Carlos Mejía Godoy y Pablo Antonio Cuadra. (LA PRENSA/Archivo)

Pablo Antonio Cuadra con la música por dentro

La musicalidad en los poemas de Pablo Antonio Cuadra a partir de los Cantos de Cifar y cómo el cantautor Carlos Mejía Godoy, los retomó Aré u tzijoxic guaé/ ca ca tzinin oc, / ca ca chamam oc, ca tzinomic, / ca ca zilanic, / ca ca lolinic, / ca tolaná puch/ u pa caj. […]

  • La musicalidad en los poemas de Pablo Antonio Cuadra a partir de los Cantos de Cifar y cómo el cantautor Carlos Mejía Godoy, los retomó

Aré u tzijoxic guaé/ ca ca tzinin oc, / ca ca chamam oc, ca tzinomic, / ca ca zilanic, / ca ca lolinic, / ca tolaná puch/ u pa caj.

Esta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio, todo inmóvil, callado y vacía la extensión del cielo.

… solamente había inmovilidad y silencio en la oscuridad de la noche.
El Popol Vuh. Primera Tradición.

Hace aproximadamente cuarenta años me mostraba Pablo uno de sus primeros libros: Canciones de Pájaro y Señora, cuyo título delataba ya cómo la canción acompañó al poema desde siempre. En sus Memorias del Movimiento de Vanguardia nos dice él mismo: “Recogimos y estudiamos el canto de las guitarras nativas, las rimas de las canciones de cuna y de los juegos infantiles… Señalándome algunos de aquellos primeros poemas me decía: “Estos poemas los escribí para que alguien les pusiera música”. La indirecta iba dirigida a nuestro mutuo amigo y casi hermano Edwin Krüger, durante una de nuestras muchas guitarreadas.

Fue Carlos Mejía Godoy quien recogió el guante. En ocasión de la Inauguración de Culturama, 1976, estrenó en público sus primeros arreglos a los Cantos de Cifar. En el año 2000 estremeció a un Teatro Nacional Rubén Darío abarrotado de gente, con un homenaje musical a PAC en el que muchos no parábamos de aplaudir para poder disimular las lágrimas.

Sé piensa que Carlos le ha “puesto” música a los Cantos de Cifar, pero la expresión no es acertada. Miguel Ángel aseguraba que su trabajo consistía en ir quitando el mármol hasta dejar al desnudo la estatua que ya existía adentro. (En algunas se las ve todavía saliendo del bloque). Y eso es lo que creo ha hecho Carlos. Ir deshojando y desvistiendo los poemas de PAC hasta dejar al descubierto la música que desde el principio estaba en ellos y que los engendró. Si les hubiera “puesto” música se notaría el pegoste.

Carlos, como Mondoy, toma a veces el acordeón, cierra los ojos y ladea la cabeza como los ciegos porque la música es una ceguera dulce.

El poema vuelve a ser canto y podemos escuchar entonces el ”¿dón-de-es-taráaa?” de los gallos preguntando por el cuerpecito de Piolín, el niño de los gallos. Interrogando a las aguas y a la noche… y con sus preguntas van haciendo el alba.

Escuchar y sentir el oleaje suave en que se mece y danza su Barcarola Marinera, dejándose llevar de la música y el viento. Y la borrasca agitada en Las Bodas de Cifar.

La música bochinchera de las guitarras cantineras… y la mazurquita luctuosa en el entierro de La Cadejo.

Carlos ha simplemente devuelto el poema la música que ya existía en él desde el principio y que le dio origen.

Porque…

En el principio ya existía la Palabra y con la Palabra que existía ya desde el principio dijo Dios: “¡Hágase la Música!” Y la música, creada a imagen y semejanza de Dios, llenó a semejanza de Dios, todo lo que hay en el cielo y en los mares y en los vientos, y venció sobre el silencio. La creación entera se llenó entonces de ella y le es dado escucharla a cuantos la buscan y la aman.

He oído cánticos en las cerámicas chorotegas ocarinas lunares de vientos lentos que levantan olas en la laguna como escamas de peces…

Dice PAC, que sabe escucharla en todas partes: (¿Acaso no has tenido en el pecho, empapadote en música el rostro de una mujer que llora).

El poeta es una cuerda tensa que vibra sacudida por la música que lo envuelve.

Es Cifar solitario a la deriva

Dejándose llevar de la música y el viento,

Es Cifar tejiendo una red de palabras-acordes, para atrapar la melodía y el ritmo que lo asedian, y convertirlos entonces en poema.

