José Ángel Guido Castro, a quien sus compañeros de celda llaman “La Sombra”, esperaba que la Asamblea Nacional lo indultara en ocasión de la Navidad. ( LA PRENSA/L. E. MARTÍNEZ M.)

“La Sombra” espera posible indulto

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Nacido el 17 de marzo de 1917, José Ángel Guido Castro es uno de los ocho reos mayores de 70 años que cumple condena en el SPR de Waswalí. Por disposición del numeral 18 del artículo 95 de la Ley de Régimen Penitenciario y Ejecución de la Pena —Ley 473— podría ser sujeto del beneficio del régimen de convivencia familiar, previa valoración de un forense.

La Comisión Pro Derechos Humanos y la Paz de la Asamblea Nacional estudiaría el caso de Guido para un posible indulto. Según documentos de los cuales LA PRENSA tiene copias, mientras ha cumplido condena el reo ha mostrado buena conducta y “es respetuoso con las autoridades penitenciarias, civiles que visitan el centro y compañeros de celda”.

Mensaje a diputados

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Corresponsal/Matagalpa

Desconociendo que los diputados habían postergado la aprobación de indultos para el próximo año, desde el Sistema Penitenciario Regional de Waswalí, José Ángel Guido Castro expresó: “Yo les pido que hagan el propósito de sacarme de aquí porque aquí me siento solo”.

Los rayos solares penetran por el deteriorado techo del reclusorio, igual que la esperanza trasciende a través de las palabras que balbucea el anciano reo: “¡Claro! Yo quisiera salir de aquí”. Era uno de los 56 privados de libertad que en todo el país estaban propuestos para ser indultados en esta semana, pero entonces desconocía que la Asamblea Nacional postergó para el próximo año la aprobación de los indultos.

Por eso, José Ángel Guido Castro, de 89 años, tendrá que seguir bajo el régimen laboral en el Sistema Penitenciario Regional (SPR) de Waswalí, cinco kilómetros al suroeste de la ciudad de Matagalpa, donde lleva casi 10 años interno, olvidado por sus familiares.

“Sí, tengo familia, pero no se acuerdan de mí. Tengo unos primos, unos sobrinos, un hermano, (pero) aquí no se asoman (…) estoy solito. Sólo con Dios estoy aquí”, dice José Ángel, asomando el rostro a través de las frías rejas del área de cocina del SPR de Waswalí. Y añade: “Yo quisiera salir (…) me gustaría ir a trabajar”.

En las incomodidades de la prisión, José Ángel reconoce que ha entablado amistad con otros reos, quienes le han tomado cariño y contrastando su segundo nombre le llaman “La Sombra” o “La Sombrita”.

POR ASESINATO ATROZ

Pero José Ángel sabe que apenas ha cumplido con la tercera parte de su condena: 30 años de prisión, sanción que le fue impuesta en un Juzgado de Distrito Penal de Jinotega por el delito de asesinato atroz en perjuicio de Cresencio González Rizo, quien fue decapitado a machetazos en mayo de 1997.

Según registros del SPR, el suceso ocurrió en la comarca La Laguna, jurisdicción de Pueblo Nuevo, Jinotega.

“Era amigo mío (la víctima), pero al aparecer muerto me lo echaron a mí”, dice José Ángel, explicando que “fue en el Valle donde vivía yo, en La Laguna. Yo andaba paseando con él porque éramos amigos, pero se pone a beber guaro (licor) y le digo: ‘vámonos, vámonos’, pero se me embola (embriaga) y me dice: ‘déjeme aquí’, en la carretera, y allí se quedó”.

Añade: “Me fui a la posada donde dormía yo, pero después él apareció muerto (y) como sólo yo anduve con él, entonces me lo echaron a mí (…) y aquí estoy, en mayo ajusto 10 años aquí”.

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