Los restos mortales del padre Pablo Augusto Cisne recibieron ayer el último adiós de parte de la feligresía jinotegana. (la prensa/s.gonzález)

Jinotega de luto por fallecimiento del padre Tito

Corresponsal/Jinotega A las 8:30 p.m., el pasado domingo 12 de noviembre, la fatalidad tocó a la puerta de la vida del sacerdote Pablo Augusto Cisne, mejor conocido como el “padre Tito”, quien falleció en el Hospital Victoria Mota, de esta ciudad de Jinotega, dejando enlutada a la feligresía católica y al clero de esta Diócesis. […]

Corresponsal/Jinotega

A las 8:30 p.m., el pasado domingo 12 de noviembre, la fatalidad tocó a la puerta de la vida del sacerdote Pablo Augusto Cisne, mejor conocido como el “padre Tito”, quien falleció en el Hospital Victoria Mota, de esta ciudad de Jinotega, dejando enlutada a la feligresía católica y al clero de esta Diócesis.

Este martes las campanas sonaron anunciando la despedida de este gran religioso y después de una emotiva eucaristía de cuerpo presente en la iglesia Catedral San Juan, los restos mortales del cura fueron llevados en hombros por miembros de la Policía Nacional de Jinotega hasta el Santuario del Señor de Esquipulas, donde fue sepultado en la parte izquierda del altar de este templo.

El sacerdote era originario de Matagalpa, pero honrando su última voluntad se decidió que su cuerpo fuera sepultado en el santuario, una de sus obras que dejó durante su vida sacerdotal y donde hace tres semanas celebró su última eucaristía, pese a su delicado estado de salud.

SOBRE EL PADRE TITO

Este sacerdote, de 71 años, venía padeciendo desde hace mucho tiempo de cirrosis hepática, y murió tras permanecer dos días hospitalizado a causa de un infarto fulminante, según reveló el padre Rafael Ríos, uno de los sacerdotes que más ha llorado su muerte.

El padre Tito se distinguía por su vestimenta color negro que lucía a diario y por haber llevado a los creyentes del Señor de Esquipulas un templo dedicado a este Santo tan milagroso, evitando que los fieles creyentes fueran hasta El Sauce para pagar sus deudas.

El presbítero Rafael Ríos, conmocionado por tan irreparable pérdida, dijo que hay que recordar al padre Cisne con mucha alegría y como un servidor de Dios.

Desde que llegó a Jinotega, en 1971, el padre Tito lo hizo para quedarse y desde ese entonces emprendió una vida bastante dura, porque le asignaron atender una parroquia ubicada en Terrabona, Matagalpa, según cuentan sacerdotes que lo conocieron.

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