El canto y el poema son hijos de la Palabra y de la Música. Hermanos inseparables, caminan juntos y es posible entonces escuchar en un poema el canto de los pájaros en un poema el canto de los pájaros de Josecito Lumbí:

El “Jujuy” del Pocoyo
que salta en los caminos,
el «trin trin» del Brinquito
el “toc toc” del Carpintero
con su martillo bermejo
el chischil de metal del Zorzal
el “guas” del Guas
el “cierto guis” del Guis
el solitario “fii” de la perdiz
la “erres” de cristal del Cardenal
las vocales musicales del Zenzontle
el “chipilín chipilín” del Saltacerco
el siseo silbado del Pardal mulero
las gárgaras de la Urraca Azul
el gluglutear de la Oropéndola
con su cola de oro
el serrucho musical del Tucán
el “chío chío chís” del Chío
y el “jodido, jodido” del Toledo.

Podemos escuchar los tambores y marcar el ritmo de los pies desnudos que acompasan la marcha de los campesinos a la Guerra Civil:

De dos en dos
De diez en diez
De cien en cien
De mil en mil
Descalzos van los campesinos
Con la chamarra y el fusil.

Esta vez sin los claros clarines de una Marcha Triunfal, porque las guerras civiles no las ganas nadie y es todo el pueblo el perdedor.

Volvemos a escuchar el triste. “Too, too, too”, del vaquero arreando su pena, en la sabana chontaleña.

¡Ay, que dolor arrear vacada ajena
y no poder arrear con su dolor!

(Su primer poema cantado, que compuso con la complicidad de Salvador Cardenal).

Escuchar los arpegios fúnebres de un órgano de iglesia en su poema a Juana Fonseca y ver retroceder a la muerte, vencida por el canto de resurrección de las campanas:

¡Emérita, si supieras
qué pedazo de mundo
qué territorio vasto y dulcísimo
está cediendo al golpe de esas campanas!

Pablo nos anuncia la resurrección. Con su pluma traza una cruz, como Mondoy con el arco, para congregarnos alrededor de Cristo y de María. Y toda su poesía está empapada de esa luz divina de la que procedemos y hacia la que nos dirigimos todos.

Nada muere. En el aire hemos sembrado estrellas y podemos levantar el pensamiento y sostenerlos sobre el puro azul.

Mondoy traza una cruz de música en la constelación del sur.

Mondoy toca el violín y nuestros pueblos indios peregrinan al lugar de la promesa.

Podemos escuchar el mensaje de Pablo en boca del Maestro de Tarca:

Coge la cigarra de ala.
¡Al menos llevas en la mano el canto!

Y la terrible advertencia de la Abuela en su Testamento:

¡Que no se acabe el ritmo de este pueblo!

El día de nuestros huesos pierdan su música

seremos desplazados por extranjeros.

Dije antes que el poeta es una cuerda tensa sacudida por el viento. Leyendo a PAC tiemblo ante el terrible oficio del poeta. Ante un estar continuamente a merced del viento que nos trae mensajes antiguos, la voz de civilizaciones ya perdidas, el llanto milenarios de dolor de todo un pueblo. Recuerdos y nostalgias de pasadas alegrías; de sueños. Quizás de amores ahora revividos; de dulces amistades, de anhelos que no cesan de seducir a nuestras ilusiones. De luchas, de traiciones. De los desencantos que son el viaje de regreso del sueño. ¡Dichoso el árbol que es apenas sensitivo!

Y comprendo la necesidad imperiosa de escribir, porque el poema es entonces la única válvula que impide que el corazón estalle. Remanso en el oleaje.

Detenido por un instante el viento, el alma, a semejanza del largo, queda como un espejo y se le puede ver el fondo. Todo queda en silencio, todo en calma, todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo… todo regresa al principio en el que ya existía La Palabra y el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas.

Hasta que el poeta es de nuevo sacudido por la historia. Su especial sensibilidad lo hace más vulnerable a los acontecimientos. Es de nuevo tiempo de borrasca. Basta entonces un canto para recobrar las fuerzas. Para encender una nueva aurora y levantar muros de retención a la tentación de partir:

Cuando canta el gallo me levanto y veo
el amanecer de mi patria.
Es hermoso y radiante y mi corazón
es un rey que recibe su trono.
No, no me iré de mi patria. Aquí moriré.
Pero cae el sol y vuelvo mis ojos al país de mis sueños
y toda la ceniza del mundo cae sobre su faz.
Entonces quisiera ser extranjero para regresarme a mi patria.
Entonces oigo el rumor feliz de las ciudades
que no son mías,
oigo la noche llena de exilios.
debo partir, me digo.
Y mi sueño es un viaje bajo la tutela de los astros.

Hasta que canta el gallo
y otra vez el amanecer se apodera de mi canto.
No, no me iré. Y vuelvo
a levantar el muro con las piedras que cayeron.

La Prensa Literaria

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