín, una vez más, no es la poesía. La poesía es un puente, sí, pero no de seguro hierro, no de palabras siempre claras, sino dinamitado, riesgoso, lleno de fisuras, de agujeros, cubierto con los harapos de los fracasos, de las angustias invisibles, que quizás sólo vale para quien lo construyó: el puente, fuese o no el Mirabeau, desde el que saltó a la muerte Paul Celan.
Ida Vitale, poeta y crítica uruguaya nacida en Montevideo en 1924. Estudió Humanidades en su país, siendo profesora de literatura hasta 1973 cuando la dictadura la forzó al exilio. Parte de su obra está contenida en los siguientes volúmenes: La Luz de Esta Memoria, en 1949; Palabra Dada, en 1953; Cada Uno en su Noche, en 1960; Oidor Andante, en 1972; Jardín de Sílice, en 1980; Parvo Reino, en 1984; Sueños de la Constancia, en 1988; Procura de lo Imposible, en 1998; Reducción del Infinito, en 2002; Plantas y Animales, en 2003, y El ACB de Byobu, en 2005.