(LA PRENSA/ARCHIVO)

“Conciliar crecimiento y justicia, el gran desafío”

El analista y filósofo expone las causas de la victoria demócrata en Estados Unidos, sus consecuencias, y también ofrece su interpretación del auge de la izquierda en el continente: una respuesta a lo que llama “el fracaso” del neoliberalismo económico Alejandro Serrano Caldera, analista ¿Cuál es su lectura personal de la victoria de los demócratas […]

  • El analista y filósofo expone las causas de la victoria demócrata en Estados Unidos, sus consecuencias, y también ofrece su interpretación del auge de la izquierda en el continente: una respuesta a lo que llama “el fracaso” del neoliberalismo económico

Alejandro Serrano Caldera, analista

¿Cuál es su lectura personal de la victoria de los demócratas en EE.UU., que ganaron ambas cámaras del Congreso?

Fue una victoria contundente de los demócratas, sobre todo en la Cámara de Representantes (baja), pero también ganaron el Senado y varias gobernaturas.

Me parece que la causa principal de este resultado es el tema de Irak. Esta elección se transformó en una especie de plebiscito, uno que pierde el gobierno y que el presidente (George W.) Bush calificó de una gran “paliza”.

Irak fue el punto medular. Ciertos actos de corrupción también afectaron a los republicanos. Pero sobre todo la percepción del pueblo americano sobre la guerra en Irak ya no es la misma que tenía hace tres años, donde veían una lucha necesaria contra el terrorismo internacional.

Varias cosas han incidido. Una, que las justificaciones que da el Presidente para declarar la guerra a Irak no se comprobaron nunca.

Ni aparecieron las tales armas de destrucción masiva ni hubo pruebas de que Saddam Hussein tuviera vínculos con Al Qaeda…

Ni las armas ni los vínculos con Al Qaeda. Entonces ese hecho que tal vez de inmediato no surtió el impacto que podría esperarse fue calando lentamente en la conciencia del pueblo americano. Además de eso vieron en la guerra un embotellamiento y un callejón sin salida que de alguna manera transformaba, guardando las distancias, a Irak en el Vietnam del siglo XXI para los Estados Unidos.

Entonces, sin que se comprueben las razones que se dieron y sin que se le vea salida, más bien se ve un deterioro constante, un incremento de las acciones terroristas. El pueblo norteamericano no ve en esto cuál puede ser el beneficio para él con la guerra en Irak. La víctima de esto fue el ministro de Defensa Donald Rumsfeld, removido de su cargo.

El otro caso es el del senador republicano Mark Foley, que fue acusado de (acoso sexual a menores de edad) y esto afectó también.

Y luego hay un factor un tanto más lejano y es que los republicanos tenían el control del Congreso desde hace ya mucho tiempo (1994). Entonces, por una ley casi natural debía pensarse en una próxima renovación.

Pero básicamente centraría la causa principal en el tema de Irak.

Hay dificultades objetivas para una retirada de Irak. Una salida precipitada sería peligrosa para todo el mundo. ¿Cree que ahora hay mejores oportunidades para un acuerdo bipartidista para una salida ordenada?

Es posible, porque evidentemente los republicanos no pueden cambiar de la noche a la mañana, por una razón simplemente electoral, por muy importante que ésta sea, la línea política que tienen. El problema es que en ningún momento se planteó la posibilidad de una retirada progresiva o de que se iba a estudiar un plan estratégico, sino que se mantuvo una posición cerrada de que las cosas, así como están, es como deben estar.

Con el triunfo demócrata estimo que podrían reconsiderarse los puntos de vista. Y podría pensarse en la posibilidad de un retiro paulatino, consensuado entre los dos partidos y el gobierno de Irak. Pero ésta es una mera hipótesis mía. Sobre todo, la situación actual no lleva a algún lado.

Si ésta estuviera produciendo efectos que el pueblo de EE.UU. percibiese como beneficiosos, pienso que habría un argumento a favor de los republicanos para tratar de mantener su tesis.

Pero cuando hay un embotellamiento y donde cada soldado americano que muere cada día pesa más que el anterior (…) llega en la conciencia colectiva un momento de saturación y la sociedad no quiere seguir viendo las consecuencias de la guerra, las muertes de jóvenes. (…) (Esto) puede producir efectos en las presidenciales de 2008.

Un retiro exabrupto es también una debacle desde el punto de vista político también para el gobierno que puso a los soldados allá.

La opinión pública va a ser determinante aquí como lo fue en el caso de Vietnam. Y ya las encuestas dan claramente un rechazo a la guerra en Irak. Ningún gobierno puede actuar con una opinión en contra porque su acción pierde legitimidad.

¿El mundo y EE.UU. son más seguros ahora con la guerra en Irak? Era una de las tesis de Bush.

