Managua después del terremoto de 1931, cuando ya había sido demolido el Palacio Nacional, donde se construyó después el actual Palacio de la Cultura, la Catedral estaba en construcción. Obsérvese que el parque central ocupaba parte de la plaza. (LA PRENSA/NICARAGUA IMAGENES DE AYER Y DE HOY, LUIS H. FLORES)

COMO VIERON MANAGUA CRONISTAS Y VIAJEROS

El primero que escribió sobre Managua fue el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez. La visitó el obispo Pedro Agustín Morel de Santa Cruz. Le dedicaron relatos Squier, Froebel y Bovallius. Aparece en la geografía de Sonnenstern. Declarada villa el 24 de marzo de 1819, ciudad el 24 de julio de 1846, capital el […]

  • El primero que escribió sobre Managua fue el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez. La visitó el obispo Pedro Agustín Morel de Santa Cruz. Le dedicaron relatos Squier, Froebel y Bovallius. Aparece en la geografía de Sonnenstern. Declarada villa el 24 de marzo de 1819, ciudad el 24 de julio de 1846, capital el 5 de febrero de 1852 y departamento el 25 de febrero de 1875.
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    ESPECIAL PARA LA PRENSA

    ACADEMIA DE GEOGRAFÍA E HISTORIA DE NICARAGUA

    “Y por lo que se dixo fui a la población de Managua de la lengua chorotega, que á la verdad fue una hermosa é populosa pla?a, é como estaba tendida á orilla de aquella laguna, yendo de León á ella, tomaba mucho espacio; pero no tanto ni aviendo cuerpo de cibdad, sino un barrio o pla?a delante de otro con harto intervalo”.

    Hasta ahora, ese texto es considerado como el primero que se refiere a Managua, en los escritos de cronistas y viajeros que visitaron Nicaragua. Data de julio de 1527 cuando estuvo en Managua el capitán Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez. Figura en su Historia general y natural de las Indias,nadie se imaginaba que esa dispersa población sería elevada a capital de Nicaragua el 5 de febrero de 1852, hace 155 años.

    Sobre la ubicación de las casas, dice el cronista: “Pero a questas de Managua estaban como soga al luengo de la laguna, é no en tres leguas ni una; pero avia en su prosperidad de diz mill indios de arco é flecha é cuarenta mill ánimas, y era la mas hermosa pla?a de todas, y estaba ya la más despoblada é asolada que avía en aquella gobernación”.

    CRONISTAS Y VIAJEROS

    Managua fue citada como paso obligado entre León y Granada. Aparece en varias crónicas de religiosos de distintas órdenes. Fray Antonio de Ciudad Real realizó un recorrido el año 1586, se refiere al lago Xolotlán y dice que “es de agua dulce, muy buena para beber y péscanse en ella muchas y muy buenas mojarras, y críanse muchos y muy grandes lagartos que hacen todo el daño que pueden”. Cuenta de la llegada a Managua, pueblo de indios nahuales que hablan la lengua mexicana corrupta.

    Antonio Vásquez de Espinoza, carmelita descalzo, estuvo en Nicaragua en los años 1613 y 1621, sobre Managua señala que “el pueblo es grande, de mucha amenidad y regado; suele asistir en él el Corregidor que provee el presidente de estas provincias. Lábrase en el cantidad de caminos, jarcia para navíos; viven en él muchos españoles, y en los tambos o ventas hay mercaderes que llaman quebrantahuesos o mercachifles por ser sus caudales cortos”. Cuenta que el cacao sirve de moneda.

