Querido padre Alberto:
Hace 30 años, mi hermana mayor y yo nos dejamos de hablar.
Tuvimos una discusión en una fiesta familiar que fue tan fuerte, que produjo una ruptura emocional entre las dos.
Lo que me hizo no tiene perdón de Dios. Ciertamente, yo no creo poder perdonarla.
Mi hermana es una mujer muy sensual. Aunque tiene cinco años más que yo, siempre ha sido la más atractiva, la más “sexy” y la que más llama la atención a los hombres dentro y fuera de nuestra familia. La naturaleza le dio todo lo que una mujer atractiva debe tener: curvas, personalidad, etc.
Para no cansarlo, le cuento la historia. Una Nochebuena mi hermana fue a la fiesta familiar vestida de una manera muy llamativa. Ella sabía que provocaba sin necesidad de escotes o faldas cortas, pero esto no le impidió hacerlo en esta ocasión. Aunque eso fue cuando ella tenía 25 años y yo 20, todavía me acuerdo como si fuera hoy. Encontré a mi esposo (que sólo teníamos seis meses de casados) con ella en una habitación en la casa de nuestros padres. No estaban haciendo nada cuando yo los vi, pero cuando la confronté mi hermana no me negó que algo ocurrió entre ellos esa noche. Mi esposo se limitó a decirme que estaba loca y que soy celosa. Eso me lo ha dicho toda la vida.
En resumen, mi hermana y yo nunca más nos reunimos. Sus hijos crecieron sin los míos, aunque ellos mismos se acercaron y ahora son amigos. Ella y yo somos las únicas separadas de la familia. Yo no la puedo perdonar y no confío en ella.
Últimamente me he acercado a Dios a través de un retiro espiritual muy fuerte. En ese retiro me hicieron pararme ante una pared —un muro—. Allí me di cuenta que el “muro” más grande en mi vida es no saber perdonar a mi hermana.
Padre, ahora me siento culpable. ¿Qué puedo hacer para sacar este sentimiento tan negativo de mi corazón?
Anónima, una hermana alejada y resentida
Estimada Anónima:
En mi opinión, no hay nada que haga más daño a nivel emocional y espiritual que no saber perdonar. El resentimiento y el guardar rencores por mucho tiempo son como un cáncer que nos come por dentro.
Una de las condiciones de una buena relación es creer en el ser querido y aprender a confiar en él. Si no confiabas en tu esposo, ¿por qué te casaste con él? Si tu hermana era capaz de ser tan imprudente y agresiva ¿por qué no trataste de aclarar la situación en todos estos años? Me imagino que es más fácil decirlo o cuestionarlo que ponerlo en práctica.
A Jesús le preguntaron, “'¿cuántas veces debemos perdonar, siete veces?” El Señor contestó: “No siete veces, 70 veces siete”. Una gran lección. Dios nos perdona siempre y nosotros tenemos que aprender a imitarlo. De nuevo, es mucho más fácil decirlo, que practicarlo.
Al final, la verdadera víctima de lo que ocurrió entre tu esposo y tu hermana esa noche has sido tú. No tanto por lo que pudo o no haber sido una infidelidad, sino por los años que han pasado sin tú poder perdonar. A tu hermana la debes perdonar, no porque han pasado 30 años, sino porque el amor de Dios es más grande que cualquier mal que ella te pudo haber causado. El que se reconoce amado y perdonado por Dios debe saber perdonar.
Un abrazo,
Padre Alberto
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Rev. Padre Alberto Cutié
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