- Implantarse pechos de silicona para lucir bien y gustarle a los narcos es el sueño de Catalina, personaje principal de esta novela colombiana
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ESPECIAL DESDE COLOMBIA
La historia de Catalina, una niña pobre que se obsesiona por incrustarse dos bolas de silicona en el pecho para agrandar sus bustos y así conquistar a mafiosos de su pueblo que le aseguren una vida de placeres y lujos, es la trama de la telenovela colombiana Sin tetas no hay paraíso, que muy pronto se verá en Nicaragua.
La teleserie de 23 capítulos transmitida en horario para adultos, cautivó a los colombianos. Después de las nueve y media de la noche pueblos enteros de ese país se paralizaban frente a las pantallas de sus televisores para ver la telenovela que muestra un fenómeno que se gestó en Colombia durante la época del narcotráfico, en los ochenta y noventa.
La historia, basada en la novela homónima de Gustavo Bolívar, deja ver cómo mujeres jóvenes de pueblos y barriadas se prostituyen con el afán de lograr una mejoría económica en su vida.
A Catalina, el personaje central, de sólo 17 años, no le gusta estudiar. Como sus amigas del barrio, lo único que quiere es vestirse bien y lucir un cuerpo voluptuoso y esbelto que le permita ser la novia del capo más acaudalado.
Pero Catalina tiene un inconveniente para ser de todo el gusto de los narcos: sus pechos son muy pequeños. Por eso, su propósito será conseguir dinero a costillas de su cuerpo para hacerse la cirugía de pechos —la mamoplastia— que la vuelva más atractiva para los mafiosos, y le asegure, supuestamente, la felicidad. Su obsesión la sumerge en un juego perverso y sórdido en el que se mezclan sentimientos: ingenuidad, amor, crueldad y engaños.
Bolívar, que escribió el guión para televisión, dice que desde Betty la fea, no se había transmitido una telenovela con un rating de audiencia semejante.
Dada la mezcla de prostitución, siliconas y narcotráfico, las críticas no se hicieron esperar. Durante los casi tres meses en que se transmitió, la telenovela estuvo acompañada de polémica en las radios y en los espacios de opinión, donde columnistas y pobladores cuestionaron los valores que la teleserie transmitía.
Tanto Bolívar como Luis Alberto Restrepo, director de esta producción y de otras como La Costeña y El Cachaco, coinciden en que Sin tetas no hay paraíso refleja la realidad de la “plata fácil” que en Colombia estuvo alentada por el narcotráfico.
“Es una herencia que nos dejó el narcotráfico. La gente se quiere enriquecer con el menor esfuerzo y a la mayor brevedad”, dice Bolívar.
Restrepo, quien ha dirigido otras producciones de Caracol vistas en Nicaragua como Lolita y La Costeña y El Cachaco, considera que esa es una realidad que no se puede ocultar, y que por el contrario mostrándola a la sociedad tal cual es que se pueden hallar soluciones.
A pesar que Catalina es un personaje lleno de contradicciones, que quiere al novio pobre, pero que igual se deslumbra con la ropa lujosa de sus amigas y sueña con tener senos enormes para gustarle a los narcos, su intérprete, la actriz María Adelaida Puertas, dice que nunca se sometería a cirugías plásticas, a menos que lo amerite por salud.
Puertas, que con este personaje logra su primer protagónico en televisión, está a favor de la belleza natural de las personas, no por la belleza en serie y prefabricada que está en boga no sólo en Colombia, sino en todas partes. Una falacia que al final este culebrón desmonta con la moraleja de que “Sin tetas sí hay paraíso”. Para eso habrá que verla.