    Entre 1751 y 1753 estuvo en Nicaragua el obispo Pedro Agustín Morel de Santa Cruz. Expresa que “la jurisdicción de Managua corría a lo largo de la costa sur del lago, desde el volcán Momotombo hasta Tipitapa, por donde las aguas salían rumbo al lago de Nicaragua. La población se iniciaba junto a la misma playa. La iglesia parroquial distaba una cuadra de la ribera; consistía de tres naves sobre horcones, con paredes de adobe y techo de tejas, siendo el apóstol Santiago el santo ‘patrono’ del pueblo. Carecía el templo de torres, como sucedía en casi todas las iglesias de los pueblos pobres, de modo que las campanas colgaban de una solera en un cobertizo lateral. Otras iglesias eran las de Veracruz, San Miguel, San Mateo y San Sebastián, que servían a los barrios de Telpaneca, Cuastepe y Masagalpa, cada uno con su propio alcalde. Las casas de tejas eran nueve, incluyendo la que servía de cabildo; el resto, unas 450, chozas de paja dispersas. La población la formaba una mezcla de ladinos e indios, sumando en total 4,410 habitantes”.

    VILLA Y CIUDAD

    Con fecha 24 de marzo de 1819, por medio de Real Cédula, el Rey Fernando Séptimo concedió a Managua el título de Villa, en consideración a la fidelidad y lealtad inalterables que “ha conservado a mi Real Persona”, tenía entonces Managua más de once mil almas, pasó a llamarse “Leal Villa de Managua”. Fue hasta el 8 de abril de 1820 que se conoció la noticia en León y Managua, dándose lectura de la Cédula por medio de bandos. El primer Alcalde que hubo fue don José Antonio Rovira, en 1820.

    Dada la poca importancia que tenía Managua, son cortos los relatos que hay en la primera mitad del siglo XIX. Hay uno del comerciante inglés, Orlando W. Roberts, cuenta de Managua: “Sus calles son anchas y trazadas a cordel, y forman manzanas como en León. Tiene seis iglesias, la del Padre Irigoyen y una o dos más son grandes y hermosas. Las casas son por lo común de dos pisos, entejadas, de adobe y encaladas; en cuanto a comodidad y construcción son similares a las de Granada y de León. Vi tiendas con ventas de vinos, aguardientes y otros licores. El pan, los quesos nacionales, dulces, café, y azúcar ordinaria de pilón, son artículos que se venden casi en toda casita indígena”.

    El capitán Belcher, en su libro Voyage round the world; de su viaje a Nicaragua en 1838, escribe: “Durante la última epidemia del cólera sufrió mucho, habiendo perdido seiscientos de sus doce mil habitantes. Es digno de hacerse observar que fue entre las mujeres de 15 a 25 años; y principalmente recién casadas, en las que más se ensañó la peste. Este lugar es generalmente considerado como muy saludable; el índice de mortalidad rara vez pasa del uno por ciento”.

    El norteamericano John L. Stephens, en 1841 publicó una obra en Nueva York, relata de Managua: “Por la tarde fui al lago. No es tan grande como el de Nicaragua, pero es de notable expansión, y se ve el Momotombo. La playa hervía de aguadoras que llenaban sus cántaros, tinajas y porongas; de hombres bañándose, de caballos y mulas bebiendo, y, hacia un lado, veíase una ranchería de pescadores. Al borde del agua observamos unas estacas clavadas en forma de triángulo y unas mujeres que con pequeñas atarrayas sacaban sardinas que luego echaban en hoyos cavados en la arena. En las puertas de los ranchos lo hombres hacían fuegos para cocinarlas. La belleza de la escena la acrecentaba el hecho de que nada había cambiado allí en siglos y siglos”.

    El 24 de julio de 1846, la Asamblea Legislativa decretó que la Villa de Santiago de Managua fuera elevada al rango de ciudad con la denominación de “Santiago de Managua”. El Decreto fue publicado en el Registro Oficial (La Gaceta), número 82, página 340, del sábado 26 de septiembre de 1846. Fueron firmantes Norberto Ramírez, Pedro Aguirre, Hermenegildo Zepeda, Justo Abaunza, Juan Bautista Sacasa R., Estanislao González y el ejecútase José María Sandres, Secretario del Despacho de Relaciones.

    SQUIER Y MANAGUA

    La más completa crónica sobre Managua de mediados del siglo XIX se debe a Ephraim George Squier, nombrado en 1849 Encargado de Negocios en Centroamérica, por el presidente norteamericano, Zachary Taylor. Además de sus extraordinarios relatos, le acompañó el dibujante James McDonought, quien realizó las ilustraciones, las primeras que se conocen de Managua, entre ellas las de la plaza, donde está ahora la fuente; la laguna de Asososca con el petroglífico de Quetzalcoatl; viajeros descansando a orillas del lago Xolotlán.