El mundo no es más seguro, la inseguridad más bien ha crecido.

La presencia militar en un país nunca es lo suficientemente grande como para poder controlar las acciones clandestinas terroristas que allí puedan surgir. Más bien lo que se va incrementando es el desarrollo de este tipo de acciones, ya que una guerra convencional no es posible ni una resistencia tan abierta.

Diría que ni el mundo es más seguro ni la guerra en Irak ha significado una garantía contra el terrorismo, sino que más bien se ha incrementado la inseguridad, sin que se vea una salida aceptable para EE.UU. por otro lado.

¿Podemos esperar cambios importantes en la política hacia América Latina con un Congreso demócrata?

Creo que sí, creo que es posible que con los demócratas en el poder haya una reconsideración sobre la estrategia en América Latina, sobre todo si se llega a pensar en apagar el fuego de Irak.

El interés por América Latina tiene que resurgir como una reflexión seria y mesurada, sobre todo porque en América Latina se ha producido la toma del poder de las izquierdas de diferentes naturalezas y diferentes posiciones, porque no es un fenómeno homogéneo.

No es el mismo el caso de Tabaré Vázquez que el de Hugo Chávez, ni es lo mismo Evo Morales que Lula, ni es la misma posición de Fidel Castro que la de Néstor Kirchner o Michelle Bachelet.

Pero sí creo que hay un indicador. Un dato que no se puede tomar de manera radical, pero sí hay una advertencia en América Latina, donde se está diciendo: las políticas neoliberales han fracasado.

Más bien la línea general —que no es la línea del socialismo radical de Castro, Chávez y Morales— que de alguna forma ha avanzado es la línea más cercana a una socialdemocracia, más cercana a la idea del Estado Social de Derecho, a la Economía Social de Mercado, como podría ser la izquierda de Lula, Vázquez, Kirchner, de Bachelet.

Una izquierda moderada pero que indudablemente, pone como eje fundamental de desarrollo la política social, contraria a las tesis neoliberales que excluyen la política social y priorizan los ajustes macroeconómicos y los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional porque sin esos no se abre la inversión.

Lo que quiero señalar es que hay dos tesis fundamentales que están coexistiendo de alguna manera en el continente.

La tesis neoliberal, de un monoteísmo de mercado, donde el mercado lo es todo, el Estado es un simple facilitador; el tema social no tiene que ser objeto de una planificación ni de políticas estratégicas sino que se irá resolviendo en la medida que el crecimiento económico vaya produciendo la teoría del derrame desde las cúpulas hasta las bases…

La “mano invisible del mercado” de Smith.

La “mano invisible del mercado” de Adam Smith (autor de La Riqueza de las Naciones, un clásico de la economía política inglesa del siglo XVIII).

En realidad lo que ha ocurrido es que la brecha social entre ricos y pobres se ha profundizado, entre los salarios máximos y los salarios mínimos. El problema del empleo no se ha resuelto, más bien se ha agravado; los grandes problemas de la salud, de la educación, de la vivienda, del combate a la pobreza, están latentes y que no se han resuelto, más bien hay un marcado deterioro a raíz de la aplicación de las políticas neoliberales.

Hay un neoliberalismo que ha fracasado en lo social aunque ha contribuido ciertamente a la estabilidad macroeconómica, lo cual hay que señalarlo, porque no se puede hacer un discurso populista, sino hablar de políticas (sociales) lógicas, coherentes que prioricen los campos abandonados por el neoliberalismo.

Claro, sin dejar la responsabilidad macroeconómica.

Sí, y ese es el gran desafío de la izquierda latinoamericana. Cómo va a conciliar los acuerdos con el FMI que son imprescindibles para la inversión, para las políticas sociales, con el desarrollo de esas políticas sociales.

Aquí lo que se abre es una negociación más profunda, más rigurosa de los países para convencer a los negociadores del FMI, de los organismos multilaterales financieros, de la necesidad que existe de enfatizar en políticas sociales como políticas estratégicas.

Porque ni siquiera las políticas económicas que pretende (el FMI) desde un punto de vista de la macroeconomía, pueden aplicarse para dar el subsiguiente paso en una sociedad totalmente empobrecida, marginalizada, sin educación, sin salud, desempleada.

Aún desde el mismo punto de vista económico —y yo creo que eso lo están comprendiendo— se vuelve una necesidad complementaria, aunque no lo hagan por una razón necesariamente ética o de justicia social (…), imprescindible para que las propias políticas económicas de saneamiento de las finanzas, del gasto público, de la inflación, tec., puedan realizarse.

Cómo hacer que una cosa no excluya a la otra; ese es el desafío del dirigente contemporáneo que quiere realmente fundar una izquierda sensata. Que se preocupe por la justicia social pero que sepa que no habrá ésta sin crecimiento económico.

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