- Chontales, la capital agropecuaria de Nicaragua, está sufriendo las consecuencias de la sobreexplotación de sus suelos. La producción extensiva de ganado prácticamente secó su principal fuente de agua
Auxiliadora Martínez
[/doap_box]
Juigalpa/ Chontales
En el departamento de Chontales los ríos no volverán a ser de leche ni las piedras cuajadas. Desde fines de enero las corrientes en los cauces se secaron y no hay agua ni siquiera para quebrar la cuajada.
El río Pirri, cuyo cauce mide más de cinco metros de profundidad, apenas alcanza medio metro de agua en el sitio donde la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (Enacal) lo retiene para abastecer a la ciudad de Juigalpa.
Normalmente esto ocurre a finales de abril en Chontales, pero luego de pasar la peor época lluviosa desde 1997, el desabastecimiento de agua inició a finales de enero, y se agudizó en los primeros días de febrero.
Jimmy Calderón, jefe del Departamento Técnico Territorial de Enacal de Chontales, califica la situación como “patética”, ya que hay lugares que pasan sin agua durante más de una semana.
Las cifras lo dicen todo. Según Calderón, en Juigalpa “normalmente se producen 1,600 galones de agua por minuto, pero actualmente la producción es prácticamente cero”.
Ahora mismo la ciudad está dependiendo casi de forma exclusiva de sus nueve pozos, pero hasta éstos enfrentan problemas de producción.
Los nueve pozos que abastecen Juigalpa normalmente reportan 900 galones por minuto, pero en estos días ofrecen 700 galones por minuto. “Esto es menos de lo que produce un pozo en Chinandega”, exclama con sus brazos extendidos el funcionario.
Y es que los acuíferos subterráneos en el centro de Nicaragua están a grandes profundidades. Basta decir que Enacal necesita excavar 150 metros para sacar 150 galones por minuto.
CON LA MITAD DEL AGUA
Todo esto provoca que la producción de agua potable en este municipio haya pasado de 270 mil metros cúbicos por mes, a 130 mil metros cúbicos en el mismo período, es decir que los habitantes de Juigalpa están sobreviviendo con el 52 por ciento menos del agua de lo que normalmente recibían.
A 12 kilómetros de la ciudad, en un sitio que parece haber sido una espesa montaña antes de que el hombre y sus vacas se tomaran esas tierras, Mariano Villegas, encargado de cuidar y encender las plantas de Enacal junto al río Pirri, se siente como de vacaciones.
“Casi no tenemos agua ya, sólo las enciendo por horas, en tiempos de lluvia lo normal es que estén siempre encendidas”, dice el operario.
Señalando un tanque gigante instalado en el cerro más próximo, Villegas asegura que está totalmente vacío debido a la crisis. “Ya ni le meten agua, pasa directo para la ciudad”, asegura.
La mejor estrategia de mitigación que ha encontrado Enacal en Juigalpa es racionar el agua, estableciendo un calendario en los barrios que son beneficiados cada semana o quincena.
“Cuando llega el agua, tratamos de que sea las 24 horas, andamos supervisando, y si a un barrio le dejó de llegar antes de las 24 horas, mandamos una pipa para que la gente logre llenar sus recipientes”, afirma Calderón.
El problema es que las mismas cuatro pipas abastecen a 20 mil pobladores del sur de Juigalpa, a quienes el agua potable no les llega del todo.
Y se agrava más aún porque la distribuidora de energía Unión Fenosa no se está coordinando con Enacal para realizar el mantenimiento de sus redes, según el funcionario, lo que provoca racionamientos no previstos en algunos barrios de Juigalpa.
LAS ALTERNATIVAS
Enacal baraja alternativas como la adquisición de dos camionetas de doble tracción para cargar dos tanques portátiles, más dos pipas, para asistir sin falta a la población.
Eso debe combinarse con la compra de un banco de transformadores para que el pozo Quebrada Dos entre en funcionamiento, pero Calderón reconoce las pocas probabilidades de adquirir todo eso.
Además, hay coordinaciones con el Movimiento Comunal para que los pobladores de las partes bajas de la ciudad sólo utilicen el agua de las pipas para su consumo, no la desperdicien, y asistan a los pozos comunales para lavar sus ropas.
Este último consejo no es necesario. Mujeres como Esperanza Rocha prefieren pagar cinco córdobas por alquilar una piedra junto a un ojo de agua en la propiedad de Claudia Sequeira, para lavar gigantescos sacos de ropa.
Aún así tiene que caminar desde el barrio La Morenita hasta El Santuario, para comprar agua a tres córdobas el barril, y 25 centavos de córdoba por bidón.
Pero José Blandón, en el barrio Padre Miguel, no tiene la misma suerte. A sus 50 años tiene que comprar el barril a 20 córdobas, para él, sus padres y demás familiares.
Según Calderón, barrios como el San Miguel es otra razón de la escasez, ya que surgieron hace diez años, con una planificación de 800 viviendas, pero ahora hay 3,000. La infraestructura es insuficiente y nunca tienen agua en la época seca.
EL ORIGEN
Para Mario Zeas, delegado departamental del Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (Marena), el problema está en la sobreexplotación de la tierra.
“El problema es la ganadería extensiva, las quemas, el sobrepastoreo, la alta sedimentación en los ríos y el alto deterioro de la foresta”, explica Zeas.
Las zonas montañosas de Chontales fueron desertificadas por los productores ganaderos.
“Y lo están extendiendo a la RAAN (Región Autónoma Atlántico Sur)”, advierte el representante del Marena.
Mientras eso ocurre, Calderón señala que es la primera vez que enfrentarán una sequía de cuatro meses, y lo peor, que lo mismo se vivirá en el año 2008, ya que el proyecto que terminará con la carencia de fuentes de agua está en camino, pero terminará de ejecutarse en el 2009.
Eso sólo será una solución para Juigalpa. Santo Tomás, Acoyapa y el mismo Boaco no vislumbran ninguna salida.