    En su obra: Nicaragua de Océano a Océano; Squier hace una extenso relato, cuenta que “Managua es un pueblo grande, y debido a la rivalidad entre Granada y León es la capital nominal del Estado. Es decir, la Cámara Legislativa sesiona en Managua, pero el personal, los funcionarios y los archivos del gobierno se encuentran todos en León. Su ubicación, a orillas del lago de Managua, fue muy bien escogida. Del lago obtiene la gente grandes cantidades de una variedad de pescaditos, no mayores que un dedo meñique, llamados sardinas, los que fritos como white bait de Inglaterra, o revueltos en una omelette, hacen un apetitoso plato, apreciado en toda Centroamérica”.

    Cita también Squier que: “Los primeros pasajeros entre California y los Estados Unidos, vía la ruta de Nicaragua, desembarcaban en El Realejo y de ahí pasaban por tierra hacia Granada, haciendo en Managua una parada intermedia. A raíz de esto, la gente, con la misma sagacidad de la vieja que mató a la gallina de los huevos de oro, de inmediato transformaron sus casas en hoteles, y cobrando precios exorbitantes, imaginaban que pronto serían ricos. Las propiedades duplicaron y cuadruplicaron su valor material, y todo transcurría conforme al más común principio de la alta presión mercantil. Los timados pasajeros, empero, escribían a los suyos en California para hacerles la reseña y disuadirles de seguir sus pasos. Por consiguiente, pronto Managua tornó a su anterior monotonía; con todo, se animó un poco con nuestra visita”.

    Peter F. Stout, en 1850 fue Vice Cónsul norteamericano en Nicaragua. Publicó un obra titulada Nicaragua: past, present and future. Sobre Managua escribió: “Managua es un ciudad tranquila que engalanan las joyas de su lago y sus lagunas; es famosa por eso y por sus hembras de picante salero, prenda que es general allá. La señorita de sociedad, vestida en castizos atavíos, luce su gentil donaire y el más alto señorío; las muchachas del pueblo, en cambio, balanceando en la cabeza sus porongas y tinajas, pasan arrollando con tan seductor garbo y sandungueo que roban al punto el corazón”.

    En enero de 1851, llegó a Managua el alemán, Julius Froebel, el que relata sobre un terremoto que afectó el lago de Managua, escribió: “A mi paso por la orilla del lago de Managua vi muestras evidentes de niveles más altos dejados por las aguas del lago que han ido descendiendo gradualmente o a intervalos, como bien puede verse en las huellas dejadas en las rocas, si el bien producido por el terremoto, la lenta y gradual substracción de su aguas, que seguían creo sigue todavía, puede haber sido causado por la acción combinada por el drenaje subterráneo y la evaporación ; y acaso esto último sólo baste para explicar el hecho. El lago es poco profundo, salvo en el centro”. Calculó la población de Managua entre 12 y 13 mil habitantes.

    MANAGUA CAPITAL

    Durante muchos años, las rivalidades entre León y Granada hicieron que el país se mantuviera en constantes guerras. En abril de 1851, es electo Director Supremo del Estado, el licenciado José Laureano Pineda Ugarte. Considera conveniente que Managua sea la capital de Nicaragua, pero se le oponen los principales líderes de ambas ciudad. El general José Trinidad Muñoz Fernández se subleva y lo destituye, teniendo que salir al destierro a inicios del mes de agosto de 1851.

    En noviembre de 1851 asume de nuevo el licenciado Pineda, el 20 de diciembre deposita el gobierno interinamente el Senador, general Fulgencio Vega Santos, a quien le corresponde firmar en Granada, el Decreto Nº 201 del 5 de febrero de 1852, que en su artículo 1 dice: “El Poder Ejecutivo del Estado se traslada desde el 9 del corriente a la ciudad de Santiago de Managua como punto de su residencia”. Managua fue declarada “Ciudad de la Paz”.

    El intento de pacificar el país del licenciado Pineda Ugarte, elevando Managua a capital, fracasó cuando el 1 de abril de 1853 es electo Director Supremo el general Fruto Chamorro Pérez, una de sus primeras disposiciones fue trasladar el gobierno a Granada, quedando Managua como capital nominal. En febrero de 1854, el general Chamorro Pérez se hace nombrar primer Presidente de Nicaragua y se inicia otra guerra civil.

    En esta guerra interviene el filibustero norteamericano William Walker, traído por los democráticos (liberales). El 12 de septiembre de 1856 se firma en León el Pacto Político Nacional Providencial, entre los firmantes están los generales Tomás Martínez Guerrero (legitimista-conservador) y Máximo Jerez Tellería (democrático- liberal). Terminada la guerra los dos generales mencionados acuerdan en junio de 1857 constituir el Gobierno Binario y establecer el gobierno en Managua. La Constitución Política del 15 de septiembre de 1858 señala a Managua como capital del país.

    Carl Scherzer, un científico, publicó en 1857 en Londres, Inglaterra, una obra en la que al referirse a Managua señala que tenía una población de entre diez y doce mil habitantes. Cuenta que fue a bañarse al lago “cuyas aguas densas y de un color amarillo-verdoso estaban violentamente agitadas. Sus olas, sin embargo, no eran tan altas como las del lago de Nicaragua. Vi allí lagartos de 8 y 10 pies de largo; flotaban tan quietos que si no les hubiera visto sus escamas con mis catalejos les habría creído trozas de madera. Innumerables garzas y tortugas se asoleaban en la playa; grupos de mujeres y muchachas lavaban ropa; casi todas eran indias desnudas hasta la cintura y las crenchas lisas les caían sobre el pecho y las espaldas. Un poco más allá se bañaban unos hombres”.

    El francés Félix Belly, en 1858 explica en sus relatos las rivalidades entre León y Granada de las que surge la necesidad de elevar Managua a capital de Nicaragua. Hace la siguiente descripción: “En realidad, Managua no es más que una gran aldea que ocupa una media legua cuadrada de superficie con cuatro o cinco iglesias y casas desperdigadas que se pierden en los montes vecinos. Al igual que Granada toma de su lago el agua para beber, y con sólo ramas las mujeres pescan sardinitas que tienen el sabor de nuestros gubios del Sena. Llegué a Managua en medio de los temores causados por los últimos temblores”.

    Otro francés, Pablo Lévy en 1863, escribió una valiosa obra con el título de: “Notas geográficas y económicas sobre la República de Nicaragua”. Fue el primero que hizo un estudio de las lagunas de Managua, indicando que la de Tiscapa tenía 80 pies de profundidad. Exploró el lago de Managua y el río Tipitapa.

    Cuenta Lévy que “Managua no es más ahora que una ciudad de seis a siete mil almas, no empedrada que toma el agua de su lago, y no posee edificio alguno notable el frontispicio del la parroquia amenazaba ruinas, y últimamente se ha mandado a demoler con intención de volverlo a levantar sobre un plan más elegante; una torre de piedra de canto, empezada hace diez años se eleva algunas varas a la izquierda del monumento, sin poder acabarse”.

    “El Palacio Nacional es un gran edificio cuadrado y bajo, con balcones al estilo español, pero sin ornamentación alguna al exterior, y sin carácter arquitectónico. En el interior, las salas destinadas al Congreso y al Presidente son un poco más adornadas. En la misma plaza, inmensa y desnuda, donde se encuentran el Palacio y la parroquia, se eleva un edificio en que se ha instalado un cuartel, el presidio y el cabildo. Las otras iglesias de Managua son las de Candelaria, San Miguel, San Sebastián y San Antonio; no contienen absolutamente nada que merezca mencionarse. Cada una de ellas corresponde a un cantón que lleva el mismo nombre”, agrega Lévy.

    El capitán Bedford Pim de la Real Armada Inglesa, estuvo en Nicaragua en 1871 interesado en el proyecto del Canal Interoceánico, escribió: “Managua es desde hace algún tiempo la capital de la República; el Presidente se aloja en una residencia que da a la plaza. La ciudad cuenta con unos diez mil habitantes; las casas están a orillas del lago, pero este no parece servirle de mucho en el comercio. No vi un solo barco en sus aguas, y los bongos y canoas varadas en la costa eran de la más rudimentaria construcción”.

    MANAGUA Y SONNENSTERN

    Maximiliano Von Sonnenstern nació en Stuhart, Alemania, en 1819. Llegó a Nicaragua en 1855 y ya para 1858 había elaborado importantes mapas, uno de ellos en 1863 fue el primer mapa oficial de Nicaragua. Se le considera el Padre de la Cartografía nicaragüense. En 1874, con el título de “Geografía de Nicaragua para el uso de las escuelas primarias de la República”, aporta interesantes datos sobre Managua que apenas en febrero de ese mismo año había sido erigido como departamento por el Presidente, general Pedro Joaquín Chamorro Alfaro.

    Como dato curioso cabe aclarar que Managua, el 5 de febrero de 1852, había sido declarada capital de Nicaragua, sin embargo continuó perteneciendo al departamento de Granada. En la geografía de Sonnenstern, el departamento de Managua aparece con 20 mil habitantes y la ciudad de Managua con 10 mil. Entre los principales productos agrícolas estaban el café, producido “en la montaña que se llama las sierras de Managua; además tiene haciendas de ganados, potreros, chagüites y produce toda clase de víveres”.

    Carl Bovallius, científico sueco, visitó Nicaragua de 1882 a 1883. Sobre Managua escribió: “Ha sido la capital sin ningún esfuerzo de su parte. Solamente para terminar la rivalidad y las luchas entre dos ciudades rivales, León y Granada, fue escogida como la capital. Tiene entre 8 y 10 mil habitantes y ningún edificio que merezca citarse. En sus alrededores se encuentran, al contrario, varias cosas que puedan interesar el investigador y sobre todo las notables lagunas-cráter, Tiscapa, Nejapa y Asososca, además se encuentran en los paredones de estas lagunas y en otros lugares en la vecindad de Managua pinturas de color rojo, cuyos motivos recuerdan algunos de los dibujos de la ceiba que he descrito anteriormente”.

    Sigue el relato de Bovallius: “A caballo me dirigí a la laguna de Tiscapa, por una quebrada pintoresca y serpentiante se encuentra por fin con un camino que es posible seguir a caballo. La laguna es casi redonda, con laderas empinadas, cubierta de vegetación y en la playa misma hay una vegetación exuberante, colgando sobre las siempre tranquilas aguas, su diámetro no llega enteramente los 2 km. Su nivel se encuentra a 20 ó 30 metros a nivel del lago de Managua”.

    En 1891 visitó Managua William E. Simmons, en su obra The nicaraguan canal, cuenta que: “Managua es la única ciudad de Nicaragua que tiene agua corriente, y la única también con fábrica de hielo que se produce en cantidades suficientes para abastecer a las ciudades del oeste de los lagos a razón de cinco centavos la libra; el negocio es una mina de oro. Los talleres de reparación del ferrocarril están igualmente ubicados allí; hay además una fábrica de jabón, una de machetes y varias otras de pequeños artículos de uso doméstico. Allí está localizada también la oficina de telégrafos, propiedad del gobierno, que presta un servicio barato y más o menos bueno en todo el país”.

    En otra parte de su relato agrega Simmons: “Al lado oriental de la plaza hay una gran iglesia con fachada de dos torres donde los domingos por la mañana se celebra misa a la que asisten el Presidente y su Gabinete. La banda de los Supremos Poderes, que dicho sea de paso tiene elegante uniforme y la integran excelentes profesores, toca siempre en esa misa. El viajero la pasa en Managua mejor que en cualquier otra parte del país. Hay allí tres hoteles, dos de los cuales uno de un inglés y el otro de un italiano, sirven exquisita comida; los aposentos, en cambio, dejan mucho que desear”.

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